Obra de teatro cinco mujeres

Parte 4 del Acto II de "ENTRE MUJERES"
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ACTO I
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Hortencia: Pero no quiero, no quiero.
Luisa: bueno, está visto que esta no es mi noche, me confieso culpable.
Amelia: ¿De qué?
Luisa: fui yo la que envió el diario a la madre superiora.
Amelia: ¿Tú? chica, pero qué actividad no paras...
Luisa: en cuanto al anónimo de ahora
Hortencia: fui yo.
Elena: ¿tú? ¿por qué?
Hortencia: yo también tengo derecho a hacer daño ¿no? ¿cómo pudiste entregar mi diario? ¡arruinaste mi vida!
Carlota: la estás arruinando ahora
Hortencia: estaba humillada, había cometido el pecado más horrible, era el ser más despreciado del mundo.
Carlota: no tienes por qué disculparte
Hortencia: después de la casita yo nunca pude sentir con ningún hombre, me había acostumbrado a ti.
Carlota: ¿te quieres callar?
Hortencia: después de la casita yo nunca pude sentir con ningún hombre, me había acostumbrado a ti.
Carlota: ¿te quieres callar?
Hortencia: aún casada y con hijos te seguía necesitando tanto como en el colegio.
Carlota: ¡ya cállate!
Amelia: ¡durísima la vende huevos!
Elena: ¿durante todos estos años tú y Carlota se han seguido viendo?
Hortencia: sí, para mí cada encuentro era como una aventura más. Creo que sólo he podido soportar el matrimonio por ti.
Carlota: y por cobarde, porque no has tenido el valor de afrontar tu verdadera naturaleza.
Hortencia: no claro que no, yo me desprecio y me detesto.
Carlota: es comprensible. Será mejor que nos vayamos.
Hortencia: estoy bien y no quiero irme, ya no. Ahora vamos a seguir, no soy tan cobarde como tú crees.
Carlota: ¿a no?
Hortencia: no y un día voy a tener el valor suficiente para no verte nunca más.
Carlota: pues por mí ese día ha llegado ahora y sin esforzarme mucho, sólo estaba contigo por aburrimiento.
Hortencia: creo que te debo una disculpa, lo hice porque... bueno, porque tú no me dijiste la verdad. (refiriéndose a Carlota)
Carlota: eres una estúpida.
Hortencia: me aseguró que fuiste tú la que me delató en el colegio.
Elena: ¿yo, por qué?
Hortencia: porque tenías celos de mí, porque tú hubieras querido ir a la casita en mi lugar.
Amelia: todo lo que pasa en los internados ¿verdad?
Elena: quizá hubo insinuaciones cautelosas de tu parte, pero nunca conseguiste despertar mi curiosidad.
Carlota: tampoco lo intenté a fondo.
Elena: hiciste muy bien.
Carlota: no me importa decirlo, de entre todas mis compañeras tú siempre has sido mi preferida.
Luisa: y yo por aquel entonces con mis sueños inocentes de tirarme al hijo del jardinero.
Hortencia: envié el anónimo en un arranque de rabia, me arrepentí en seguida, pero el daño ya estaba hecho.
Carlota: ¡ya cállate!
Hortencia: me da igual, ya todo me da igual. Estoy harta de mis hijos, de mi marido, estoy encantada de que se sepa.
Elena: bueno, ¿qué tiene que ver la amistad de ustedes con Daniel y conmigo?
Hortencia: yo sabía lo de tu marido, pero estaba convencida de que era Carlota la que andaba con él, ella me lo insinuó, ahora comprendo por qué, me tendiste una trampa para que lo descubriera todo. ¡Te odia, está despechada contigo!
Carlota: ¿yo? en lo absoluto.
Luisa: ¡ay muchachas! y yo que nada más soy puta.
Elena: ya no sé qué pensar, no sé si echarme a reír o llorar. Lamento haber desencadenado esta serie de confesiones sorprendentes, por llamarlas de algún modo.
Carlota: tú y tu adicción enfermiza a la verdad.
Elena: ¿tienes algo que reprocharme precisamente tú?
Carlota: no se puede vivir con la verdad
Elena: ¿y con la mentira sí? ¿y con el engaño y con la traición sí?
Carlota: si no fuera por la hipocresía y la tolerancia la vida sería un infierno. Necesitamos mentiras.
Elena: tú las necesitas
Carlota: tú también, tú mundo está sostenido por mentiras y si me dijeras que no esa sería otra mentira.
Luisa: una cosa son mentiras normales como: eres encantadora, es un placer conocerte, pero lo tuyo es una mierda.
Amelia: nauseabunda y hedionda.
Calrota: la opinión de todas ustedes me tiene sin cuidado.
Hortencia: por favor cállense, no puedo soportarlo.
Luisa: ¿pero qué es lo que puedes soportar tú mamacita?
Hortencia: en el colegio entre nosotras existía la amistad, por qué ahora, después de tantos años, nuestras raíces continúan ahí en los salones de clase.
Carlota: ¿sabías que la maestra Ángeles, tan severa, siempre con su candado de santidad en la boca, fue la que hizo que te expulsaran? solía tener una secretísima predilección por alguna de las alumnas.
Luisa: y esa pasión oculta fuiste tú.
Carlota: supongo que sí.


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