Teatro para mujeres

Cuarta parte de la obra ENTRE MUJERES

Carlota: yo tengo verdadera curiosidad, y creo que ustedes también, Elena ¿por qué nos reuniste?
Elena: lo venía pensando desde hace tiempo, reunirnos otra vez, platicar algo de nosotras a partir del 64, saber cómo nos ha ido, nuestros éxitos y fracasos...
Carlota: noche de confidencias, en conclusión. 
Luisa: (mostrando una botella vacía) el primer cadáver de la noche.
Amelia: y sin contar los dos que nos bebimos en la cena.
Elena: aquellas cinco colegialas se han convertido en leyes, letras...
Luisa: Puta de lujo presente.


Carlota: ¿Y por qué vamos a brindar ahora?
Elena: por nuestros secretos inconfesables.
Luisa: O por los que andan corriendo por ahí.
Carlota: entonces, das por hecho que tenemos un secreto.
Elena: uno por lo menos, sí.
Hortencia: yo no tengo ninguno importante.
Luisa: si hicieran una telenovela con tu vida tendríamos que cambiarle de canal. 
Carlota: bueno, por nuestros secretos inconfesables.
Amelia: ¡por los más inconfesables!
Todas: ¡salud!
Elena: me encanta que hayan venido, además me da gusto verlas tan guapas, tan cambiadas.
Amelia: no te fíes de las apariencias Elena, debajo del modelo más exclusivo te puedes encontrar a tu peor enemigo.
Hortencia: a mí me gustan las reuniones para recordar viejos tiempos.
Carlota: ¿Recordar para qué? ¿para descubrir que ya no somos las jovencitas de 15 años de antes?
Amelia: a nadie le interesa regresar a los 15, en cambio a los 30... es la edad perfecta, a poco no.
Luisa: es cierto, yo tuve 30, ocho años seguidos.
Elena: a los 30 te quedan pocas funciones, pero todavía no se acaban, ya no eres una ingenua, pero no estás amargada.
Carlota: ¿Tú estás amargada?
Elena: pues empiezo, primer curso.
Amelia: pues yo hasta diploma tengo y cuadro de honor también.
Luisa: el problema con ustedes es que piensan mucho en la edad, la primera vez que yo cumplí 30, lo celebré con un hombre en Viena, era un escándalo el tipo, tenía 65 años de edad y una batuta increíble.
Hortencia: ¿a esa edad?
Luisa: miren a la mosca muerta ¡era director de orquesta!
Elena: ¿no les parecería interesante saber hasta qué punto hemos cambiado?
Carlota: a mí las terapias en grupo no me convencen, una mujer se puede confesar con un sacerdote, pero con otra mujer jamás, le sería muy difícil engañarla.
Elena: yo diría que es imposible.
Amelia: pues a mí el chisme entre amigas me encanta; saber cuántos amantes hemos tenido antes de casarnos...
Elena: o después.
Amelia: cuántas veces a la semana hacemos el amor, cuál es nuestra pose preferida...
Luisa: Yo cualquiera, no tengo manías.
Hortencia: me voy, no me interesa hablar de esas cosa. 
Luisa: pero te sirven para aumentar tu acervo cultural mamacita, a ver ¿tú sabes cuál es la diferencia entre la postura tailandesa y la del beduino cara la meca?
Hortencia: no, pero me la imagino.
Luisa: a qué nunca has hecho el amor en un auto y sin querer tocaste el claxon con las pompis!
Hortencia: no, no.
Amelia: ¡vieras qué pinche susto!
Luisa: ya ves, mejor quédate, porque esta noche deslumbrarás a tu marido. 
Elena: los maridos nunca se deslumbran por eso.
Amelia: al contrario, se indignan. Ni se te vaya a ocurrir hacer eso.
Carlota: como escritora podría resultar interesante el juego de la verdad.
Amelia: sí.
Carlota: el alma de cinco mujeres al descubierto.
Amelia: ¡cinco almas encueradas! pero eso podría resultar peligroso también, afortunadamente yo me tengo que ir temprano.
Hortencia: ¿por qué?
Amelia: bueno, porque a las 12:30 en punto estoy citada con mi marido para reanudar el maravilloso silencio que mantenemos desde hace una semana.
Hortencia: si se va Amelia me voy yo también.
Luisa: no se preocupen, apenas son las 10 y cuarto y cuando varias amigas se reúnen para hablar sin tapujos se enciende una mecha y en menos de una hora, ¡pum! todo vuela por los aires.
Carlota: confundes la sinceridad con la agresividad.
Luisa: puede ser, pero jamás he confundido un comal con una olla.

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