Monólogo para mujer texto completo

Este texto surgió como un cuento después de que sucedió un hecho curioso en Guadalajara: una persona juró que encontró un hada en un árbol de su casa, la capturó, pero el hada murió y la puso en un vaso con formol. 

Mucha gente fue a ver a la supuesta hada, que solamente era una muñeca de plástico. 

Pues de esta situación surgió este texto, que queda perfecto para un monólogo, o si lo deseas también lo puedes presentar con la otra mujer, que no aparece, pero que se sabe está ahí.

Monólogo para mujer texto completo


Hadas de cuento

Tania Ruíz


Dos mujeres, solo una habla o puede ser solo una mujer y se dirige al público. Está en la calle, es una mujer de clase baja, muy baja. Está pasada de peso y se ve cansada. 



Estoy haciendo fila desde hace dos horas para ver al hada. Me enteré  por los vecinos que el Poncho la encontró en la rama de un árbol, pero creyó que era un animal y mire, le arrancó una patita y la mató. ¡Qué bruto! Vine anoche, pero estaba todo cerrado y oscuro, ya no pude entrar. No conozco muy bien a la Domitila, la mamá del Poncho,  tiene poco viviendo en el barrio, así que no me animé a tocar para que me dejaran ver al ser de luz.

Imagínese que emoción, no pude dormir de la sensación tan bonita que tuve, sentía como mariposas revoloteando por todo mi cuerpo. Me pasé toda la noche dando vueltas en el catre. Es una señal, me dije, una señal de que todo se va a solucionar, porque yo estuve rezando para recibir una guía, es que agarraron a José, mi hijo, y me lo encerraron. Por eso estoy tan ilusionada, yo creo que esa hada es la respuesta a mis problemas, lástima que la hayan matado.

Mire no es la primera hada que se aparece por aquí, ya habían visto a otras, pero no las podían atrapar.
Por fin Poncho agarró una, la noticia se regó como pólvora, a la mañana siguiente ya estaban las colas de gente, todos los de la colonia vieron el hada, sólo falto  yo; ahora vienen de otros lados para  presenciar el milagro, es que estas señales son las que nos impulsan a seguir viviendo en estos tiempos tan difíciles. Dice mi comadre que cuando vio al hada, aunque sólo fue un ratito, sintió que su corazón se llenaba de ganas de vivir.  
Yo necesito fuerza para sacar a mi hijo de la cárcel, no es malo, ya sé que todas las mamás dicen eso, pero en mi caso es verdad José no se mete con los malandrines del barrio, es buen hijo, desde chiquito era muy considerado y listo; cuando llegaba mi marido tomado, José agarraba a sus hermanos y se los llevaba a la calle. Él solito cuidaba a los cuatro escuincles, así yo podía atender a mi señor porque la borrachera siempre lo volvía loco, golpeaba todo lo que se le ponía enfrente, pero a mí no me pegaba muy fuerte.
El José cuidaba a los niños y se quedaban afuera de la casa hasta que yo les abría la puerta, a veces les daban las dos de la mañana en la calle, pero mire, el niño no se dormía, velaba el sueño de sus hermanitos, las pobres criaturas se acomodaban encima de unos cartones que teníamos ahí preparados y dormían a pierna suelta.
El problema es que mi muchacho ya cumplió los dieciocho años, si fuera más chico lo saco fácil del Tutelar, pero ahora lo mandaron a la grande, y no lo quieren dejar salir, la cosa está fea, ¿usted cree? Lo acusan de andar con los narcos  poderosos. No, ¿pos cómo? José ni de chiste que los conoce, en el barrio hay puros tipos sin importancia, de esos que venden la motita para que uno esté contento, pero los meros grandes no se paran por ahí. ¿Para qué? Esos viven en sus ranchotes, con un montón de dinero y trepados en sus camionetotas. A los repartidores de la cuadra les va mal, apenas si ganan y son los que se exponen a que los atrapen, porque la policía bien que sabe sus movidas, pos si son los primeros en comprar la yerbita.
Hace quince días agarraron a casi todos los repartidores, pero sólo a los que trabajan para la Hermandad a los otros ni los tocaron. De pura mala suerte mi hijo andaba en la calle y se lo llevaron en el montón. ¡Viera qué susto pasé cuándo el muchacho no llegaba! Ya luego me avisaron que lo habían trepado a la patrulla.
A ver si ya nos toca entrar, el sol está fuerte, mire me traje mi refresco, ¿quiere? También tengo un lonche porque cuando vi la fila dije: eso va para largo. Me vine preparada. Lo bueno es que mis hijos están en clases, van a la escuela en la tarde. Los tres más chicos porque el de 16 ya trabaja, terminó la secundaria y ahora está en la fábrica, tiene turno doble apenas así le va bien, y con eso de que ya va a ser papá; embarazó a la novia. ¡Ay estas chamacas! No se respetan, la niña tiene catorce años ¿usted cree? Y ya con un niño en camino. Viven en mi casa, ella también quería venir pero está delicada, tiene que quedarse acostada todo el día,  vi la fila y le dije que mejor yo le llevo una foto. ¡Pero cuestan veinte pesos! Es lo único que traigo en la bolsa, mejor compro un litro de leche y algo para cenar. Pobrecita se va a quedar con las ganas, mañana será otro día, ya después vendrá ella, cuando se alivie.
Yo nunca he visto un hada, ni un fantasma, ni nada parecido. Bueno, la semana pasada vi una lucecita que se movía, mi nuera creía que era una luciérnaga pero ya no se ven en la ciudad. Además el brillo que vi era diferente y se movía muy rápido, no como nosotros que parece que ni avanzamos oiga. La fila casi no se mueve, ¡qué envidia me da con las personas que ya entraron! Me hubiera formado temprano pero tenía  que ir a la penal, no me han dejado ver al muchacho ¿usted cree? Hoy tampoco pude verlo y como ni licenciado tengo pos ni quejarme puedo. Nadie me informa nada, me dejan ahí horas, esperando. No me han dicho de su fianza, nomás me traen vuelta y vuelta llevando un montón de papeles que luego no sirven.
En la penal nos tratan rete mal, viera, la esculcan a una por todos lados, sin ningún respeto y, como nos ven jodidos, más se aprovechan: yo traía todo el dinero que gané en la semana, trescientos pesos para dárselos a José. Me los quitó la guardia que me esculcó. Ni cómo quejarse. Me tuve que regresar caminando porque a mí no me gusta pedir.  Menos mal que en la casa tenía estos veinte pesos.
Pobre de mi hijo, sin dinero allá dentro, quién sabe las cosas que le han de hacer, ni me lo quiero imaginar. Y mi hijo está guapo, sólo espero que no sufra mucho cuando lo agarren. Lo bueno es que a todo se acostumbra uno, menos a no comer, cuando mi marido me obligaba a hacerlo así, por atrás, yo sufría mucho. Después me acostumbré y ya no sentí nada. Pero una es mujer  y sabe de esas cosas. Espero que no me lo hagan maricón, mi hijo es bien machito, ojala que no cambie con esa experiencia.
También para eso quiero ver al hada, yo creo que esos seres aunque estén muertos, pueden hacer milagros. Le voy a pedir que me cuide a mi hijo, mire traje una cadenita con su cruz, cuando vea al hada voy a hacer que se me caiga la cadena al formol, así queda llena de la energía mágica y yo creo que le puede servir de talismán protector a mi hijo. Ya sé que el padre Gabriel dice que no nos dejemos engañar con los falsos profetas, pero esto es obra de Dios, ¿de quién más?
Mire cuánta gente está aquí, yo le aseguro que hay muchos que creen en Dios y  también en estos seres de otras dimensiones. Oiga, acabo de darme cuenta que en los barrios de los ricos nunca pasan milagros, al menos que yo sepa. Si Dios nos ampara,  no tenemos dinero pero nos manda mensajes para que confiemos en él. Hace unos meses apareció una mancha en una pared, ¿no se enteró? igualita a la cara de Jesús con corona de espinas y todo,  dijeron que era curativa y que a varios enfermos les hizo el milagrito de aliviarlos. Yo quise ir pero no tuve dinero. No fue en la ciudad, fue por allá en la Sierra, en un pueblito de esos abandonados por todos, menos por Dios.
Lo que no sé es porqué el hada se le apareció al Poncho, es un tipo de la fregada. A él también lo agarró la policía, pero lo soltaron al día siguiente. Dicen que no había cargos en su contra. Pos tampoco debe de haber cargos en contra de mi hijo. Quiero averiguar cómo le hizo para salir. Mire intenté preguntarle por José el día que salió,  yo quería saber cómo estaba mi hijo, pero el Poncho no me quiso ni recibir y yo casi no hablo con su mamá. Llegaron hace como dos meses al barrio, reciben muchas visitas de tipos que dan miedo.
Usted no es de aquí y puede pensar que la colonia está muy fea, yo la veo medio asustada, se nota que usted no está tan jodida, por sus zapatos y su ropa, los de aquí no se visten así. Aunque rica tampoco es ¿verdad? No trae carro, la vi bajándose del camión, además si vino a este barrio, sola, es porque necesita un milagro ¿de amor? Sí, se le nota, usted ha de tener problemas por un hombre. Yo sé de eso. Ya le recordé algo feo ¿verdad? No se preocupe, sea lo que sea el hada la va a ayudar. Tenga fe, ya ve que dicen que la fe mueve montañas.
Y por el barrio no se preocupe no comemos gente, aunque tengamos mala fama, al contrario nos cuidamos y somos como una familia. Bueno, a los extraños sí les puede ir mal, pero sólo en la noche; es por protección de la colonia, los chavos tienen que cuidar el territorio para que no vengan aquí a hacer sus maldades las otras pandillas.   
Desde que llegó el Poncho aumentaron las peleas, por los malandrines que vienen a visitarlo. Son tipos locos que andan con la pistola de fuera, a mí no me gusta hablar mal de la gente ni juzgar sin conocer, yo sólo digo que las compañías del Poncho no son buenas y el que anda con lobos…
Algo bueno debe de tener el tipo, porque el hada ya le está haciendo milagros, primero el milagro de aparecérsele y ahora el milagro de hacerlo rico. ¡Con lo bien que me caerían a mí tres pesos por persona! Saque cuentas, aquí formados estamos como cien: trescientos pesos sin salir de casa, ¡yo los gano en una semana! Y ya han entrado como mil personas. Pero son considerados, podrían cobrar más y aprovecharse, tres pesos, es justo para todos.
¡Mire! Ahora hasta famoso se va a hacer, ya llegaron los reporteros. Claro, pos todos querrán saber la noticia del hada. ¿Me veo bien? Ojala que nos entrevisten para salir en la tele. Yo nunca he salido en la tele y eso que aquí vienen seguido los de las noticias: cuando hay muertitos o durante los operativos de la policía siempre llegan las cámaras. Pero  yo tengo mala suerte, la última vez, cuando atraparon a mi hijo, yo quería salir y quejarme de la injusticia de la justicia por llevarse a los pobres inocentes y tratarlos como culpables. Por más que grité y grité el reportero no me hizo caso, nomás entrevistó a los que hablaban bonito del gobierno. Los descontentos éramos muchos pero no salimos en la tele. Yo no sé cómo le hacen pero tampoco se oían nuestros gritos de queja.
¡Salude a la cámara! ¡Qué emoción! ¡Ahora sí se me cumplió el deseo! Es por la presencia del hada, ¿no cree? Ya me está cumpliendo deseos; siempre quise ser actriz y actuar en las telenovelas pero con estos pelos de estropajo y este cuerpo de tambo de agua no se puede salir en la tele. No, ahí quieren puras flacas, las gordas no cabemos.
Las gordas no cabemos en ningún lado, usted de eso no sabe porque está en los huesos pero yo… mi marido me  dejó dizque por gorda, yo creo que se cansó de trabajar y mantener a los chamacos, ni sé si todavía está vivo. Se desapareció hace como cinco años y no volví a saber de él. Así es la vida.  
¿Usted cree que si le pido al hada el milagrito, me haga flaca? Engordo de la nada, casi ni como, puro refresco y bolillo que es lo más barato. Y los frijoles que, gracias a Dios, nunca faltan. En la cárcel sí comen rete mal, eso cuentan, que si tienes dinero comes, si no tienes pura basura te toca.
Oiga, con usted aquí, se me pasó el tiempo volando, ya vamos a llegar, diez personas más y nos toca entrar, mire la voy a dejar pasar a usted primero, así yo quedo de última para poder hablar sin prisas con el Poncho, por lo de mi hijo. A ver si él me puede ayudar a que salga el muchacho. Es que estoy desesperada ya no sé qué hacer. Pero usted me espera afuera y yo la acompaño a tomar el camión, nomás por seguridad para que no le vayan a decir nada los hombres calenturientos.
¡Esos son los malandrines que le digo! Voltee despacito, con mucho disimulo, y no se les quede viendo o son capaces de matarla. Mírelos, con sus caras de perros rabiosos dispuestos a morder a las personas. ¿Por qué se hará mala la gente? No tienen temor de Dios ¿Ya se fijó en el bulto debajo de la camisa? Son las pistolas.
No, no se vaya, si no pasa nada, ahorita se van y ya nos va a tocar entrar. Tanto rato que hemos hecho fila ¿cómo se va a ir ahora que está a punto de ver el hada? Mire yo soy del barrio, quédese conmigo y no le pasa nada, ya le dije que yo la acompaño a tomar el camión. Aquí es tranquilo, de veras. Mire hay que sentarnos  en la banqueta donde hay sombra, para descansar un rato. Ya tengo los pies hinchados, caminé mucho.
Oiga, se oye mucho relajo allá adentro.
Sólo falta que a esos cabrones se les ocurra llevarse al hada y no nos dejen verla. Cuídeme el lugar, voy a acercarme a ver si escucho… ¡mire! Ya se abrió la puerta… ¡ay Diosito! ¡Córrale doña, o nos chingan!... ¡Agáchese!... ¡Ay Señor!... ¡Ay mi Dios!...
¡Qué luminoso se puso todo! Es por la presencia del hada ¿Huele eso? Parece que estamos en un jardín con muchas flores. Tanta luz me encandila, ya no puedo verla. Déme la mano para saber dónde está… ¡Mire! ¿Ya las vio? Son muchas ¡Qué lindas! Como foquitos de colores pero con alas. ¡Qué rápido se mueven!  Déme la mano, no sea tímida. Como que oigo su voz pero muy lejana. No se vaya, quédese un rato más. Cuánta tranquilidad. Me hacía mucha ilusión ver un hada y ahora hay tantas.
Váyase si quiere, yo me voy a quedar aquí, rodeada de tanta paz. ¿Había visto algo tan bonito? Yo no.
                                                                                           FIN

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