Una probadita de la novela de David Shobbin

 Parece que sí es complicado conseguir este libro de David Shobbin EL NO NACIDO, en las pocas librerías que recorrí no encontré ni un ejemplar, aclaro que fueron librerías de usados, en el catálogo de Gandhi ni siquiera aparece el libro y es una lástima porque es un texto muy bueno. 

El no nacido


 Omega





        La luz roja que indicaba terminación se encendió en la consola del programador: fin del registro. Pattner, el programador, acababa de interrogar a la computadora sobre el significado de los datos anteriores. La respuesta de la máquina debía ser suficientemente sencilla, porque un adelanto tecnológico reciente permitía a su mecanismo hacer la evaluación de todos los parámetros de un registro. Si éste era incompleto y poco propenso a una interpretación lógica, la computadora indicaba en términos generales: "información insuficiente". Esta vez no hacía más que contestar: "omega". En otras palabras, no estaba contestando.
-Omega otra vez -comentó Pattner.
-¿Qué diablos se supone que significa eso?
-¡Yo qué sé!
-Perfora de nuevo.
-Ya recorrí todo el proceso dos veces.
-¿Crees que la "maquinita" esté pensando otra vez?
-Podría ser.
-Muy bien. Entonces, punto final y manda a la memoria lo que hayas obtenido.
Pattner activó el circuito de la memoria y trató de poner las cosas en la perspectiva adecuada. Durante los últimos meses la computadora había estado dando señales de algo muy cercano a la irracionalidad humana. Por lo visto, la tecnología que permitía a la computadora analizar sus propias respuestas la había dotado también de la capacidad de establecer asociaciones libres con sus propios bancos de memoria. Mediante el proceso de exploración de su memoria para la recuperación de datos, la computadora había empezado a unificar acontecimientos, al parecer sin relación mutua, hasta el grado de hacerlos aparecer plausibles. En cierto sentido, formulaba hipótesis. Pero con demasiada frecuencia las hipótesis aparecían expresadas en términos casi humanos. Y, a últimas fechas, las respuestas de la computadora parecían positivamente las de una persona malhumorada, irracional o sarcástica.

  La computadora del hospital era la segunda en tamaño en Estados Unidos. Sólo la superaba el equipo electrónico de la NASA. Sin embargo, su ámbito era bastante más complejo. Los diseñadores del aparato habían construido los bancos de memoria de manera que pudieran almacenar todos los aspectos conocidos de la medicina. Cuando se le pedía algo podía contestar con la información médica más trivial, e integrar las peticiones relacionadas dentro de un registro unificado y preciso. En términos oficiales se hablaba de ella como la Computadora Médica Integrante, y se la conocía con el sobrenombre de MEDIC.

Una de las facetas más valiosas de MEDIC era su tabulación y evaluación de datos a partir de los centenares de estudios de investigación que estaban en marcha dentro del hospital y de la universidad circundante. Día tras día se programaban y sometían a MEDIC todos los datos obtenidos en cada uno de los trabajos de investigación. Todos los días, al anochecer, MEDIC revisaba y evaluaba la información para que los científicos hicieran las modificaciones o correcciones necesarias en sus trabajos.

  El espectacular desempeño inicial de su tarea hacía que la reciente conducta errática d MEDIC fuera todavía más desconcertante. Los programadores daban a su formulación de hipótesis el nombre de "pensar" , y de hecho se preguntaban con toda seriedad si realmente no reflexionaría al estilo humano. La verdad era que establecía asociaciones libres en una sucesión mucho más lógica de lo que podía haberse esperado, de suerte que nadie dudaba de que estuviera produciéndose alguna forma de evolución mecánica. Lo más difícil parecía se: averiguar por qué MEDIC empezó a pensar precisamente en las circunstancias en que lo había hecho.

    Después de semanas enteras de trapacerías matemáticas, el equipo de programadores acabó por elaborar un programa cuyo título fue motivo de bromas de mal gusto y retruécanos irónicos. Se le había dado el nombre de "descubrimiento de la unión entre acontecimientos de libre relación" (Freeyly Relating Event Union Detection). Lo llamaban FREUD.

      Freud demostró que no era una broma y que procuraba estar a la altura de su nombre. El programa había resultado ser todo lo que sus autores esperaban. Tabulaba todos los acontecimientos que tenían entre sí una relación libre y los catalogaba bajo múltiples registros. Una por una iba eliminando todas las variables. 
La respuesta se hallaba en la información proporcionada a la computadora. Todos los datos programados en MEDIC tenían una semejanza básica: se trataba siempre de un hecho médico muerto, aislado, tanto del pasado reciente como del remoto. Pero había una excepción. En un lejano rincón del hospital estaba el único laboratorio que alimentaba a MEDIC con datos vivos. Estos provenían de voluntarios que participaban en investigaciones sobre el sueño. Mientras dormían, sus ondas cerebrales se remitían a MEDIC para un análisis. Al final, Freud revelaba que la extraña actividad "humanística" de MEDIC coincidía con las pautas de sueño de los sujetos. 
-¡Esta es una pinche máquina soñadora! -rugió Pattner.
Pero el suprevisor lo corrigió:
-MEDIC no sueña. Lo único que hace es asociar, mientras los individuos sueñan.
-El problema es idéntico -insistió Pattner-. Primero teníamos una computadora pensante. Ahora empieza a soñar. No puede predecirse qué va a hacer después.
Como si  tratara de dar un indicio, la luz de emergencia brilló en el tablero con su intensa tonalidad naranja. La computadora estaba fallando. Sin dilación, Pattner aplastó su cigarrillo y oprimió el interruptor para detener todos los circuitos. Un zumbido lento y agudo se percibió con suavidad, en el momento en que la serie de mecanismos dejó de funcionar. A petición de Pattner, el supervisor revisó cada uno de los circuitos. Un repaso rápido demostró que todos debían estar funcionando normalmente. Sin embargo, no era así. El supervisor observó a Pattner y explicó: -
-Es la primera vez que esto sucede.Oprime el botón de anular -sugirió.
Pattner lo hizo y una unidad aislada de la computadora empezó a trabajar. Sus cintas giraban con lentitud. En forma simultánea, la máquina de escribir de la computadora inició sus rítmica impresión de caracteres ante los ojos atónitos de los dos expertos. No imprimió más que una palabra.
Flotante.
El supervisor fijó la mirada en Pattner.
-¡Santo Dios! ¿Qué diantres es eso?
Pattner pulsó una serie de botones y otras unidades electrónicas iniciaron su movimiento automático. Las cintas dieron vuelta al unísono durante un momento y luego pararon de protno. Apareció un nuevo registro:
Iniciar diálogo.
Pattner y el supervisor contemplaron atónitos las letras impresas. Después, todas las unidades de la computadora se pusieron a trabajar en forma repentina. Sus cintas giraban con velocidad creciente, el nivel del ruido aumentó en intensidad dentro de aquel recinto. Pronto se volvió ensordecedor, como un rechinar desagradable de ruedas de locomotora.
-¿Oprimiste el botón de restaurar? -gritó el supervisor.
-¡Yo no he tocado esa indecente cosa! -contestó, también a gritos, Pattner.
-¡Por amor de Dios! ¡La cosa no puede empezar por sí sola!
Los dos científicos se quedaron pasmados al comtemplar el despliegue de actividad que tenían delante. Allá, en las profundidades de sus mecanismos interiores, el cerebro de MEDIC había vibrado con ritmos vitales. 


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