Obra de teatro para cinco mujeres

¿Recuerdas la frase "Entre mujeres podemos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño? pues es de la obra de teatro ENTRE MUJERES, de Santiago Moncada, este texto que te traigo es la adaptación que presentaron en México más o menos en 1995 o 1996, no estoy muy segura, yo estaba en la preparatoria y en el DF se presentaba, con gran éxito: Entre mujeres, con Macaria, Rosa Maria Bianchi, Nuria Bages, Raquel Olmedo y Silvia Mariscal. Recuerdo que también se presentaba la obra La Señora Presidenta en ese tiempo. Pues entre mis estantes apareció, bueno no apareció, encontré el texto completo de ENTRE MUJERES, obra que nosotros presentamos en la Preparatoria 2. 
Éramos muy chicas y muchos de los chistes no los entendíamos, pero el público se divertía bastante con la obra. Participan, como ya dije, cinco mujeres, la obra se desarrolla en la casa de Elena, de escenografía puedes poner un sillón para dar idea de una sala y una puerta que simule una terraza.



Obra de teatro para cinco mujeres



ENTRE MUJERES

Acto I
La acción se desarrolla en la sala de la casa de Elena, decorada con buen gusto; entran Hortencia y Elena

Elena: ahí en la mesita en el rincón. (Elena sale de escena por la misma puerta por donde entró, que sería la que lleva al comedor)
Amelia: (voz en off) no seas hipócrita y confiesa, le vas a llamar a tu amante.
Luisa: (voz en off)  sí, pero ¿a cuál de todos?
Hortencia: a mi preferido y no van a lograr escandalizarme. Hola mi amor, ¿cómo estás?... yo quién va a ser ¿qué tienes muchas mujeres que te digan mi amor?... no, todavía me voy a quedar un rato es que hacía tanto que no nos veíamos.... no detesto hablar mal de la gente; no soy como Carlota que tiene una lengua de látigo; por cierto ahora anda por la vida sintiéndose la divina, arrojándonos migajas... (en off se escucha un canto: América inmortal, faro de luz, puente de libertad, américa inmortal, brillante luz que al mundo alumbrará, por siempre serás la salvación, América inmortal) ¿las oyes?... ¿Luisa? claro que vino... guapa, muy guapa, a base de operaciones seguramente... oye la que esta amoladísima es Amelia, tiene unas bolsas debajo de los ojos, sospecho que toma anfetaminas o algo peor... bueno, te dejo, vigila la llegada de Teresa y el niño, ya sabes, a la cama inmediatamente. 
(Entran Amelia y Carlota)
Amelia: Oigan ustedes no se vayan a demorar demasiado porque se hace tarde. 
Elena: No, ahorita venimos.
Carlota: ¿Te tienes que ir temprano Amelia?
Amelia: pues sí, como la cenicienta, a las 12 en punto.
Hortencia: (al teléfono) no me esperes levantado.
Carlota: es increíble que nos acordemos de esa canción con tanta exactitud. 
Amelia: ¡qué mala eres! pero ¿sabes qué era realmente maravilloso? nuestra juventud, lo que pensábamos, lo que hacíamos. 
Carlota: nuestras ilusiones.
Amelia: yo ya las he perdido completamente.
Hortencia: bueno, te dejo, besitos (cuelga)
Amelia: y cuéntanos Hortencia ¿cómo está tu amante?
Hortencia: bien, muy bien. Saben, ahorita que las estaba escuchando cantar me acordé de cuando estábamos en el colegio con nuestros uniformes y la manera en que nos miraban los hombres.
Carlota: las colegialas siempre han sido una atracción para los hombres maduros.
Hortencia: Sí, cuando íbamos de gira por la calle los hombres nos miraban de una manera demoníaca...
Amelia: pero a nosotras nos encantaba, seamos sinceras.
Hortencia: pero era humillante.
Amelia: para mí lo humillante es que no te miren.
Carlota: los hombres se fijan en cualquier cosa con faldas.
Hortencia: yo me acuerdo de algo que me dijeron, íbamos al museo de ciencias, me dijeron... me da vergüenza decirlo.  
Amelia: Pero no es posible que tenga tantos años de casada y todavía la avergüence decir algo y la sonroje.
Hortencia: me dijeron ¡adiós bizcochito!
Carlota: que masculino.
Amelia: pero exacto.
Hortencia: oyeme no. Yo nunca me he sentido así.
Amelia: pues yo sí, una vez a la semana por lo menos sí, relaja muchísimo.
(Entran Luisa y Elena con una botella de champan y copas)
Elena: ¡por las panteras del 64!
Luisa: nuestra anfitriona propone que brindemos por los viejos tiempos recientísimos.
Elena: Avignón, reserva del 68. Debo confesar que guardaba esta botella para una noche loca.
Hortencia: con tu marido supongo.
Elena: eso es mucho suponer.
Amelia: una noche loca con un marido ¡por Dios!
Luisa: ¿por qué no? yo he pasado noches maravillosas con bastantes marido y suelen portarse muy bien. 
Hortencia: ¡qué cínicas son! no han cambiado nada.
Carlota: ¿qué pasa, no la puedes abrir?
Amelia: para situaciones como ésta deberíamos tener un marido guardado en el closét.
Elena: ni para esto, a ver, tomen las copas.
Carlota: Hortencia.
Hortencia: para mí no, gracias, nunca bebo.
Elena: esta noche sí vas a beber.
Hortencia: es que me cae mal, me marea.
Elena: no importa.
Hortencia: es que el champagne me da dolor de cabeza.
Luisa: tu marido te hace feliz y el champagne te da dolor de cabeza, ¡qué extravagante eres mamacita!
Hortencia: no soy extravagante, soy honesta.

Como la obra es larga, dura dos horas, voy a subirla por partes y en diferentes post para que no se haga muy extensa la lectura. Así que continúa aquí.

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