Just another free Blogger theme

visita

Blogger templates

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Con la tecnología de Blogger.

Los mejores libros

Social Icons

Blog Archive

Followers

Blog Archive

Featured Posts

Hace unos minutos me enteré de la muerte de Gabriel García Márquez, tengo un nudo en la garganta y muchas ganas de llorar. Parece absurdo derramar lágrimas por alguien que no conociste, por alguien que solo intuiste a través de sus historias... sus hermosas historias.

Leí 100 años de soledad casi obligada por mi papá cuando tenía 14 años de edad, después de la primera página lamenté no haber leído ese libro antes. Mi papá me sugirió durante dos años que leyera esa historia y yo, adolescente al fin, me negaba rotundamente.

Recuerdo esas primeras frases que me descubrieron un mundo nuevo, recuerdo la agonía de tener que dejar el libro para ir a la escuela, recuerdo la ansiedad por conocer el destino de los Buendía y recuerdo el despertar sexual y el cosquilleo en el pubis al leer los encuentros apasionados entre... si ya lo leíste sabes a qué me refiero, pero como a este blog llegan lectores nóveles no voy a arruinar el momento contando más sobre la historia.

Después de leer 100 años de soledad me sumergí en el mundo de García Márquez, ante mis ojos desfilaron: El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, Isabel viendo llover en Macondo, La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada... el último que leí fue Memorias de mis putas tristes.

Y ahora Gabo no está más para deleitarnos con esas historias, con ese lenguaje, con esa capacidad de poner en palabras lo que muchos pensamos, pero no sabemos cómo decir.

Los genios no deberían morir.

Quedamos los simples mortales, disfrutaremos tus historias una y otra vez. Llegarán nuevas generaciones de lectores que se asombrarán ante el deseo del coronel de recibir una carta ¿una carta? pero si la inmediatez de Internet lo resuelve todo... llegarán nuevas generaciones de lectores que no sospechan la existencia de un mundo sin teléfonos móviles, sin electricidad, sin hielo... y esos lectores también se enamorarán de sus personajes, también querrán conocer Macondo, también sufrirán por las desventuras de los enamorados, también se darán cuenta que las emociones no cambian con el tiempo y que sólo un genio puede expresar tanto en frases sencillas.

¡Gracias Gabo!


HOMENAJE


El vaso con whisky permanecía sobre la barra, retador, descarado, seductor. Yo admiraba la mancha de carmín en el borde y me imaginaba el sabor de esos carnosos labios.


Ella se contoneaba a mitad de la pista. Una gota de sudor se deslizó por su escote, su piel brillaba bajo las luces. Mi erección fue instantánea, quería poseerla ahí mismo, bajo la mirada de todos los presentes. Imaginé mis manos bajo su falda, acariciando sus muslos.


-¿Le sirvo otra copa? -me preguntó el mesero.


-No, gracias. Así estoy bien.


Ella llegó a mi lado, tomó el vaso con una mano temblorosa, me sonrió.


-Deja de mirarme de esa manera -me dijo-. Regresa a tu casa y olvidemos todo.


-¿Olvidar que conocí a la mujer más espectacular del mundo? Imposible, te recordaría incluso si tuviera amnesia. Puedo olvidar todo, menos tu rostro, tu cuerpo, tu manera de moverte. Si fuera un poco más decente te diría que te quiero hacer el amor aquí mismo, sobre la barra de este mugroso bar que hoy se engalana con tu presencia. Pero la decencia y yo nunca nos hemos llevado bien, así que mejor cierro la boca, para evitar que las palabras me traicionen.

-Las palabras siempre te han traicionado. Sobre todo las que pones en papel, pero te engañas corazón, eres más romántico que cualquiera, por eso me gustas.

-Guapa e inteligente ¿de que planeta saliste?

-De ninguno, deambulo por este desde hace millones de años. Y por más que te evite siempre termino aquí, contigo.

-No termines aquí, mejor terminamos juntos.

Se acercó a mi, la tomé por la cintura, una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo y cuando me besó mi mente se puso en blanco.

Desperté a la mañana siguiente con una resaca de whisky, ron, vodka y tequila, cosa extraña porque sé que no había tomado más que una copa de alcohol. Era ella la que me había embriagado con su sexo, con sus manos, con su lengua...

El ruido de la regadera era una invitación a seguir disfrutando la lujuria de su carne. Me paré y abrí la puerta del baño. La vi y no pude contener la arcada que surgió de mi estómago. Lo peor fue cuando me sonrió con esa boca descarnada.

-Dijiste que me amarías siempre y voy a renunciar a todo. Es una locura, porque no sé cómo ser diferente a lo que soy. Tengo miedo. ¿Vivir es tener miedo?


Creo que advirtió mi mueca de asco cuando comprendí que ella era la muerte, mi señora muerte.

Creo que se sintió traicionada por ese segundo de duda que tuve al verla como de verdad es, creo que pensó que lo mío era calentura y no amor. Creo que por eso me mató. Creo que la vi convertida en gorrión, como aquella vez, creo que estas palabras las escribí en otra ocasión, creo que “el pico se abrio más y más, la cabeza del gorrión se acercó a mi y el resplandor sonoro del amarillo avanzó suavemente y me envolvió”.






Si necesitas una obra de teatro corta para dos hombres esta puede ser una opción: Última llamada de Ilya Cazés.

Obra de teatro corta para dos hombres

La acción transcurre en un escenario vacío, así que no requieres escenografía, el vestuario tampoco representa un problema. La historia trata de un actor que está a punto de dar una obra de teatro, pero, por un incidente, la compañía no llega a la función así que él y el tramoyista tienen que hacer frente a la situación porque "la función debe continuar". 

A continuación te dejo el comienzo de la historia, si te gusta puedes registrarte en la página Dramaturgia Mexicana para poder descargarla y leerla completa, son 29 páginas de texto. 

Obra de teatro corta para dos hombres

Última llamada
Pervertimiento metateatral
Ilya Cazés
PERSONAJES
HECTOR; actor viciado.
JAIME; tramoyista.
VOZ DEL DIRECTOR.
NOTA: Los textos entrecomillados corresponden a los parlamentos y didascalias que
los personajes leen en las hojas que van recibiendo.
Escenario vacío y obscuro. Las llamadas se darán con timbrazos de teléfono. A
lo largo de las llamadas, vemos a Jaime entrar y salir del escenario, conectando e
instalando un micrófono en proscenio, probándolo, etc. En la tercera llamada, entra
Héctor a escena. Se ilumina el escenario con luz de trabajo.
HECTOR: (Al público.) Muy buenas noches, señoras y señores. A nombre de la
compañía teatral de la que formo parte, quiero agradecer su asistencia esta noche, así
como su paciencia. (Pausa.) Ha pasado ya la hora en que estaba programada esta
función, y no he recibido instrucciones del director. Es decir, como podrán ver ustedes,
ni siquiera ha llegado la escenografía; mucho menos el resto de la compañía. Así es esto
de las giras… Uno nunca sabe. Yo llegué antes porque quedé de alcanzar aquí a mis
compañeros para la representación de hoy. Tuve que cumplir con otros compromisos…
Un encuentro entre gente de teatro, ya saben… Por cierto, estuvo muy interesante.
Estuvimos por allí ayer y anteayer, y fue realmente una experiencia muy grata…
(Pausa.) De manera que llegué aquí y me topé con que era el único. Hablé con una de
las secretarias de la administradora de este teatro, que me sugirió que esperáramos
porque ya estaba hecha la propaganda, los programas de mano, todo eso… Más tarde
llegó Jaime, nuestro tramoyista, el que clava la escenografía, pone las luces, checa que
todo esté en su lugar, en fin, todas esas cosas. Me comentó que se había adelantado a
esperar la escenografía, pero que lleva todo el día esperando aquí, y nada… (Pausa.) La
obra que les íbamos a presentar, “Papacito, pásame la sal de uvas”, es una comedia muy
divertida, apta para toda la familia, tiene mensaje y… Bueno (desplazándose por el
escenario.) la escenografía es muy espectacular, muy bonita. Aquí se supone que va una
sala, se supone que todo sucede en una sala… Aquí atrás, va un ventanal, con sus
2
cortinas. A un lado, la cantina, llena de botellas. Aquí, hay un retrato del dueño de la
casa… Muy grande… El retrato. De este lado, está una puerta, por la que entro yo, y…
Bueno, yo hago del galán… Se supone que yo ando pretendiendo a la hija de los señores
que viven en la casa, pero resulta que cuando aparece la mamá nos reconocemos porque
yo tuve un romance con ella, sí, con la mamá, un romance en Acapulco cuando éramos
más jóvenes, y ahí empieza todo el relajo, ya se imaginarán… Cuando yo veo el retrato,
el del señor, descubro que es el tipo con el que está saliendo mi mamá, y… Bueno, una
de enredos que… (Risa forzada. Pausa.) Ehhh… Nuestra compañía se distingue,
modestia aparte, por su profesionalismo. Tenemos muchas consignas: actuar aunque
solo haya una persona en el público, empezar siempre puntuales, el show debe
continuar, ustedes saben… Por eso, Jaime y yo pensamos que no había que suspender
hasta el último momento, pero lamentablemente…
Suena el teléfono de la oficina del teatro, fuera del escenario. Se escucha una
voz en el aparato.
VOZ: Está usted llamando al Teatro (aquí el nombre del teatro en que realmente se lleva
a cabo la función.). Por ahora no podemos atender su llamado; sin desea enviar un fax,
puede hacerlo en este momento. Si prefiere dejar un mensaje, espere a que suene la
señal; muchas gracias.
Suena una señal: timbre agudo y breve.
VOZ DEL DIRECTOR: ¿Jaime? ¿Héctor? ¿Andan por ahí? No suspendan. Por ningún
motivo suspendan la función. Estamos atorados a unos cincuenta kilómetros, se… Se
descompuso el camión. Bueno, más bien chocamos con la camioneta en que iba la
escenografía, y… O sea, la cosa es que estamos atorados, no sé si me explico. Okéi, lo
importante, es que aquí está Diego, este… Háblenle un poco al público de Diego, ¿no?
Bueno, se le ocurrió una idea sensacional: les va a escribir una obra en este momento, y
se las vamos mandando por fax, en lo que llegamos. ¿Cómo ves? ¿Héctor?
Conociéndote como te conozco, yo creo que sí sale, mano. ¡Ah!, y dile de pasada a
Jaime que te eche una mano, ¿no? Sí, ya sé que Jaime no es actor, pero estoy seguro que
con tu experiencia le puedes sacar algo bueno. El caso es que el público no se fastidie,
no sé si me explico. Okéi, les llamo al rato, no me fallen, ah, y pónganse buzos para
cuando llegue el fax, Hector. Este… No sé si se les ofrezca algo más, este…
La llamada se interrumpe, y se escucha el tono ocupado. Jaime se asoma.
JAIME: ¡Pa su madre!, ¿oíste?
HECTOR: Todos oímos, jaimito, to-dos.
JAIME: ¿Y ora, qué?
HECTOR: Pues ya oíste, ¿no?
JAIME: Oye, oye, espérate… ¿qué?… ¿vas a actuar?
HECTOR: Vamos.
JAIME: ¿A dónde, güey?… ¡Nooo!, ni madres, yo no…



La obra de teatro corta para dos hombres completa y las especificaciones de los derechos de autor las encuentras en Dramaturgia Mexicana

¿Te sirvió la información? comparte esta entrada a través de tu red social favorita y deja tus comentarios.
Este es el guión de teatro completo para tres mujeres de la obra DIVORCIADAS, EVANGÉLICAS Y VEGETARIANAS. Lo puedes descargar  en la página de Celcit, pero aquí te pongo el inicio para que lo puedas leer y decidas si imprimirlo o no. Cuestiones de derecho de autor puedes verlas con Gustavo Ott, en este enlace vienen sus datos de contacto.

Guión de teatro completo para tres mujeres

DIVORCIADAS, EVANGÉLICAS Y VEGETARIANAS

Comedia para tres actrices


Gustavo Ott



Personajes
GLORIA
BEATRIZ
MECHE

“Divorciadas, Evangélicas y Vegetarianas” fue estrenada el 20 de octubre de 1989 por el grupo Textoteatro en la sala Horacio Peterson del Ateneo de Caracas. El elenco estuvo integrado por:
GLORIA:  Mariú Favaro
BEATRIZ: Beatriz Vázquez
MECHE:   Aminta de Lara
Escenografía y Vestuario: Giovanni Zebellini
Musicalización: Alfonso Ramírez
Dirección: Enrique Suárez


ESCENA 1

Andén de estación de metro.
Ruido de tren que se aleja. Viento.
En escena Beatriz, quien se mira las manos y camina de un lado a otro.
Se ve en un espejo. Pausa. Intenta llorar, pero se contiene. Se seca los ojos. Entra GLORIA,  cargando dos bolsas. Está furiosa.
GLORIA         GLORIA: Perro asqueroso. Maldito gusano peludo. Rata inmun­da de cañería, puerco sucio, serpiente. (A Beatriz.) ¿Te imaginas?
BEATRIZ: ¿Disculpa?
GLORIA: ¡Qué bolas tiene! Pero... ¡Qué bolas más grandes! Tiene las bolas como dos montañas. Así... ¡Qué bolas..! ¡Qué bolas! ¡Qué bolas tiene..!
BEATRIZ: ¿Quién?
GLORIA: Llega tarde, el hijo de puta. El hijo de puta llega tarde. Primero me pide que vaya al hotel, que me necesita en la cama. Y yo... Yo voy porque soy muy... Enton­ces viene y... viene y llega tarde. (Fuma.) ¡Qué bolas! ¡Llega tarde! Y, me dice que no voy a ir a la fiesta con él. (Camina a un lado rápidamente.) ¡A la fiesta! ¡Que no voy a la fiesta! (Vuelve violenta.) ¡Y ni siquiera esper6 que me quitara la ropa para decírmelo! ¿Entiendes?
BEATRIZ: Yo...
GLORIA: No, claro que no entiendes. No entiendes nada. ¡Qué vas a entender tú! (A un lado.) Quiere ir solo a una fiesta... ¿Ah? (A Beatriz.) ¿Pero, has oído alguna vez en tu vida alguna frase más imbécil que ésta? (No encuentra cigarrillos. Voz de hombre rata.) “Mi amor, es que necesito estar solo en la fiesta”. “Solo”. “Sólito”. (Alto.) ¡Con la otra idiota es que va a estar! (Beatriz le da un cigarrillo.) Gracias, no fumo. (Lo enciende. Fuma.). Son iguales... Igualitos todos. (Pausa. Respira.) Perdona todo esto... Pero es que estoy... (En tono normal.)Y tú… ¿cómo te llamas?
BEATRIZ: Beatriz.
GLORIA: Que bonito nombre. Yo Soy Gloria. ¡Hola! ¿Qué crees?
BEATRIZ: ¿De qué?
GLORIA: Que quiere ir solo. Dice que quiere ir solo. ¿Qué crees?
BEATRIZ: Que anda con otra...
GLORIA: Sí. Claro. Sin dudas. Por supuesto, evidentemente.
BEATRIZ: ¿Es tu marido?
GLORIA: No es nada, porque lo acabo de mandar al carajo. Que se busque otra idiota. Yo no soporto más.
BEATRIZ: No le hagas caso. Seguro que esta noche te llama...
GLORIA: No soy estúpida. No soy animal. Si me llama lo mando al infierno, Betsy, te juro...
BEATRIZ: Beatriz...
GLORIA: Porque no es la primera vez, Brunilda... No es la primera. Yo lo paso una vez, lo pasé la segunda. Pero ya van diez. Antonia...
BEATRIZ: Beatriz...
GLORIA:(Alto.) Beatriz, Beatriz, Beatriz... (A lo suyo.) ¡Diez veces, lo he contado, amiga, diez veces, con estos dedos que han de arañarle la cara hasta sacarle los testículos!
BEATRIZ: ¿Por la cara?
GLORIA: No me importa que sea difícil, pero... No me lo vuelve hacer. Ni que me invite a Ganímedes. Ni que me llame. Ni que me busque por... (De pronto recuerda algo.) ¡Los zapatos! (Saca de su bolso un par de zapatos rojos de tacón. Suspira.) ¡Menos mal! Como salí corriendo, pensé que los había dejado. Tengo la sensación de que he olvidado algo en alguna parte. ¿Qué te parecen?
BEATRIZ: Bellos. Con un vestido negro.
GLORIA: Exactamente.
BEATRIZ: Y unas medias de seda, gris claro. Los acabo de comprar.
GLORIA: Me los iba a poner en la fiesta...
BEATRIZ(Coge los zapatos. Nostálgica.) Para unos zapatos lo que sobran son fiestas. Tuve un tiempo en que no paraba de bailar...
GLORIA: ¡Y yo! Que no puedo ver un semáforo porque me creo en una discoteca. No paso un fin de semana en mí casa desde que tenía once años.
BEATRIZ: Pero lo bueno se quedó tan lejos, que uno termina por creer que no ha vivido.
GLORIA: Pero es que esta fiesta es especial. Se casa su hermano. Mi cuñadito. Tengo semanas buscando un vestido y unos zapatos fa­bulosos para ir a ese matrimonio... Si vieras el vestido. Abierto por aquí. (Señala el busto, muy exagerada la Gloria.) To­dos me iban a mirar.
BEATRIZ: Mirar qué. Si ya estaba todo mostrado.
GLORIA: Y yo de negro, negrísimo.
BEATRIZ: Ve sola.
GLORIA: Si pudiera...
BEATRIZ: ¿No conoces al novio?
GLORIA: Claro que sí. Fue mío primero.
BEATRIZ: ¿Entonces?
GLORIA: Lo que me indigna es que me vea cara de idiota.
BEATRIZ: No vayas.
GLORIA: Si no voy van a creer que estoy sufriendo. Y yo quiero que me vea como una estrella.
BEATRIZ: ¿Quién? ¿El hermano o él?
GLORIA: Los dos.
BEATRIZ: ¿Para qué?
GLORIA: Para que sepan de lo que se pierden.
BEATRIZ: Quizás por eso, tu novio no quiere que vayas, para que no veas a su hermano...
GLORIA: No es eso. Es por su esposa.
BEATRIZ: ¡Ah! (Molesta.) Tu novio es casado.
GLORIA: La mosquita muerta de su esposa, la serpientica de dos cabezas es la culpable. El no la quiere.
BEATRIZ: Claro que no la quiere, si anda contigo.
GLORIA: Eso digo yo.
BEATRIZ: Eso dicen todas.
GLORIA: No la quiere. Se casaron muy jóvenes.
BEATRIZ: Una se casa siempre joven...
GLORIA: ¿Eres casada?
BEATRIZ: Divorciada.
GLORIA: ¿Divorciada? ¡Ah! Bueno, todo el mundo se divorcia. Hasta mis pa­dres lo hicieron. Después de tantos años. No se soporta­ban.
BEATRIZ: Los míos siguen juntos, pero no se tienen afecto.
GLORIA: ¡Qué triste!
BEATRIZ: La costumbre, le dicen.
GLORIA: Eso es peor.
BEATRIZ: Peor es andar con un tipo casado.
GLORIA: Eso es distinto.
BEATRIZ: ¿Por qué es distinto?
GLORIA: Porque yo soy otra cosa para él. (Pausa.) Además, la serpiente es… Ella era muy bonita pero ahora, ahora es una vieja, regordeta, calva y llorona. Parece que tuviera cuarenta años.
BEATRIZ: Es que los hombres deterioran.
GLORIA: Y sólo lo tiene los fines de semana. El resto es mío.
BEATRIZ: …Olerle los orines. Por eso una engorda y se pone fea.
GLORIA(En lo suyo.) Seguro que mañana vuelve como un perrito faldero y me mira con esos ojos y me dice las cosas que él dice y una perdona. No es la primera vez. Tengo con­tada diez veces. No tres, ni cinco. Diez, Adelaida.
BEATRIZ: Beatriz.
GLORIA: Beatriz. Estoy más perdida que el hijo de Limbergh.
BEATRIZ: Esta bien. Sigue perdida.
GLORIA: Tenía mi noche arreglada. Pensé que la pasaríamos jun­tos. Que lo llevaría a comer y que terminaría disculpándose y dándome las gracias. Porque soy yo la que siem­pre paga. Ese cuando ve la cuenta, se revisa, pone cara de ángel, sonríe y pago yo. Ahora no sé qué hacer.
BEATRIZ: Cuando a mí me pasaba algo parecido, iba al cine. Quizás por eso he visto tantas películas románticas. Para perdonar.
GLORIA: Yo no. Yo quiero ver una de guerra y matones porque en vez de perdonar, prefiero masacrarlo.
BEATRIZ: Cuando veía una película que me gustaba, que era ro­mántica, que tenía mucho amor, juraba que era basada en un hecho real. Que esa historia era tan real como la vida misma. Que dos seres humanos pueden amarse así como en las películas, en cinemascope y con subtítulos: “Para siempre”.
GLORIA: Idioteces. Desde pequeña, mi papá me dijo que nada, que termine bien, puede ser verdad.
BEATRIZ: Que triste.
GLORIA: “Let it be”. (Recuerda.) ¡Hasta le había..! (Busca en la otra bolsa. Saca un cassette.) Mira, hasta le había comprado un regalo. Lo que más le gusta... Los Beatles.
BEATRIZ: ¿Los qué?
GLORIA: ¿No recuerdas a Los Beatles?
BEATRIZ: George, John...GLORIA: Paul y Ringo.
Cantan “Let it be”, un poco.                                                                                                     
BEATRIZ: ¿Cuántos años tienes?
GLORIA: Veintiocho. ¿Y tú?
BEATRIZ: Igual. Pero donde yo me crié, todo llegaba tarde. Si algo pasaba en el mundo, lo más probable era que nos enteráramos en los libros de historia universal de sexto grado. Cuando Los Beatles fueron un éxito en mi pueblo, yo ya era madre.
GLORIA: ¿Tienes niño?
BEATRIZ: Uno solo.
GLORIA: ¡Ay! Que cosa más mona. ¿Cuántos años tiene?
BEATRIZ: Ocho. Exactamente el tiempo que...
GLORIA: A mí me gustan los niños, pero de lejito. ¡Qué se yo! Dos veces por semana. Verlos una tarde en el parque, con su madre al lado, claro está. Y sin que se pongan llorones porque lo que me provoca es torcerles la boca de una sola cachetada.
BEATRIZ: Lo mismo pensaba yo hasta que salí encinta y tuve que casarme.
GLORIA: ¿Te casaste por...?
BEATRIZ: ¿Por qué va a ser? Porque era soltera.
GLORIA: Yo no sé si tendría valor.
BEATRIZ: En mi pueblo, o tienes valor o no tienes vergüenza.
GLORIA: ¿De dónde eres?
BEATRIZ: Del sur.
GLORIA: Y viniste aquí a…
BEATRIZ: Vine a... (Pausa.) Vine a comprar.
GLORIA: Yo estuve toda la tarde comprando. Salí por unos zapa­tos y unas medias y al final me encontré gastando en una falda, blusa, zarcillos... Me quedé sin un céntimo.
BEATRIZ: Yo adoro comprar. Sobre todo cuando estoy deprimi­da.
GLORIA: Es lo único bueno que tiene esta ciudad, Raquel. Lo único. Las tiendas. Lo demás es contaminación, hombres rudos, groseros y con mal gusto. (Busca otro cigarrillo. Bea­triz le ofrece.) Aquí los hombres son indeseables. No les gusta hacer nada... No trabajan, no piensan, no... No saben hacerte... (Reci­be el cigarrillo.) Menos mal que te encontré. Cuando ten­go problemas, prefiero a una tortuga que a un hombre a mi lado.
BEATRIZ: Gracias.
GLORIA: No me refiero a ti.
BEATRIZ: Te refieres a la tortuga.
GLORIA: ¿Cómo?
BEATRIZ: Nada. Déjalo así. Las pobres tortugas ya están en extinción. Bastante problemas tienen las bichas para que tu las metas en esta historia.
GLORIA: Oye, no seas tan complicada.
BEATRIZ: Está bien.
GLORIA: Detesto a la gente complicada. Sobre todo entre mujeres porque con ellos, uno entiende que necesiten actuar. (Tira el cigarrillo.) Yo sé que hablo mucho. Soy egoísta, si quieres, pero una... Bueno, me da la gana de serlo y ya está. ¡Estoy harta de explicarme todo!
BEATRIZ: ¿Cuánto tiempo tienes con él?
GLORIA: Dos años. Desde un maldito 21 de marzo. Lo conocí a las seis de la mañana, en la montaña. Hacía ejercicios. ¿Has subido alguna vez?
BEATRIZ: No me gustan las montañas.
GLORIA: Ese día estaba con Meche. Una amiga. Mi amiga... Ella... ella es una retórica. Tiene cuarenta, pero si la vieras. Parece de mi edad. Trabaja en un cine, de linterna.
BEATRIZ: Ese trabajo siempre me gustó.
GLORIA: Pero ella dice que es una mierda.
BEATRIZ: Puedes ver todas las películas.
GLORIA: Mi amiga es medio monja. La verdad es que no recuerdo a qué religión pertenece. Algo espiritista, masón, israelita... brujerías de esas. Ese día, cuando conocí a mi novio, la muy terca me discutía que era impo­sible la vida en otros planetas.
BEATRIZ: ¿Y tú?
GLORIA: Por favor... Yo estoy absolutamente segura.
BEATRIZ: Aún no han encontrado nada.
GLORIA: Porque no saben buscar. Pero yo sé... Yo sé.
BEATRIZ: ¿Qué sabes?
GLORIA(Semi-secreto.) Que hay marcianos y platillos y esas cosas.
BEATRIZ: Pareces muy segura.
GLORIA: Tengo pruebas. (Beatriz la mira.) El universo tiene vida. En otras galaxias. Y si no los han visto todavía es porque ellos no quieren.
BEATRIZ: Uno no puede saber.
GLORIA: Yo he tenido contactos cercanos.
BEATRIZ: ¿Has visto extraterrestres?
GLORIA: Tan cerca como estás tú. Ellos se ríen de los cohetes ame­ricanos. Es más, los grandes genios de la ciencia y el arte son de otro planeta. Ganímedes.(En lo suyo.) En un viaje que hice con ellos vi su cultura.
BEATRIZ: ¡Te llevaron de viaje!
GLORIA: He visto los enjambres esféricos. La nebulosa galáctica. Ellos lo dominan todo y nosotros somos sus conejillos de Indias.
BEATRIZ: Entonces conmigo han estado haciendo experimentos.
GLORIA: Ese día le contaba todo esto a mi amiga la presbiteriana. Pero ella nada. Me hizo un rezo, un hechizo y entonces apareció él.
BEATRIZ: ¿Quién?
GLORIA: Mi novio.
BEATRIZ: ¿Caminaba por ahí?
GLORIA: No. Venía en un helicóptero. La unidad YV-225 de Ra­dio Sur. El se encargaba de decirle a la gente por dónde va el tráfico de la ciudad. El imbécil bajó y me despeinó toda. Así lo conocí. ¿No era como para enamorarse?
BEATRIZ: Llegó como un extraterrestre.
GLORIA: Desde la galaxia más lejana. Por los parlantes me recitó un poema. Y me lanzó un regalo. Me ofreció una ramita y dijo que la ramita era yo. Luego descubrí que se las comía con vinagre.
BEATRIZ: ¡Las ramas!
GLORIA: Comida vegetariana. Es macrobiótico y con el tiempo yo también terminé comiendo espárragos y sopita.
BEATRIZ: ¿No comes carne?
GLORIA: Para nada. La sangre y la carne destruyen el espíritu.
BEATRIZ: ¿Ni siquiera carnes blancas?
GLORIA: No, yo con los blancos nada. A mi me gusta el Caribe.
BEATRIZ: Pues, yo como carne roja tres veces al día.
GLORIA(Viéndola.) No, si se te nota. (Normal.) Los animales cuando los matan, segregan adrenalina que queda en la carne y eso es lo que una se come. Pura energía trágica.
BEATRIZ: Y la adrenalina da cáncer, supongo.
GLORIA: La adrenalina de animal muerto mata tu espíritu.
BEATRIZ: De todos modos mi espíritu está más muerto que el la­tín.
Llega otro tren. Ruido y viento. Gente que habla. Gloria, mira a alguien.
GLORIA: Oye, Angélica, dime una cosa: ¿por qué todos se me que­dan mirando? ¿Tengo un bombillo en la nariz o algo así?
BEATRIZ(Obvia.) Es por tu ropa.
GLORIA: ¿Qué?
BEATRIZ: Tu blusa...
GLORIA(Se da cuenta de que tiene la camisa rota.) ¡Coooñoooo! ¿Ves? Es... es... Es un animal. Mira cómo me puso. Y yo no me había dado cuenta. Ese cerdo... cochino, rata infectada. ¿Sabes por qué me hizo esto? ¿Sabes? Porque le nombre la madre. Y entonces se puso furioso y dijo que...
BEATRIZ: “Que a un hombre no se le habla así”.
GLORIA: ¿Cómo sabes?
BEATRIZ: Uno es la copia del otro.
GLORIA: Y me tomó por el bolso y lo lanzó por la ventana del hotel. Diciendo…
AMBAS: ... “No te permito que insultes a mi madre”.
GLORIA: Exacto. Entonces, cuando traté de detenerlo, se  puso furioso y me rompió la blusa.
BEATRIZ: Porque lo mordiste.
GLORIA: ¿Oye, tú eres bruja o qué?
BEATRIZ: También tengo mi historia. Mi “ex” me pegaba. Era celoso. El tenía sus cosas por allí. Pero cuando me veía hablando con alguien, o si llegaba tarde o simplemente cuando estaba contenta, entonces él se ponía insopor­table.
GLORIA: Bueno, Cristina,  no me interrumpas que mi historia es la importante. El hombre me arrastró por el cuarto y yo pegando gritos como una loca. Entonces lo volví a morder y huí en retirada centelleante por la dere­cha.
BEATRIZ: Hasta que una vez dijo que me celaba porque me quería. A los dos días nos separamos para siempre.
GLORIA: Sí, okey. Pero yo, en la huida, olvidé mi cartera y todos mis documentos. (Se mueve de un lado a otro. Toma uno de los cigarros del suelo y trata de encenderlo inútilmente.) ¡La cartera! No tengo ni... ¡No tengo nada!¡No tengo nada! ¿Te das cuenta? Nada.
BEATRIZ: Debes volver.
GLORIA: ¿Volver?
BEATRIZ: Y recuperar tus cosas.
GLORIA: ¿Así? ¿Sin más?
BEATRIZ: No puedes andar indocumentada.
GLORIA: ¿Tú crees?
BEATRIZ: Sí. Una vez vi una película...
GLORIA: ¿Y si él todavía está allí?
BEATRIZ: No le veas la cara.
GLORIA: ¿Y si me busca y me dice cosas? Yo no tengo orgullo.
BEATRIZ: Bueno, ése es tu problema. Tienes que enfrentar las co­sas.
GLORIA: ¿Y tú?
BEATRIZ: ¿Yo qué?
GLORIA: ¿Qué estás haciendo?
BEATRIZ: Yo espero un tren.
GLORIA: Sí, pero, ¿a dónde vas? ¿Qué vas a hacer?
BEATRIZ: No... no tengo nada que hacer.
GLORIA: ¿Por qué no te vienes conmigo? Nos tomamos una cerveza. Tengo ganas de embriagarme hasta las medias...
BEATRIZ: ¿Y tus cosas en el hotel?
GLORIA: Ven conmigo.
BEATRIZ: ¿Qué?
GLORIA: Ven conmigo. Me acompañas al hotel. Es aquí cerca. Buscamos nuestras cosas...
BEATRIZ: TUS cosas…
GLORIA: …y nos vamos. Nos vamos al cine, o a mi casa y oímos a los Beatles.
BEATRIZ: Yo creo que mejor no…
GLORIA: Están dando una película vieja de amor.
BEATRIZ: La verdad...
GLORIA: Se llama “Nueve semanas y media”.
BEATRIZ: ¿Pero ésa no es erótica?
GLORIA: Trata de una mujer que deja plantado a un tipazo.
BEATRIZ: Eso me gusta.
GLORIA: Bello. Mickey Rourke.
BEATRIZ: ¿Quién?
GLORIA: La he visto siete veces. Esa historia me consuela.
BEATRIZ: A mí me gustan basadas en la vida real.
GLORIA: La vida real no importa. ¿A quién le interesa la vida real? Eso es comunismo, eso es tecnología. Yo me imagino que soy la Kim Basinger, toda rubia, con los ojos azulitos y mi acento (Gringa.) “Oh, my gooood”. ¿Te imaginas rubia?
BEATRIZ: Sí, pero la imagen es escalofriante.
GLORIA: Si me vieras con el pelo pintado.
BEATRIZ: No te puedo ver de otra manera.
GLORIA: Hasta mis raíces se convierten en la Basinger “Oh my good”.
BEATRIZ: Odio las rubias.
GLORIA: Los hombres las prefieren, dice el tango.
BEATRIZ: ¿Hay un tango que dice eso?
GLORIA: ¡Qué sé yo! Mira. Tú tienes cara de no tener nada que hacer. Yo necesito ir con alguien porque si él me ve, entonces... sí me ve sola es capaz de hacerme algo. De pe­dirme perdón. Y ya van diez veces. Yo me conozco, Betzaida.
BEATRIZ: Bea…
GLORIA: Soy una tonta, no tengo orgu­llo. Digo que sí, siempre. Si vienes conmigo, me sujetas del brazo, me arañas si me ves titubear, me muerdes si le hago ojitos. Si vienes conmigo esa alimaña no se va atrever a decirme nada.
BEATRIZ: Yo tengo que...
GLORIA: ¿Qué? Nada. ¿Tienes algo que hacer? ¿Tienes algo que perder?
BEATRIZ: ¿Yo?
GLORIA: Te pago el pasaje, el cine, la cerveza. Todo. Pero no me dejes. No me gusta estar sola cuando estoy nerviosa. Necesito alguien para hablar. Que me cuente cosas.
BEATRIZ: Pero si tú no has oído nada de lo que yo digo.
GLORIA: Después, después... Vienes conmigo. Te presento como mi mejor amiga. ¿Sí? ¿Sí? ¿Sí? (Como quién ya tiene todo concretado.) Óyeme bien: salimos de aquí...
BEATRIZ: Pero yo vine a...
GLORIA: No importa. Salimos y vamos al hotel. Buscamos mis cosas, con cara de molestas, como si fuéramos abogadas o algo peor... Luego, nos vamos a tomar una cerveza hasta las nueve y media.. Arrancamos al Cine del Sur y...
BEATRIZ: Tienes que oírme primero.
GLORIA: Nada, cuentas después. ¡Vamos!
BEATRIZ: No me interrumpas, Gloria.
GLORIA: Yo no te estoy interrumpiendo, Adelaida.
BEATRIZ: Adela… Soy Betzaida. Digo Beatriz.
GLORIA: ¿Qué importa?
BEATRIZ: Mira: Yo vine a hacer una cosa...
GLORIA: Claro. Estás muy ocupada. La gente siempre está ocupa­da con sus cosas y no se preocupa por los demás...
BEATRIZ: Si supieras por qué...
GLORIA: Vamos a resolverlo. Yo te ayudo en lo que tienes que hacer y luego te vienes conmigo al hotel. ¿Okey?
BEATRIZ: Tú no sabes...
GLORIA: ¿Qué vas a hacer?
BEATRIZ: Yo apenas te...
GLORIA: ¿A dónde vas a ir?
BEATRIZ: Lo que yo quiero hacer se hace aquí.
GLORIA: ¿Dónde, aquí? ¿En el metro?
BEATRIZ: Sí. ¿Por qué?
GLORIA: ¿Y... qué puedes hacer aquí? ¿Contar trenes? ¿Esperar a alguien?... ¿Cantar canciones y pedir dinero? Dime y yo... Ven conmigo. Sé solidaria. (Reco­ge las bolsas.).
BEATRIZ: Yo... yo... Disculpa. Yo... (De pronto en otro tono.) Yo vine aquí para tirarme a los rieles del tren.
Gloria suelta las bolsas al suelo.
GLORIA: ¿Qué?
BEATRIZ: Quiero matarme.
Pausa corta.
GLORIA: Pe... pe... coño, coño, coño… pe... pe... (Pausa corta.) ¿Por qué?
Suena el metro que viene.
BEATRIZ: Y ya viene mi tren...
GLORIA: ¡Beatriz, NO LO HAGAS! ¡Noooo... ven acá!
Llega el metro. Gloria toma a Beatriz antes de tirarse. Ambas se abrazan.
Desaparece la estación del metro.
Sue­na “Help”de los Beatles.

Foco en Meche, caminando hacia el extre­mo derecho del escenario.
Aparece una fila de asientos de cine.


¿Qué te parece, te dan ganas de seguir leyendo?