¡Gracias Gabo!

Hace unos minutos me enteré de la muerte de Gabriel García Márquez, tengo un nudo en la garganta y muchas ganas de llorar. Parece absurdo derramar lágrimas por alguien que no conociste, por alguien que solo intuiste a través de sus historias... sus hermosas historias.

Leí 100 años de soledad casi obligada por mi papá cuando tenía 14 años de edad, después de la primera página lamenté no haber leído ese libro antes. Mi papá me sugirió durante dos años que leyera esa historia y yo, adolescente al fin, me negaba rotundamente.

Recuerdo esas primeras frases que me descubrieron un mundo nuevo, recuerdo la agonía de tener que dejar el libro para ir a la escuela, recuerdo la ansiedad por conocer el destino de los Buendía y recuerdo el despertar sexual y el cosquilleo en el pubis al leer los encuentros apasionados entre... si ya lo leíste sabes a qué me refiero, pero como a este blog llegan lectores nóveles no voy a arruinar el momento contando más sobre la historia.

Después de leer 100 años de soledad me sumergí en el mundo de García Márquez, ante mis ojos desfilaron: El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, Isabel viendo llover en Macondo, La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada... el último que leí fue Memorias de mis putas tristes.

Y ahora Gabo no está más para deleitarnos con esas historias, con ese lenguaje, con esa capacidad de poner en palabras lo que muchos pensamos, pero no sabemos cómo decir.

Los genios no deberían morir.

Quedamos los simples mortales, disfrutaremos tus historias una y otra vez. Llegarán nuevas generaciones de lectores que se asombrarán ante el deseo del coronel de recibir una carta ¿una carta? pero si la inmediatez de Internet lo resuelve todo... llegarán nuevas generaciones de lectores que no sospechan la existencia de un mundo sin teléfonos móviles, sin electricidad, sin hielo... y esos lectores también se enamorarán de sus personajes, también querrán conocer Macondo, también sufrirán por las desventuras de los enamorados, también se darán cuenta que las emociones no cambian con el tiempo y que sólo un genio puede expresar tanto en frases sencillas.

¡Gracias Gabo!


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