Obra de teatro para dos mujeres y un hombre MARITALES de Ciro Acevedo Yañez

Maritales es una obra ganadora del  premio Dramaturgia  de la prestigiosa  Monte Avila Editores edición 2008. El autor es Ciro Acevedo Yañez, actor, director y dramaturgo venezolano.

Esta no es una obra para teatro escolar ni con temática juvenil, como su nombre lo indica trata sobre conflictos de pareja que los adolescentes y jóvenes no van a entender.
Si estas buscando un texto para presentar de manera profesional, sigue leyendo. Y si el texto te gusta ponte en contacto con el autor sobre los derechos de presentación de su obra.

Obra de teatro para dos mujeres y un hombre

Maritales

Personajes 
SERGIO: Cincuentón bien conservado
MARY: Próxima a los 30 años. Hermosa
LAURA: Cuarentona bien conservada.

Acto I 


Al centro, un espacio que aparenta ser un ventanal, servirá para proyectar el mundo audiovisual que interiorizan los personajes de este mundo clase media conformado por: Sergio, somnoliento y apoltronado en su chaise longue mientras hace zapping. Viste una bata que le resta juventud. A su lado esparcidos, están los periódicos del día y las revistas económicas de la semana y un bar portátil. 

Al otro extremo, un par de sillas con una mesa telefonera al centro, es el espacio de Mary. Se aplica una crema para las manos, delicadamente.Viste un negligé poco agraciado. 

Ambos miran frontalmente al público la secuencia del audiovisual: 
1. Una misión interplanetaria. Un módulo espacial se desplaza por el universo, al fondo se ve la tierra. 
2. Grandes inundaciones por efecto invernadero. 
3. Rostro de niño africano, con evidentes signos de hambre. 
4. Una pareja brinda amorosamente en un lujoso restaurante. 
5. Ruinas por un bombardeo en el medio oriente. 
6. Rostros sonrientes de políticos reunidos en una cumbre mundial. 
7. Emisión de gases altamente contaminante.  
8. Deshielo de glaciales. 
9. Una pareja besándose apasionadamente. 
10. Subjetiva de una mujer llevándose a la boca una anticonceptiva. 

(El audio en off es ininteligible porque se ha alterado mecánicamente la velocidad del narrador. A Sergio le causa repulsión la última imagen de la secuencia. Compulso, apaga la emisión del noticiero televisivo. Mary inalterable.)



SERGIO: ¡Sinvergüenzas!… Razón tenía mamá cuando sentenció que las anticonceptivas, serían el comienzo de la degeneración moral. 
MARY: Todavía lo dice. 
SERGIO: Y eso que no se ha enterado que legalizaron la píldora del día después… 
MARY: (Autómata) Les quedó redondito: la de antes para el «antes» y la del después para… SERGIO: ¡Alcahuetes! En eso se convirtieron los científicos. Por un lado curan los cuerpos y por el otro, pudren los espíritus. 
MARY: No había pensado en eso. 
SERGIO: Tampoco yo, pero tu suegra sí... Lo dijo hasta el cansancio. 
MARY: ¡Como siempre…! (Sonríe) ¿Te dije que papá estuvo en contra de cualquier método? Decía que con esa excusa, ninguna mujer llegaría virgen al matrimonio. 
SERGIO: ¡Lo mismo que pienso yo! 
MARY: «Nada que atente contra la vida marital» fue lo último que dijo y murió. 
SERGIO: Fíjate qué importante eso: murió borracho pero claro en sus ideas.
MARY: ¡Ah sí!, Es que no soportaba la desfachatez y ¿el libertinaje? menos, le daba ¡asco!…
SERGIO: Descansa en paz suegro mío. Y tu mami, ¿qué decía?
MARY: (Se queda en blanco) …Nunca opinó
SERGIO: Y falta no hizo: apenas la conocí en el manicomio, supe que había sido una santa mujer.
MARY: (Asiente con su cabeza) Fiel como ninguna.
SERGIO: Mujer de un solo hombre.
MARY: Y solamente en dos oportunidades. Una vez para traer al mundo a mi hermana…Y la última
para que naciera yo.
SERGIO: Mamá pasó una sola vez por ese asqueroso afán.
MARY: Valió la pena. Lo único que le adeudas es un nieto.
SERGIO: El tiempo de Dios es perfecto. (Se le escapa un bostezo. Hojea la revista.)
MARY: Lo tenemos todo para que el niño venga.
SERGIO: (Por la revista) Inmuebles, Inversiones...
MARY: (Por sus carencias) Amor… Ansias.
SERGIO: Todo. Aquí está todo… para llegar a la meta.
MARY: Hasta mis últimos óvulos sanos. ¿Hasta cuándo esperamos?
SERGIO: (Cae en cuenta de que hablan de diferentes temas)…Deberían preguntárselo a mamá. (Reparando) ¿Y esa bata? (A Mary la felicidad se le dibuja en el rostro. Él esquiva su mirada hundiendo su atención en un artículo de la revista).
MARY: ¿Te gusta? A mí, mucho (Gira lenta y torpemente sobre sí para llamar su atención). Por la seda, el corte… el color… ¡Por la fecha!
SERGIO: ¡Degenerada! ¿Cómo se le puede dejar a una mujer ser tan cara dura?
MARY: ¡Sergio!, amorcito… ¿Qué pasó?
SERGIO: La maratonista ésta… (Señala la revista) la muy sinvergüenza ganó todos los premios porque usaba esteroides...
MARY: (Aliviada) Pensé que...
SERGIO: Que sí tenía condiciones y que había llegado a la meta, honradamente.
MARY: Exactamente.
SERGIO: Ya decía que, tanta perfección en ese cuerpo, no era normal. (Detalla a Mary) ¡Normal eres tú!… ¡Estás como estás! Vas con tu edad.
MARY: (Se detalla) ¿Tú crees?
SERGIO: Claro. Esa bata, por ejemplo, va bien contigo. A simple vista uno dice: Ella es… toda una señora.
MARY: Si quieres… me la quito.
SERGIO: (Escandalizado) ¿Aquí? Estás loca. Cada cosa en su lugar. (Mary baja su cabeza apenada) ¿Qué pasa?
MARY: ¿A mí? Nada. Solamente pues… como son las doce de la noche y te tienes que levantar tan temprano… pensé que deberíamos… acostarnos…
SERGIO: (Bosteza) Con razón se me disparó mi reloj biológico.
MARY: (Desconcertada) ¿Ya tienes sueño?
SERGIO: Como nunca.
MARY: Yo no.
SERGIO: ¿Tomaste las pastillas?
MARY: ¿Hoy…?
SERGIO: Y mañana y pasado… y siempre. Mary, tú no puedes jugar con el tratamiento.
MARY: Pero Sergio…
SERGIO: Sin ningún «pero». Tómatelas y mientras tanto, reviso las cerraduras. (Se va por el lado izquierdo.)
MARY: (Lo ve salir y se desconcierta. Toma el teléfono y marca un número, llena de nerviosismo) Laura… ¿Estás ahí? Chica, perdóname la hora… pero… ¡Sergio no recordó que estamos de aniversario! Además, tiene sueño y yo… Si puedes llámame ahorita o… mañana… ¡o cuando te salga, pues!… ¡Cónchale vale, ¿qué te pasa conmigo? Devuélveme las llamadas!
(Cuelga el auricular. Toma el portarretratos y contempla la fotografía de su boda. En la ventana-pantalla vemos lo que ella observa. La iluminación cambia, circunscribiéndola. Toma un vaso con agua y unas pastillas, las traga.)
Mary: (Obstinada y a sí misma) Mary, atragántate de pepas y a dormir (Resopla deprimida y congela
su movimiento brevemente).
(En off se oye efecto de click obturador de cámara fotográfica. Cambio de iluminación. La fotografía proyectada se difumina. Mary, se levanta quitándose sensualmente la bata. La que trae por debajo es
una versión más atrevida de la que tenía puesta —tal y como le gustaría llevarla diariamente—. Se sienta en el chaise longue de su marido. Toma el control remoto.)
SERGIO: (Dicharachero) ¡Sinvergüenzas!... Razón tenía mamá cuando sentenció que, la píldora anticonceptiva, sería el comienzo de la degeneración.
MARY: Todavía lo dice...
SERGIO: Por decirlo nomás… ¡Con las lagunas que tiene! (Toma el control y apaga la TV). Mary,
mírame mi amor. Llegó tu diversión.
MARY: Ay, no lo digas así que pareces un viejo verde.
Siempre estás pensando en lo mismo.
SERGIO: Ah… ¿y tú no?
MARY: Sí, igual pero lo disimulo. Anda, acuéstate…
SERGIO: (Relamiéndose) ¿Ya? ¿De una vez?
MARY: Claro… Mañana tienes que ir a lo oficina… ¿O, no? Sergio va al barcito y toma una copa, se sirve un trago.
SERGIO: ¿Sabes qué? Inventaría cualquier pretexto para no ir.
MARY: (Doble intencionada) Tienes que cumplir.
SERGIO: (Pausita) Me pareció oír a mamá. (Contiene su risa burlona) ¿Un traguito?
MARY: Si me tomo uno… iré por el segundo y después (Ríe insinuante), no respondo.
SERGIO: Date con furia pero calladita… (Sirve dos tragos)
MARY: ¡No, vale! Me pica la lengua de las ganas que tengo…
SERGIO: (Infantil) Mami… Hoy no...
MARY: Ay sí papi… déjame decirte, eso que tanto te excita.
SERGIO: Estoy «ladillado» de oír tanta «habladera» de paja.
MARY: Anda, déjame hablarte como la tipa de la línea caliente.
SERGIO: (Se carcajea) ¡Coño, no!… Esa tipa es gorda, miope y con aliento de morgue. ¡Cómo se nota que no sabes de publicidad! (Le ofrece el trago) (Mary desganada niega con su cabeza y lo recibe) ¡Salud!
MARY: Ya va, primero dime, ¿por qué brindaremos?
SERGIO: ¿Por qué va hacer? Por mi «empresa matrimonial». Por los cinco años invirtiendo y ganando.
MARY: (Emocionada) ¡Gordo! Pensé que te habías olvidado…
(Chocan las copas)
SERGIO: Mal pensada. Es más, anteayer en plena reunión con los creativos que estaban exponiendo
las ideas para una campaña de un producto —qué sé yo—, el Presidente me preguntó: «Sergio, ¿có -
mo las ves?».
MARY: ¿Y tú?
SERGIO: (Poético. Soñador) «Redondas… firmes y tersas» (transición). ¡Mary, pensaba en tus tetas! (Ríe).
MARY: (Ríe feliz) ¡Ocioso! Y ¿cómo lo remediaste?
SERGIO: Como todo en este país: a punta de lengua. No importa lo que digas, lo importante es que no pares de hablar.
MARY: (Muerta de la risa) O sea, que no dijiste nada… porque si te sinceraras…
SERGIO: Ay, mamá… y con lo que me gusta a mí decirlo, ¡rico! Y que me lo digas.
MARY: ¿Viste, viste que sí te gusta que te diga cochinadas? ¡Pura pinta! Te haces el formalito y lo que llevas abajo es un volcán.
SERGIO: Caliente y a punto de estallar…
MARY: Si te conocieran... en la oficina…
SERGIO: ¿Qué te crees tú? ¿Que trabajo en la Santa Sede? ¡Sí cómo no! Esos carajos con un par de
estos (señala el whisky) se olvidan del mercadeo y lo que están pendientes es de…
MARY: De lo mismo que tú ¿O, no?
SERGIO: Todos somos unos bichitos…
MARY: La diferencia es que esos viejos tienen que pagar…
SERGIO: ¡Y duro!… a sus secretarias.
MARY: A sus peluqueras.
AMBOS: ¡A sus puticas! (Ríen)
MARY: En cambio tú sabes que aquí lo tienes todo-todito.
SERGIO: (Se le aparta) ¡Otro traguito me vendría bien!
MARY: Y por eso es que te haces el duro… (Sergio observa, sin saber qué decir. Ella haciéndose la
importante) Y no me mires así que, lamentablemente, mis hormonas… duermen… roncan…
SERGIO:Yo sé desperezarlas…
MARY: (Bosteza) ¿Ah, sí?
SERGIO: Ujúm… prefiero esperar a que se despierten…
MARY: ¡Ay, que paciente eres…! Pasarán años.
SERGIO: Lo bueno se hace esperar.
MARY: ¿Y cómo sabes cuándo ellas despiertan y gritan: ¡Acción!?¿las presientes? (Sergio niega) ¿Las husmeas? (Ídem) Entonces, dime, coño, ¿cómo haces…? ¡Anda dímelo, papi!
(Sergio rie e imita, a través de un gesto manual, el tic nervioso recurrente y particular de Mary.)
MARY: ¡Qué bolas…me descubriste! (Desencajada) Cada veintiocho días me da por… ¡Y yo creyendo que no lo habías notado!
SERGIO: Me hago el pendejo… Tranquila vale, sentir ganas es sentir la vida. Además, tú eres así como especial… porque le pones musiquita (Compone el tic físico y el sonido onomatopéyico). ¡Unma trum tic-tic… tic-tic! ¡Unma trum tic-tic… tictic! ¡Unma trum tic-tic… tic-tic! ¡Unma trum tictic…tic-tic!
(Mary, histérica, le lanza las revistas. Sergio, protegiéndose rie y sale de escena por el lado izquierdo. Ella queda congelada y en su rostro se dibuja pánico. En off se oye efecto de click obturador de cámara fotográfica. Cambio de iluminación. Regresa Sergio, trae una chaqueta de cuero en su brazo y un whisky servido. Descansa la chaqueta en el respaldo de su chaise longue. Detalla a su mujer y se le abalanza. La abraza. La besa por la oreja tiernamente. Ella lo esquiva. El insiste y luego intenta
besarle, pero Mary se le separa.)
MARY: Deja. (Pausa) ¿Qué es lo que decía tu mamá de la anticonceptiva hace cuarenta años?
SERGIO: (Desganado) ¿Otra vez con el mismo cuento?
MARY: Es que he estado pensando que el punto no es la píldora anticonceptiva que una se traga. Bueno, tú sabes que yo nunca la he tomado.
SERGIO: Déjate de pensar y pasemos a la acción.
MARY: ¡Quédate quieto! Oye esto: el punto a discutir es sobre las ganas que se tiene de ser fiel o no.
SERGIO: (Insiste en tomarla) Ese no es el punto...
MARY: ¿Ah no…? Y entonces, ¿cuál es?
SERGIO: El que te hago sentir (Agarrándolo, excitado) ¿Sí? Déjate, anda, estoy full… (Quiere acostarla sobre su chaise longue. Mary lo vuelve a esquivar)
MARY: En público, no... ¿Qué te pasa? Además, no me gusta que me trates así, como si yo fuese una
cualquiera… (tomando la chaqueta y, por oficio, limpia el polvo.) Soy una señora, ¿okey?
SERGIO: Okey, señora para lo demás pero NO para mí… Si no tuvieras ganas, no te vestirías así…
MARY: ¿Así cómo? ¿Ah? ¿Dime?
SERGIO: ¡In… insinuante… pues!
MARY: ¡Esto es el colmo! Me prometes llegar temprano y te apareces a la media noche, a medio palo
y encima me vienes con sandeces.
(Mary va a salir pero percibe que en el bolsillo de la chaqueta hay una tarjeta. La palpa. Cruza miradas con Sergio. La revisa y, en el enves, lee un número telefónico.)
MARY: (Modulando exageradamente el nombre que lee en la tarjeta) «Xiomara’s Stylos». ¿De cuando acá tu compañía se encarga de publicitar una peluquería de medio pelo?
SERGIO: Espérate Mary, que las cosas no son como parecen.
MARY: Eso es justamente lo que yo digo porque…
SERGIO: Porque ya vas a empezar a calumniarme.
MARY: ¿De qué te acusas si todavía no he dicho nada?…
SERGIO: Te conozco.
MARY: Y yo también. Por eso intuyo que esta tarjeta pertenece a aquella cosa que se nos cruzó al mediodía, en la puerta del restaurante.
SERGIO:Ya, va. Ya va…
MARY: (Cuaima) Ese envoltorio, celulítico, recubierta de chatarras sonoras y peliteñida, sólo puede llamarse Xiomara… ¿O me equivoco señor publicista?
SERGIO: ¡Qué vaina contigo! ¿Cómo se te ocurre? Además, en qué momento yo… ¿yo, hablé con alguien?
MARY: Claro que tuviste tiempo.
SERGIO: Qué bolas.
MARY: Cuando compré la revista en el kiosco. Te conozco, mosco.
SERGIO: ¿Vas a seguir con lo mismo? Te dije que no hablé con ella, que simplemente me metí en el
carro. ¡Verta!
MARY: (Repara en el envés de la tarjeta) Cero, cuatro, uno… ¿Y por qué tienes su número escrito a
mano? ¡Coño!
SERGIO: ¿Cuántas tarjetas no recibo al día, Mary? Yo ando en la calle… Veo, hablo con gente… Lo menos que puede aparecer en mi chaqueta es… ¡es una bendita tarjeta!
MARY: Júramelo.
SERGIO: Te lo juro por las cenizas de mi padre.
MARY: (Conteniendo la ira) Mi suegro está vivo, ¡infeliz!
SERGIO: Pero morirá y habrá que incinerarlo… ya lo pidió.
MARY: Búrlate de mí.
SERGIO: ¡Otra vaina más!
MARY: Claro sí… A ver, júramelo por tu madre.
SERGIO: Está bien… (Levanta la mano desanimado) Por mi mamá.
MARY: Así no. Jura con un puñado de cruces… ¡y los besas!
SERGIO: ¿Qué te pasa?
MARY: (Deprimiéndose) Que me siento otra vez… engañada… estafada… utilizada…
SERGIO: Es como mucho. ¿No te parece?
MARY: Muchísimo, porque no tienes límites. (Sergio se señala incrédulo) Tú, sí… tú mismo, chico. ¿O es que tú crees que ya me olvidé de la cantidad de veces que te vi, metiéndole ojo a cuanta «bichita» se cruzaba frente a ti?
SERGIO: ¿Te tomaste el antidepresivo?
MARY: (Histérica) Fue casarme contigo para que se te cayera la máscara.
SERGIO: ¡Qué máscara ni qué nada!
MARY: En plena luna de miel, te conseguí con… con la fichera esa.
SERGIO:Me viste hablando con la directora de Atención al Cliente del casino.
MARY: Hablarían lenguas muertas… porque con la «peliteñida», no te oí sino te vi.
SERGIO: Y vuelve el mismo sonsonete. Ponme otra musiquita, vale.
MARY: Tú que (lo imita) «no, chica, viste mal… no es así»… ¡Y era así!… Y después la otra, la otra y la otra… ¡Coño, yo no pude haber estado viendo alucinaciones siempre!
SERGIO: ¿Y por qué no? (Pausita tensa) Tu psiquiatra me explicó que esa fase alucinatoria es la peor. (Mary se desarma) Yo trato de entenderte, pero pon de tu parte (Pausa). Ven, vamos al cuarto.
MARY: No. No voy a acostumbrarme a arreglarlo todo en la cama. (Toma el teléfono inalámbrico y marca el número de la tarjeta) Cero cuatro uno…
SERGIO: ¡Mira la hora que es! Dame acá eso.
(Mary se le escapa mientras continúa marcando.)
MARY: Ya va. ¡Ella es mi solución! Quiero que tu peluquera me decolore y que me ponga aquí (se toma el cabello), ese amarillo putica que tanto te excita…
SERGIO: ¡Estás de remate, chica!
MARY: ¿Aló? (dulcemente celosa) Estoy llamando de parte del «Publicista»… Bueno, porque soy su
asistente personal… Óyeme pendeja: lo sé todo.
SERGIO: ¡Mentiras!
MARY: Me dijo que te quería hacer (doble intencionada) «un casting» porque tú tienes el tipo que a ese cliente enloquece… Porque le gustan gordas, ordinarias y putas como tú.
SERGIO: ¡No le creas, Xiomara!
(Mary cuelga. Ambos se miran con tensión.)
SERGIO: ¿Qué ganaste con eso?
MARY: (Señala con sus dedos) Dos cosas. Dos nomás. La seguridad y la libertad.
SERGIO:Y una camisa de fuerza.
MARY: ¡Estoy segura que no alucino, señor antifaz!
SERGIO: Epa, sin ofensas porque así no podemos hablar…
MARY: Te digo más: haré lo que me venga en gana sin remordimientos de conciencia.
SERGIO: ¿Tú? No me hagas reír…
MARY: Carcajéate. Dale. Comienza. A partir de mañana, me tiro a la calle y el primero que me haga un cruce de luces, me lo llevo a la cama.
SERGIO: (Burlón) ¿Quién iba a decir que terminarías tan liberal? (Transición) Eso no te lo crees ni tú misma, ¡necia!
MARY: ¿No dijo el cura que la mujer tiene que seguir al hombre en lo bueno y en lo malo? Entonces lo haré al pie de la letra.
SERGIO: Párame ese cuento ahí, Mary, que no me la voy a calar.
MARY: Déjame terminar. Estoy hablando de lo que te gusta.
SERGIO: Gustarme ¿qué?
MARY: El tema de los cachos te debe morbosear…
SERGIO: ¿A mí?
MARY: A ti. Porque, si no, ¿cómo me explico que me engañes tanto?
SERGIO: ¡Doble play, pues!
MARY: Acéptalo y ya. ¡Estás loco, loquito por enterarte de que meto a cientos, a miles de hombres en tu cama!
SERGIO: ¿Ah sí…? (Siguiéndole el juego por morbo) ¿Y? Y… ¿Qué le haces? ¡Vamos, cuéntamelo! Ábrete conmigo. Una fantasía puede tenerla cualquiera. (La toma entre sus brazos.)
MARY: ¡Hiedes a caña!
SERGIO: (Excitado) Di la verdad, di que te huelo a macho excitado.
MARY: (Renuente) Suéltame…
SERGIO: ¡Libérate! (La manosea) Imagínate que yo no soy yo. Imagínate que me trajiste de la calle… tómame… anda… házmelo.
MARY: (Lo abofetea) ¡Respétame!
SERGIO: ¡Y tú a mí! Ni en serio ni en joda me complaces. Entonces ¿qué?, ¿me vas a tener en perpetua cuarentena?
MARY: Resuélvete como siempre. Con la de turno o manualmente, tú verás. Porque éste cuerpo, señor antifaz, éste que tanto despreciaste, no será tuyo, nunca más. ¡Nunca!
(Mary sale de escena altiva. Sergio no sabe qué hacer. Se sirve un trago. Toma el control remoto, lo pulsa y se enciende la ventana-pantalla. Las luces bajan a penumbras. Bebe a fondo blanco. En off se oye efecto de click obturador de cámara fotográfica. Cambio de iluminación. Sergio se derrumba mientras se proyecta por video una secuencia rápida de planos de piel, tanto de hombre como de mujer. Contornos, líneas. Sólo piel. Se abre una luz y Mary está, exactamente igual al momento
en que iba a salir, pero percibió que en el bolsillo de la chaqueta de Sergio había una tarjeta. Ambos se congelan. Mary, mientras cruza miradas con Sergio, revisa en el bolsillo de la chaqueta. Extrae la tarjeta. Le van ta su mano, llevando cerca de su rostro asemejando una cuña televisiva.)
MARY: (Modulando exageradamente el nombre que leen en la tarjeta) «Xiomara’s Stylos» (Pausa. Realiza el tic corporal y el sonido onomatopéyico). Unma trum tic-tic… tic-tic.
SERGIO: (Para sí) Las cosas no son como parecen (Se percata de la presencia de Mary. Se le acerca en franco galanteo. La imita) ¡Unma…!
MARY: …Trummmmmm!!!!
AMBOS: tic-tic… tic-tic tic-tic… tic-tic tic-tic… tic-tic
(Se carcajean. Se abrazan sensualmente. Se alejan repitiendo el tic. Todo en escena oscurece. Solamente queda la secretaria de la ventana-pantalla repitiéndose. Pausa escénica. Luego un timbre telefónico. La luz. Es un nuevo día. Mary, entra vestida igual a como la vimos en la primera escena. Está desganada. Trae entre manos la chaqueta que corresponde al traje con el que se vestirá Sergio. Toma el auricular.)
MARY: ¿Aló?… Hola Laura. No te preocupes… Nos levantamos temprano. Todo bien. ¿Y tú, qué?
¿Pasó algo? Amiguita me tienes abandonada… Sí, sí ya sé que tu novio, no te deja sola… Me
alegro por ti… ¿Sergio? pues…
SERGIO: (Desde adentro) ¿La chaqueta?
MARY: (Habla alto) Aquí la tengo. (A Laura) Disculpa Laura, pero tú sabes que ésta es la hora de la
corredera y tengo que atender al «señor», como Dios manda. Todo en su lugar, a la hora en punto
porque si no…
SERGIO: (Desde adentro) ¿Le pongo azúcar blanca a tu café?
MARY: (Le responde) No. Ponle edulcorante, por fa… (A Laura) Laura, yo voy a estar aquí todo el día. Déjate de eso. No tengo ánimos para salir, mejor vente y me cuentas todo lo de Omar… (Ríe)
Francamente nunca te había sentido así, tan envalentonada… ¿te espero? No tienes por qué anunciarte. Ok. Chao… (Cuelga.) (Aparece en escena Sergio con dos tazas de café. Ya está vestido para su nueva jornada laboral. Mary lo ayudará, cual madre, a vestir. Le arregla la corbata, la
correa y hasta la pollina le peina.)
SERGIO: (Le entrega la taza de café) ¿Hablabas con Laura?
MARY: ¿Con quien más?
SERGIO: ¿Y esa cara?
MARY: La de siempre.
SERGIO: No me engañes. Tómate el café. (Ella lo hace) ¿Te pasa algo?
MARY: No me hagas caso.
SERGIO: Y ¿por qué no? Eres mi esposa desde hace, ¿cuántos? ¿Seis años?
MARY: Exactamente, ayer los cumplimos.
SERGIO: ¿Ayer? Ay coño, ¡Se me pasó otra vez!
MARY: Igual que el año pasado.
SERGIO: Es que uno, no está pendiente de… (Pausa. Bebe) Me lo hubieses recordado… tal vez anoche habríamos tenido un poco de acción…
MARY: Por favor, Sergio.
SERGIO: Deja que me excuse: un marido debe cumplir con sus obligaciones maritales.
MARY: El año pasado tampoco tuvimos nada y no te reclamé. Para mí no son obligaciones.
SERGIO: Pero lo son. En parte sí. A ver si lo entiendes mejor: es una parte del todo.
MARY: Se te va hacer tarde.
SERGIO: Mi deber es resolverte casa, comida, comodidad y…
MARY: Y nada más. Yo estoy bien, porque tú cumples en todo…
SERGIO: En casi todo, porque me falta la última «ce» (Enumera) Casa… Comida… Comodidad y…
Ca-ma.
MARY: ¡Ordinario! Ni que eso fuera necesario…
SERGIO: (Recoge la taza de ella y mira en el fondo) ¿Ah, no?
MARY: No. Lo único que me falta es un carajito.
SERGIO: Te falta acabar… (Por la taza) Te queda un sorbo. (Le devuelve la taza. Mary lo mira incrédula y luego bebe) Yo sé que tú a veces quisieras más pero debes comprender que si no hago uso
del matrimonio todos los días es porque tengo que madrugar… y por las noches, pues, llego muy cansado.
MARY: (Como una letanía) Por las reuniones interminables, por tu jefe insoportable, por el cliente
imbécil que no sabe lo que quiere…
SERGIO: Entonces lo único que me provoca al llegar es…
MARY: Tomarte un whisky
SERGIO: Exactamente… y como me relajo tanto pues… se me olvida lo demás (va a salir con las dos tazas).
MARY: Déjalas aquí. (Por la chaqueta) Ven, póntela… y ya… que no te estoy reclamando nada… Si tu mamá te oyera, pensaría que le estoy faltando al juramento que le hice.
SERGIO: (Atento) ¿Qué juramento?
MARY: Pues eso de que (la imita) «Hay cosas más bellas y espirituales en qué pensar».
SERGIO: Mi vieja… no se pela… (Colocándose la chaqueta) Porque si yo no trabajo duro, ¿de dónde vamos a sacar para darnos esta vida?
MARY: Si tú me dejaras. Con mi Licenciatura en Mercadeo, pues.
SERGIO: No tienes experiencia. Lo que te sale es un empleo público ¿Y tú crees que con un sueldito
de esos se puede vivir como nos gusta? ¡Por favor! Tendrías que ser Ministra.
MARY: Por lo menos pagaría mis cosas.
SERGIO: No te alcanzará ni para la peluquería. Y mucho menos para tus medicamentos. Qué proletaria eres. Piensa más arriba. ¡Business - business!
MARY: (Burlona y vengativa) Ay sí… porque tú eres el dueño de la compañía…
SERGIO: Todavía, no. Pero tampoco soy el que empezó creyendo que todo me sería fácil. Que con mi cara y mi título tendría el mundo a mis pies. Yo hice lo que me enseñó papá: trabajar duro, sin
excusas, sin ausencias y por mi cuenta.
MARY: (Para sí) Sin importarte nadie.
SERGIO: (En lo suyo) ¡Duro para escalar! (Ignorándola) Razón tenía cuando dijo: «Lo primero en la vida es el trabajo, sin trabajo no hay matrimonio que dure y sin matrimonio no hay sociedad completa».
MARY: (Enganchándose de nuevo) Papá también decía lo mismo… pero nunca lo practicó.
SERGIO: (En lo suyo) Y cuando se bebía unos cuantos tragos, en la Hermandad Gallega, me aconsejaba, (Lo imita cual gallego, fumando compulso) «Después, si te sobra tiempo hijo (tose), pues, desahógate con tu mujer…».
MARY: Desahogar… ¿qué?
SERGIO: La naturaleza del hombre. Somos diferentes: Mente diferente, cuerpo diferente, hormonas… todo, ¿entiendes? (Mary niega. Él en pose de machote) Cultívate mujer: anatomía pura y diferencial (se toma los testículos).
MARY: (Molesta) ¡Chico…! (Pausa) Mamá nunca me habló de eso. Pobrecita, a lo mejor papá tampoco se desahogaba con ella. Como todos los días llegaba borracho pues… (Repentinamente se ahoga en sollozos).
SERGIO: Te he dicho que no deberías recordar a tu familia. Mira cómo te pones. ¿Tomaste el antidepresivo? (Mary asiente) Últimamente te he visto rara… Deberías volver con el psiquiatra (Mary niega con la cabeza). O al endocrinólogo, pues… Él dijo que tenías problemas con la tiroides. Hipo -
tiroidismo, ¿no fue eso lo que dijo? (Mary asiente) Y que por eso es que te deprimes, por nada
más… (Mira su reloj) ¡La hora que es! Si no fuera por el tráfico.
MARY: No te preocupes. Anda, vete ya. Te va agarrar la cola.
SERGIO: Claro, claro… ¿Estás bien, verdad? Cualquier cosa, me llamas. (Va a salir, se devuelve) Casi me iba sin darte el besito de «feliz día».
MARY: Tranquilo. Laura vendrá dentro de un rato.
SERGIO: Aconséjala que no se case.
MARY: ¿Y, por qué no? Lleva un tiempito saliendo con Omar.
SERGIO: Lo mismo le pasó antes. Mas tardó saliendo que casada.
MARY: Dos matrimonios perdidos… No ha tenido suerte, la pobre.
SERGIO: O a lo mejor es que exige demasiado «la rica». Tiene pinta.
MARY: Sergio, por favor…
SERGIO: Eso lo notamos los hombres. Ah, que no lo digamos, es otra cosa.
MARY: Ella no habla de su vida íntima.
SERGIO: Es que un ser normal no necesita hablar, hacer y deshacer diariamente eso. Fíjate en nosotros ¿No la pasamos bien sin ser adictos sexuales? (Mary asiente) «Hay cosas más…».
MARY: (Completando)… «Más bellas y espirituales en qué pensar». Aunque claro, hay que hacerlo para engendrar. (Se enternece) ¿Te imaginas que tengamos una niña? Le enseñaremos eso también.
SERGIO: ¡Coño, la cola! (le da un besito, «piquito» desazonado.) (Sergio sale rápido de escena. Mary lo mira irse. Pausa. Detalla todo a su alrededor con infinita desolación. Se desploma en su silla. Reacciona sólo para tomar el teléfono sin marcar números.)
MARY: ¿Dónde estás, Laura? Vente rápido, me siento malísima.
(Cuelga el teléfono. Se recuesta. Cierra los ojos. Su cuerpo queda laxo. La iluminación cambia. Se abre un cenital al fondo y aparece Laura. Viste un traje ajustado y descotado. Trae puesta una peluca de color amarillo. Se aproxima a Mary.)
LAURA: (Como una letanía) Todas las semanas, de todos los meses, de todos los años que llevas de
casada, te sientes malísima.
MARY: ¿Será el hipotiroidismo?
LAURA: (Encogiéndose de hombros) ¡Qué sé yo! Tu hermana nunca sufrió de eso pero igualito cayó
en el picadero.
MARY: No quiero hablar de mi familia.
LAURA: Mejor, los muertos ya no son familia de una.
MARY: Su razón tendría cuando decidió quitarse la vida.
LAURA: Cosa que nunca entendí. ¡Zape! (Incisiva) Y tampoco entiendo a las que están aprontando su mortaja. Para mí la vida es ¡energía! Así que, vamos levántate (La ayuda a incorporarse).
MARY: (Quejumbrosa) Estoy aporreadísima.
LAURA: (Exageradísima) ¿No me digas que te dio? Mary, tú no puedes encubrirlo. Mira que si te
callas la primera vez te convertirás en su perita de boxeo.
MARY: ¿Cómo se te ocurre? Sergio es un santo. ¿No te das cuenta cómo me tiene…?
LAURA: ¡Hecha mierda!
MARY: No, Laura. Soy yo la que me escoñeto sola.
LAURA: Así era yo, hasta que me dejé de pendejadas.
MARY: ¡Ay! (Se soba los brazos y la nuca) Estoy como entumecida.
LAURA: ¡Me asustaste, vale! Porque como yo he visto tanto.
MARY: (Imitándola) Y has recorrido tanto… ¡Ay!
LAURA: Y lo que me falta… ¿No dicen que a la tercera es la vencida? Bien para allá voy… y si no, pues, será a la cuarta, o la quinta, o…
MARY: (Por sus dolores) Ay… ¿Será falta de ejercicio? ¡Ay!
LAURA: Puede ser. Chica, pon a sudar ese cuerpo.
MARY: La verdad es que no me provoca dar un paso afuera.
LAURA: Cuando tengo mis bajones, pues, convierto a Omar en mi entrenador personal.
MARY: (Sonríe adolorida) Tú siempre con el mismo tema.
LAURA: Es que todo está unido a eso. Fíjate, a lo mejor a ti te saldría bien una buena sesión de aerobic… Ahí, en tu misma cama, con tu maridito.
MARY: ¿Tú dices?
LAURA: Claro. Después de un buen round, sentirás la eficacia de los cardiovasculares… Cero tensión, cero dolor... y lo más rico, es que te sentirás livianita.
MARY: No todo en la pareja es piel… También cuenta el mundo de ideas.
LAURA: En eso somos geniales. Omar no es de mucho hablar, pero para inventar, está mandado a hacer.
MARY: Ah… ¿sí…?
LAURA: Y ¿por qué crees tú que me tiene medio loca? (Ríe) «Mi culito» 􀀀yo le digo así, tú sabes􀀀 ese no le para a nada. ¡Hace y deshace!
MARY: Y, ¿qué es lo que hace?
LAURA: Si me desea, me lo dice y me tiene.
MARY: ¿Y tú?
LAURA: Si lo deseo, se lo digo y me tiene. Nos damos con furia.
MARY: ¿Con la luz encendida o apagada?
LAURA: Encendida.
MARY: ¿Con ropa o sin ropa?
LAURA: ¡Desnudos, de bolas, como tiene que ser!
MARY: (Desvía la mirada. Nerviosa) Pero eso no lo es todo…
LAURA: Estas pálida.
MARY: (Titubea) El mundo es contención, reglas... normativas...
LAURA: Y las manos… te tiemblan
MARY: (Severa) Riendas… riendas… no se puede andar desbocado.
LAURA: Y la boca también… Mary, perdóname...
MARY: Esa libertad es dañina… todo lo corrompe… todo… todo.
LAURA: ¡Qué lengüilarga soy, en vez de quedarme callada! ¿Te busco una pepa?
MARY: Deja, deja. Es… que la cabeza me da vueltas… ¡la cabeza, el estómago… todo el cuerpo!
LAURA: Mejor será que te deje descansar.
MARY: No, no… quédate conmigo… estoy harta de la cama.
LAURA: ¡Porque no la aprovechas! Dormir se puede en cualquier lugar, pero francamente a tu edad, a mí no me dolía, lo que se llama «nada»: Y mira que no paraba de bonchar. Que si la disco, la playa… el Ávila… y aquellas perdidas… (Ríe) Chama, me despertaba sin saber en dónde ni con quién estaba (Se carcajea).
MARY: Por eso es que siempre quise ser tu amiga…
LAURA: Yo también te puse el ojo, en pleno entierro de tu hermana y, me dije: «Esa carajita es de pinga… No voy a dejar que le pase lo mismo, ¡Qué va! ¡Le sacaré la telaraña de la cabeza!».
MARY: Y así fue.
LAURA: Casi, fue.
MARY: Contigo pasé mi primer trasnocho. Me fumé el primer y último cachito.
LAURA: (Riéndose) Sí vale, tosiste como una tuberculosa y te dio sueño. Qué bien ibas, mi pana… hasta que te echaste a perder cuando te enamoraste de Sergio.
MARY: Él no me cambió. Él siempre fue muy formal…
LAURA: (Para sí) Anormal… diría yo.
MARY: Eso fue lo que más me gustó... Yo buscaba algo en serio…
LAURA: «Y en serie», di también. Porque tu vida, desde que te casaste, ha sido el propio dramón.
MARY: Con sus altos y bajos… Ahí vamos… Ayer cumplimos seis años.
LAURA: ¿Seis? Eso para mí sería un record Guiness. Y, ¿no te fastidias de lo mismo? O sea… (Mary desvía la mirada) Con razón estás molida. Echa tu cuento. (Mary ríe como una tonta para llenar el
espacio de las dudas) Lo único que falta es que ahora me digas que el tipo no te funciona.
MARY: …Sí, claro que sí. Sergio, es… es… bien.
LAURA: ¿Dotado?
MARY: ¿Cómo así? Laurita él es bien, bien chévere...
LAURA: Ay…chama, ¡me afocas con tu convicción! (Ríe)
MARY: De verdad que sí… él es...
LAURA: Lo que es y punto. Y bueno, si te funciona sácale provecho y verás cómo se te quitan todos
esos bajones.
MARY: Si tú lo dices.
LAURA: Lo digo yo y muchos científicos también. Chama, dicen que la vaina es tan, pero tan heavy, que te sube la endorfina ¿tú sabes lo que eso? (Mary niega) ¡Que ya no tendrás que tomar antidepresivos! (Ríe)
MARY: Se ve bonita esa idea…
LAURA: Pero tú, no. (Enfática) Tú te ves patética. Haz algo por ti. Renuévate. Anda, ve a cambiarte,
aunque sea por fuera. (Mary sale de escena. Laura se ubica en un extremo del proscenio para mirar al supuesto vecino, pero en realidad detalla a los hombres del público. La luz general baja y solamente un reflector la circunscribe. Se ilumina la pantalla-ventana. Es un primer plano de Sergio,
con lentes oscuros, que dialoga con Laura virtualmente, ella le responde desde su lugar.)
SERGIO: ¿Ya no te gusto?
LAURA: Me caso dentro de poco.
SERGIO: Esa no es la pregunta.
LAURA: Pero es mi verdad.
SERGIO: ¿Y de cuándo acá los hombres y las mujeres se dicen la verdad? (Se quita los lentes y sonríe maliciosamente detallándola).
(Mary entra a escena, vestida idénticamente a Laura. Trae un sobre en su mano. La proyección sale.)
MARY: (Histérica) ¡Me lo estabas ocultando! Pero, ¿cómo no me di cuenta antes?
LAURA: (Asustada) Mary, las cosas no son como parecen.
MARY: La misma frase trillada del desgraciado ese…
LAURA: Quiero decir…
MARY: Nada. Tú no tienes nada que decir…
LAURA: Pero, déjame hablar, coño.
MARY: Y ¿qué vas a decir? ¿Ah? Primero, tienes que saber cuál es el asunto para después opinar.
LAURA: No entiendo.
MARY: Ese es tu problema conmigo. No me escuchas. No me dejas decir mis cosas. ¿Por qué dices que eres mi amiga si me haces eso?
LAURA: Epa, no es así… yo te lo puedo explicar.
MARY: Ajá dime, ¿Qué puedo hacer si el desgraciado ese, hipotecó este apartamento, hasta los muebles, para comprarse un penthouse en Panamá... (Llora).
LAURA: (Boquiabierta y aliviada por la confusión) ¡No! O sea…
MARY: Sí… (Por el sobre) Aquí lo dice… y me quedé en la calle porque lo demandaron por incumplimiento.
LAURA: Es como para matarlo y lanzarlo al Canal.
MARY: Ni eso vale la pena porque terminaré, limpia y pudriéndome en la cárcel.
LAURA: Espérate, no te pongas así… A lo mejor eso no procede, porque tú eres la señora y si no firmaste, pues…
MARY: Sí firmé…
LAURA: Ah vaina… entonces, ya lo sabías.
MARY: No. De esto no. Yo firmé separación de bienes para que se casara conmigo…
LAURA: Guevona tú… ¿Cómo se te ocurrió, vale?
MARY: (Histérica) No fue idea mía sino de la cacatúa gallega ésa. Vivía remachándome dizque yo soy una muerta de hambre.
LAURA: ¿Pero qué le pasa? Tú… tú, vienes de una familia bien… O sea: de colegio de monjas, de vacaciones en Disney… ¡De Universidad paga! Pero, esa vieja está tostada o ¿qué?
MARY: No me perdona que sea su nuera…
LAURA: Por culpa tuya. Párala en seco. Dile así (se le cuadra): ¿Qué es lo que te pasa? ¿Tú eres Yocasta?, ¡Yo puta!
MARY: (Escandalizada) ¿Yo?
LAURA: Es una metáfora. Mira Laura: ¿sabes que es lo que más me gusta de Omar? ¡Que es huérfano y medio pela bolas!
MARY: No te creo… tiene buena pinta…
LAURA: Lo único que heredó de su familia fueron sus genes. Y eso es lo que a mí, me interesa. ¿La plata? se consigue. En cambio un buen ADN… tú me dirás.
MARY: Sergio, como que… Ay chica, ¿será estéril? Pudiera ser. Ellos son pura apariencia.
LAURA: Caras, se ven… pero corazones, cuentas y demás… (Repica el teléfono)
MARY: ¿Aló? Ya lo sé todo. Estamos hipotecados y todo por tus sueños de grandeza. Tú eres un nuevo rico con ínfulas de Onassis. Igual que tu madre. Pues sí me meto con tu madre, vieja mentirosa, mamasantos, castradora… ¡No me callo! Nunca te negué que, que nos arruinamos por las borracheras de papá. Tú sabías con quien te ibas a casar y yo no… (evidentemente le colgaron) ¿Viste, no? Este coño e’ madre, por nada se molesta… (Una gran sonrisa triunfalista se le dibuja en el rostro.)
LAURA: ¿Mejor?
MARY: Pues sí. Quedé livianita. (Cuelga el teléfono. Se recuesta.)

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