Guión teatral para cinco mujeres

Parte 9 de la obra de teatro ENTRE MUJERES, las partes anteriores las puedes encontrar:

Parte 1
Parte2
Parte3
Parte4
Parte5
Parte6
Parte7
Parte8

Elena: no me parecen errores desagradables.
Amelia: depende, si me enamoro de un hombre, me caso con otro y ahora estoy enamorada de un tercero... ustedes entenderán que la cosa se me complica un poco ¿verdad? Saben, lo que sucede es que yo nunca he logrado que mi amor y mi marido coincidan.
Elena: ¿y por qué te casaste con él?
Amelia: ¡oila! pues porque el que se casó conmigo fue él, yo solamente me limité a permitirlo.
Luisa: permitir que un hombre se acueste contigo es razonable, pero seguir con él eso es una penalidad innecesaria.
Amelia: no, lo que pasa es que nosotras nos casamos con dos hombres distintos.
Luisa: eso sería fantástico.
Amelia: sí mira: el primero que es una delicia, un cielo y el que surge después un tal por cual que te obliga a mandar a los dos derechito a la chingada. Ahora acaba de surgir un amor desesperado, así a segundas vistas. Hace ya como... híjole, ni me acuerdo, 8 o 9 días que no le hablo a mi marido, pero lo primero que le pienso decir es que acabo de consultar con un abogado íntimo amigo mío, que soy yo, y me acabo de aconsejar poner la demanda de divorcio. Después de 12 años de matrimonio se acabó, finiquito. 
Hortencia: ¡tu marido descubrió que se te cayeron las tetas!
Carlota: Amelia, mencionaste tres errores porque no nos cuentas algo del tercero.
Amelia: pero eso no tiene ninguna importancia Carlota es mi primer adulterio prolongado. Nos estamos viendo en forma clandestina desde hace un año, porque él también es casado, por cierto la última vez que lo vi me dijo "no soporto que regreses al lado de tu marido, abandónalo y huyamos juntos". Yo le dije que estaba bien, qué cuándo hablaba con su mujer. El muy cínico me contesto " aaa aaa", claro eso se oye muy bonito en la cama y bebiendo whisky, pero después me llamó y me dijo que lo estaba pensando y...
Elena: etcétera, etcétera.
Luisa: otro igual.
Amelia: voy a pedir el divorcio y me acabo de separar del hombre por el cual voy a pedir ese divorcio ¡Ay Dios mío! ¿qué es lo que está pasando, en dónde están el amor, la confianza, la amistad?
Luisa: el amor en cualquier cama, la confianza en tus depósitos bancarios y la amistad en el desconocido que te acaban de presentar. Amelia a los 24 años de edad descubrí que no había otra cosa, nuestro brindis del colegio era exacto: sexo, luyo y cachondeo.
Amelia: lo que pasa es que cada día nos parecemos más a los hombres. Trabajamos, damos dinero, es más actuamos como ellos. Ahora si vemos a alguien que nos gusta se lo decimos en seguida.
Carlota: pero el ser como ellos también tiene sus ventajas, podemos llegar a ser presidentes.
Luisa: no, yo prefiero que los presidentes sigan siendo los hombres así te puedes acostar con ellos. Y es que los agarras así (seña de estar tocando los testículos) y sientes que tienes toda la nación en tus manos, que voy a subir la gasolina (seña de que los jala) no la subes. 
Amelia: pues hay que jalarle más duro porque ya la subió.
Elena: ¿Amelia qué piensas hacer?
Amelia: ¡ay Elena! mi marido me lleva ventaja de 40 amantes contra tres.
Luisa: y apuesto a que tú intentas alcanzarlo.
Amelia: no, yo prefiero seguir soltera. Cuando me veo al espejo mi abogado, que soy yo, me dice "sigue adelante con la demanda de divorcio, quítale todo a tu marido y déjalo encuerado al cabrón.
Luisa: me encanta ver a los hombres así, encueraditos.
Carlota: y a mí me encanta el nivel intelectual que estamos alcanzando.
Luisa: cuando se habla de hombres no espero alcanzar un nivel intelectual.
Carlota: pues ya está visto que no tenemos nada que ver con ellos.
Hortencia: (cantando) brinca la tablita, yo ya la brinqué, bríncala de nuevo... Nos engañaron, nos dijeron que el mundo era un palacio maravilloso donde sólo podrían ocurrir cosas maravillosas ¡pinche mentira! Ellos no dijeron que por una buena cama y dinero venderíamos nuestra alma al diablo si la tuviéramos.
Elena: Hortencia por favor.
Hortencia: acúsome padre de tener pensamientos impuros, de no ser capaz de luchar contra las tentaciones mundanas.  ¡Dios! ¿por qué será tan difícil ser cómo yo quería? 
Carlota: ¿ya están satisfechas de lo que han conseguido?
Luisa: está hasta la madre.
Hortencia: déjame, ahora hablo yo. Ya lo hizo la abogada ahora es mi turno. Esposa y madre perfecta en un hogar perfecto ¡al carajo! 

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