GUION DE TEATRO MEXICANO

     Hoy le toca el turno al teatro mexicano, con una obra de Emilio Carballido: ROSA DE DOS AROMAS. Estrenada en el Teatro Coyoacán en 1986.

ROSA DE DOS AROMAS es la historia de Marlene y Gabriela, mujeres que se conocen en el reclusorio, mientras esperan para ver a su respectivo marido. El marido en cuestión resulta ser bígamo y andar con las dos mujeres. Marco Antonio, a quien Marlene le dice Tony y Gabriela Maco, está en prisión por tener relaciones con una chavita menor de edad. 

Al platicar sobre su vida, Marlene y Gabriela se enteran del engaño en el que han vivido y deciden irse sin ver a Tony. Pero Marlene no soporta ver al hombre en la cárcel y le pide a Gabriela  que reúnan el dinero necesario para la fianza. Gabriela se niega, al principio, pero después de una borrachera decide que no quiere ser la mujer de un presidiario así que llama a Marlene y acepta su propuesta.

Las dos venden cosas, organizan tandas y rifas para sacar al infeliz de la cárcel. Tienen que reunir un millón de pesos (de los viejos, recuerden la fecha en la que se estrenó, ahora serían cien mil pesos) y, después de mucho esfuerzo lo logran.

Pero deciden que Maco-Tony ya no les hace falta y lo dejan en la cárcel. Ellas se van a disfrutar del dinero en el mar.

Es una obra con situaciones muy cómicas, aunque ha perdido un poco de actualidad (sobre todo cuando habla de fayuca, el marxismo y los homosexuales) pero se puede adaptar porque mujeres que aceptan el engaño de un hombre siempre hay.

Se sugiere que se presente en un escenario casi vacío y el vestuario es muy simple. 


Rosa de dos aromas
De Emilio Carballido
Personajes:
Gabriela
Marlene
Ocurre en un foro prácticamente vacío. Es posible tener un fondo distinto para
cada lugar que se sugiera.
(En sendas sillas, dos mujeres esperan. La primera lee, toma notas en una libretita o
subraya en el libro. La otra no tiene nada que hacer. Se ve al espejo, se retoca. Se ve las
uñas, se sienta y se observa el peinado.)
SEGUNDA.- Siquiera usted trajo libro.
PRIMERA.- ¿Decía?
SEGUNDA.-Que siquiera trajo libro. No hay aquí ni una revista.
PRIMERA.- No, ¿verdad? (Sigue en lo suyo)
SEGUNDA.- Se tardan. Hágame favor: ¿qué tanto es sacar a un pobre infeliz de su
celda y traerlo aquí?
(Pausa larga)
PRIMERA.- Papeleo.
SEGUNDA.- ¿Cómo?
PRIMERA.- Papeleo. Digo, que han de… sellar papeles y… firmar y… cosas de…
esas. Papeleo. Para traerlo.
SEGUNDA.- Ah, pues sí.
(Silencio. Ahora, la primera se fastidia con su libro.)
PRIMERA.- No es novela.
SEGUNDA.- ¿Qué?
PRIMERA.- Esto. Es un libro técnico horrible. Libro técnico.
SEGUNDA.- Ah. (Pausa. La primera vuelve a su libro.) Usted es técnica.
PRIMERA.- No. Traduzco. Me lo traje para adelantar un poco. Leo, subrayo, hago
notas…
SEGUNDA.- Traduce… ¿del inglés?
PRIMERA.- Sí.
SEGUNDA.- ¿Y le pagan por eso?
PRIMERA.- ¡Claro! Es mi trabajo. Si no, ya parece. “Un dilema, adobe o cemento en la
vivienda popular”. Hágame favor. También se francés.
SEGUNDA.- Ah. Pues sabe muchos idiomas.
PRIMERA.- Dos, nada más. Bueno, y el español, tres.
SEGUNDA.- Son muchos. Yo, con trabajo, el español, así que… ¡y sirve el inglés!
Tengo un saloncito de belleza y a veces caen gringas. Estaría bien saber inglés.
PRIMERA.- Pues sí.
SEGUNDA.- A ver si un día aprendo.
PRIMERA.- Estaría bien.
SEGUNDA.- Aunque no tengo tiempo, en realidad.
PRIMERA.- En su casa, con discos.
SEGUNDA.- Mh, mi casa; tengo dos hijos: el mayor y el chiquito.
PRIMERA. —Viene a ver a su esposo.
SEGUNDA.- Eh, sí. Mi señor. Es el papá del más chico. El mayor fue de otro papá.
PRIMERA.- Se divorció.
SEGUNDA.- Me separé. Divorcio… pues para qué. No tiene caso.
PRIMERA.- Divorciándose, puede casarse otra vez.
SEGUNDA.- No. Es que… con aquél no estaba yo casada.
PRIMERA.- Aaah. Ah. Qué bueno. Así pudo casarse ahora.
SEGUNDA.- Casarme… pues, no. Con éste, tampoco.
PRIMERA.- Ah, sí. Eh, bueno, no es… no importa tanto. Para seguridad, si acaso.
Poder exigirle.
SEGUNDA.- Seguridad… de todos modos son desobligados. ¿A poco no? ¿A poco no
es desobligado el suyo?
PRIMERA.- ¿El mío? (pausa) sí.
SEGUNDA.- Y usted es casada.
PRIMERA.- Sí.
SEGUNDA.- Y ya ve, anda acarreando a todas partes su ladrillo en inglés. Se ve que la
cosa está grave.
PRIMERA.- Eh, ah, mh, bueno… con él aquí… es que con el accidente que tuvo…
SEGUNDA.- ¿Accidente?
PRIMERA.- Maneja muy mal. Atropelló a una muchachilla y parece que no fue grave,
pero… aquí lo tienen.
SEGUNDA.- ¡Qué barbaridad! ¿La mató?
PRIMERA.- Ni lo mande Dios. No, no fue grave, parece. Todavía no veo a Maco, no sé
realmente que pasó. Pero tiene derecho a fianza, entonces, no puede haber sido tan
grave.
SEGUNDA.- Lo del mío si fue grave. Lo acusaron de violación.
PRIMERA.- ¡Violación!
SEGUNDA.- Dizque. De una menor. Pinche escuincla caliente. Son provocativas y se
acorazan con los profesores. Y luego van a chillar con sus papás, que “ay papá, ya me
ponchó el profe”. ¡Y son ellas las que empiezan! Eso le sucedió a Tony. Yo digo: él es
hombre, le llegan las chamacas, de resbalosas, ¿qué va a hacer?
PRIMERA.- Aguantarse. La verdad, me parece un abuso meterse con una alumna.
SEGUNDA.- ¿Pero si la alumna se mete con él?
PRIMERA.- ¡Pues rechazarla! Con buen modo. Es un abuso porque el maestro es centro
de atención y de atracción. Por el poder que tiene, porque es imagen paterna. ¿A poco es
bonito que un papá se meta con su hija, aunque ella empiece?
SEGUNDA.- No, pues no, claro. No, la verdad. Y bien que se nos antoja a todas nuestro
papá, pero pues no.
PRIMERA.- ¿Ya ve? Perdone la franqueza. Mi marido también es profesor y si yo le
supiera que había hecho algo así, me iba a oír.
SEGUNDA.- No, fíjese, yo estoy bien enojada. Pero… me pongo en su lugar.
PRIMERA.- Yo también he dado clases y mire, como no estoy vieja ni parezco
espantajo, toda la bola de escuincles andan queriendo restregárseme y me ponen ojos de
borrego. Luego, dicen que me van a llevar los trabajos a mi casa. “Si no estoy, se lo dan
a mi marido.” Con eso se calman. Ya parece, bola de muchachos granosos…
SEGUNDA.- Tiene razón: los escuincles con granos son horribles. Yo tengo una receta
que quita granos y barros. Se la voy a dar.
(La primera va a aclarar algo, mejor se calla. Busca un cigarro)
PRIMERA.- ¿Fuma?
SEGUNDA.- ¿Se podrá?
PRIMERA.- Yo diría que sí. No hay ningún letrero.
SEGUNDA.- Ay, bueno, sí. Gracias. Ya me andaba de ganas. No hay ceniceros.
PRIMERA.- En un kleenex echamos la ceniza.
(Fuman. Pausa)
SEGUNDA.- Yo me llamo Marlene. Me pusieron igual que al salón de belleza, porque
a mi madre le encantaba esa artista del cine mudo, Marlén Dietric.
PRIMERA.- (Muy alemanamente) Marlene Dietrich. Es del cine hablado.
MARLENE.- Esa. Pues así me llamo, Marlén. Pero me acostumbré a decirlo con la e
porque la gente es muy ignorante y siempre la pronunciaban, lo mismo en la escuela,
Marlene.
PRIMERA.- Es alemán, si se pronuncia la e.
MARLENE.- ¿Ah, sí? También sabe alemán.
PRIMERA.- Muy poco. Pero sé pronunciarlo.
MARLENE.- Mire. (se ríe a fuerza.) Pues las ignorantes éramos mi mamá y yo. Así que
siempre fui Marlene. Pues de todos modos, Marlene me quedé. ¿Y usted?
PRIMERA.- ¿Yo? Me llamo Gabriela.
MARLENE.- ¡Ay que bonito! Y ése no pasa de moda, como el mío. Hubo una serie en
la tele, “Gabriela” muy rete buena. ¿La vio?
GABRIELA.- Ay, me enteré, nada más.
MARLENE.- ¿Usted qué edad cree que tengo?
GABRIELA.- Eh, no sé…
MARLENE.- Así, honradamente.
GABRIELA.- Pues… es muy arriesgado andar adivinando edades. Y peor,
honradamente.
MARLENE.- Qué razón tiene. Yo no represento mi edad. Todo mundo piensa que soy
menor, por eso le preguntaba. Me cuido. Bueno, tengo el salón. Me hago todos mis
tratamientos. Una tiene que cuidarse, porque si me ven fodonga y horrorosa, van a
decir: “así sale una de su salón”. Y tampoco, digo… no estoy tan tirada a la calle…
GABRIELA.- Se ve muy bien.
MARLENE.- Favor que me hace. Le voy a dar una tarjeta, por si quiere arreglarse. Con
ésta le hago descuento. Aunque usted es así como hippie, ¿verdad?
GABRIELA.- No. Soy de ésas que vivieron los sesenta y les dio un aire.
MARLENE.- Puedo hacerle un crepé o un afro… ¿qué edad tiene?
GABRIELA.- Adivine.
MARLENE.- Si era usted estudiante en los sesenta…
GABRIELA.- Preprimaria. Pero estoy muy acabada.
(se sonríen, Marlene entendió que fue un chiste.)
MARLENE.- Ni crea que no estoy furiosa con Tony. Pendejo. Habiendo tantas
muchachas calientes mayores de edad, hijas de pobres, ¡tenía que meterse con una
menor, hija de un influyente!
GABRIELA.- Sí, la verdad. Qué mal tino.
MARLENE.- ¿Y su carro, ya lo sacó del corralón?
GRABRIELA.- No tenemos coche.
MARLENE.- ¿No atropelló su señor a una chamaca?
GABRIELA.- Ha de haber sido en coche prestado, no sé cómo fue. Ahora me contará.
(silencio, fuman) ¿Y cómo les explicó usted a los niños?
MARLENE.- El de él tiene año y medio, no hace falta. El grande, se va a poner feliz.
No lo quiere. Celos, ya usted sabe.
GABRIELA.- No ha sabido ganárselo.
MARLENE.- Tony, no es muy de niños. Y como sale tanto… da unas clases en Toluca,
media semana, y va luego a Xalapa y da un mes de clases, o dos… no es muy de niños,
no les tiene paciencia. ¿Y a los suyos, qué les dijo usted?
GABRIELA.- La verdad, es lo mejor. Claro, lo mío es fácil: que tuvo su papá un
accidente y lo metieron a la cárcel. Eso es lo que impresiona, se me hizo cuesta arriba
contárselos, pero ¿Qué tal si luego sale en el periódico y se enteran en la escuela?
MARLENE.- Lloraron mucho.
GABRIELA.- Eh pues… lo sintieron claro. Bueno, la verdad, a os chicos se les hizo
muy divertido. Como ven presos en la tele y… a esa edad… tienen tres, cinco y nueve.
MARLENE.- ¿Y todos son de él?
GABRIELA.- El mayo no. Me divorcié.
MARLENE.- Usted sí.
GABRIELA.- Yo sí.
(Un silencio)
MARLENE.- ¿Y le dio pensión?
GABRIELA.- Mh, pensión…¿sabe cuánto? Trescientos pesos para el niño. Hasta se me
olvida cobrarlos. Es abogado. Por poco me quita a mi hijo, pero se casó luego luego y
así ya quedé libre.
MARLENE.- ¿Y si él no se casa, usted tampoco?
GABRIELA.- No, porque me quitaba al hijo.
MARLENE.- ¿Ve para qué sirve casarse? Ay, qué bueno que yo no. ¡Nunca! ¿Y el
mayor sí quiere a su marido?
GABRIELA.- Es… algo celoso. Quiere mucho a sus hermanos y… sí, se lleva muy bien
con Maco. Hasta le pregunta cosas de la escuela. Cuando lo ve. Es que Maco también
viaja mucho. Da unos cursos en Cuernavaca y… también en Xalapa. Ha de conocer a su
marido.
MARLENE.- Sí ¿verdad? Con suerte hasta yo lo conozco. ¿Cómo se llama su esposo?
GABRIELA.- Marco Antonio Lesur. ¿Y el de usted?
(Un silencio)
MARLENE.- Marco Antonio Lesur.
GABRIELA.- Eso es. ¿Y el de usted?
MARLENE.- El mío. Así se llama. Marco Antonio Lesur.
(Gabriela, tras unos segundos, entiende. Lanza una exlamación)
GABRIELA.- Atopelló a una menor… ¡aah! ¡Atropelló… a una… menor!
(Quedan viéndose de arriba abajo, se examinan con rayos X)
GABRIELA.- Visítelo a gusto. Ya me voy (sale)
MARLENE.- (Está rígida y muda) ¡Que lo visite su madre! (sale)
2
(Libreros, escritorio y sillón. Gabriela escribe a máquina, traduciendo su mismo librote.
Entra Marlene. Se ven. Silencio)
GABRIELA.- ¿Y usted qué viene a hacer aquí?
MARLENE.- Tengo que hablar con usted.
GABRIELA.- No tengo nada que hablar con usted.
MARLENE.- ¿Me va a echar?
GABRIELA.- Yo no echo a la gente de mi casa. (La otra se sienta.9 Tampoco dije
“siéntese”, ¿sabe qué? Sí la voy a echar.
MARLENE.- Pues no me voy. Tengo que hablar con usted.
GABRIELA.- No. Se va a largar.
MARLENE.- Sáqueme. Le va a encantar a sus hijos ver la escena.
(Quedan viéndose.)
GABRIELA.- (Sale y dice) Niños, a la cama. Anden. Prendan la tele, pónganla fuerte.
Adrián ¿por qué razón dejas entrar a cualquiera hasta mi estudio?
MARLENE.- Ay, sí su estudio. Su covacha será.
(Vuelve Gabriela. La ve en silencio. Se sienta.)
GABRIELA.- ¿Qué quiere?
MARLENE.- Problemas de dinero…
GABRIELA.- ¿Qué? ¿De qué?
MARLENE.- ¿No ha visto a Tony?
GABRIELA.- Tony, qué chulo se llama con usted.
MARLENE.- Yo le digo Tony. Con usted se llama ¿Moco, caca, mico?
GABRIELA.- Todo eso y peor. Claro que no lo he visto.
MARLENE.- El asunto es grave. La muchacha…
GABRIELA.- No quiero saber nada de eso. Váyase ya.
MARLENE.- La esposa decente. Muy ofendida. Porque tiene el pinche papel de dueña.
Cama con contrato. Pues me hizo tan pendeja como a usted. ¿A poco yo sabía que tenía
otra casa? Me llegó como separado de una mujer insoportable, eso me dijo, una que se
creía su mamá y le hacía la vida imposible. ¡No digo que feuera usted! El decía que la
dejó desde hace tres años. Ha de ser la anterior, que le cambió fechas. Y decía que vivía
solo. ¿Entonces, qué? Y luego me hizo el hijo. Pues vaya, puedo quejarme más, yo
estaba muy a gusto. ¿A poco cree que me fascina meterme con el hombre de otra? Lo
que pasa… que sí lo quiero, para que me hago la que no. ¡Claro que lo quiero, y no
soporto que esté preso! ¿sabe cuánto va a cortarle salir? ¡Un millón de pesos! Y si no,
son como diez años. Diez años en la cárcel porque una puta caliente menor de edad fue
a restregársele cuando él estaba distraído.
GABRIELA.- Diez años por joder abusivamente la vida de una pendeja: muy
merecidos.
MARLENE.- ¿Joderle la vida? La pendeja tiene dos coches, uno deportivo y otro más
serio, europeo. Le hicieron aborto de lujo, divino, que ya quisieran nuestros partos. La
van a mandar al crucero del amor, como consuelo, con un baúl de anticonceptivos para
que no le hagan otra panza.
GABRIELA.- Entonces él quería dar braguetazo: botarme a mí y botarla a usted, eso fue
todo. Dio su clase de marxismo con la voz más cachonda que de costumbre y se cogió a
la niña contra el pizarrón, pero le falló, le falló, ya váyase y déjeme en paz. Estoy
enojándome mucho.
MARLENE.- Usted es muy cínica. Con suerte y está bien, pero yo no l soy. Bueno, si lo
soy ¡pero no me gusta! Y yo quiero a Tony. A Marco Antonio, vamos a decirlo así,
pues. ¿Usted cree que me siento bien? Me siento vieja, destruida, arrugada, fea. Porque
esa niña, además, está preciosa. Claro, a ver cuánto le dura. La que no esté preciosa a
los 16, que se suicide, o que vaya del diario a mi salón. ¡Y por culpa de usted, me siento
imbécil! Ay, sí, tan culta, habla tantos idiomas, tiene tanta clase… ¡Hasta se sabe mi
nombre mejor que yo! La ha de haber conocido en el Templo del Saber. Y a mí me
pescó cabareteando, y nunca hablamos de nada en especial. Pues de qué iba a hablar
conmigo. Y es que mi amiga Tere anda con un subsecretario que es amigo de Tony, de
Marco Antonio, y un día salimos los cuatro juntos y me llevaron a sitios tan lujosos…
yo me sentía logradísima de que gastaran tanto en mí. Y otra vez, una fiesta en casa de
este cuate… y todos empezaron a encuerarse y me querían obligar a que yo también y
me querían drogar. Y le pateé cuanto pude a varios y empecé a llorar. Me sacó de allí
Tony, Marco Antonio, y… me trató con algún respeto. Digo, no mucho, pero… ¡diez
años en la cárcel, cómo va a ser! Y pensé, ni siquiera vendiendo mi salón, hipotecarlo
no se puede, el local no es mío, aunque tengo todavía el contrato de mi mamá, la renta
es nada, sale regalado… y no sé cómo juntar ese dinero! Si acaso, si acaso, vendiendo
unos aparatos muy modernos que logré pasar de falluca, y con unos préstamos, si acaso,
¡podría juntar medio millón! Porque si vendo el salón, me muero de hambre, y mis dos
hijos pues… pues también. No, no, eso sí no se puede. Entonces, con trabajo, tal vez
llegue a juntar medio millón y … pensé entonces… si usted no podría juntar la otra
mitad. (empieza a llorar) pues yo sola, cómo… y ya luego que se quede viviendo con
usted. O se largue con la chamaca, si se le da la gana, porque tonta no soy, ya me di
cuenta de todo. Claro, con la chamaca no va a irse, lo balacean los padres. Con usted
será no soy estúpida. ¿A poco cree que quiero sacarlo por mí? Es por él. Que pase lo
que él quiera, que se largue con quien le dé la gana, yo sé que no soy nadie para él. Lo
que no soporto, que esté preso. ¿Leyó “la isla de los hombres solos”?
GABRIELA.- Sí. Y ya vi cuánta nobleza hay en su alma y cuánto sentimiento bello.
Ahora, lárguese al carajo, ande. Los niños están encerrados y no van a ver lo que pase si
usted no se va. Yo soy la mujer sin alma y tengo el corazón de piedra. ¡Fuera, pendeja,
cursi, pendeja! ¡Largo de aquí!
MARLENE.- (Se levanta, muy digna) Chingue usted a su madre. (Sale)
3
(El estudio de Gabriela)
GABRIELA.- Mico. Cac. Infeliz de mierda. Lo conozco. Lo habrá paseado en sus dos
coche. Le encanta la exhibición al imbécil. Por lucirse, por presumir de que ya cayó la
chamaca con él. Por contárselo a sus amigos. Y si la niña tiene influencias, seguro
pensó usarlas. Es un imbécil. ¡Pero lo de esta peluquera! Un niño. Dos años. Qué
bárbaro. Qué bárbaro. (BEBE) un millón. Fácil, muy fácil. Cinco mil pesos nada más
por emborracharse decentemente. Cada trago es un buche de sol. Si bebiera ron
mexicano mañana estaría muerta. Eso se llama corrupción nacional: hacen las
porquerías del mundo con el ron, como con todo. ¿Cuál control de calidad? Igualito a la
cárcel de este infeliz: en la cárcel tampoco hay control de calidad. ¿Cómo va a ser? Hay
ron exquisito en cualquier país del Caribe; en toda Centroamérica ron divino. ¿Y aquí
las porquerías? (BEBE) no duran nada cinco mil pesos. Miren dónde va ya la botella: se
acaba sola. Mh… tan delicioso. Pero mañana no estaré cruda, tendré la figura humana
casi intacta… y digo, ¿de verdad quiero que salga? ¿De veras quiero que no salga?
Mh… no es bonito tener la casa llena de hijos de presidiario. Huérfanos sí sería bonito.
Es elegante ser viuda. Qué ilusión, toda de negro, muy respetable. ¡Maravillosa la
viudez! Porque vivir soltera, es una vergüenza; casada… ya sabemos. Divorciada… eso
no dura; y puros corajes, pleitos legales, como despegar resistol. Arrejuntada; eso está
bien para viejas patanas, como la peluquera. Lo único limpio y bello es la viudez.
¿Dónde está papá? En el cielo, hijito. Muy diferente a decir: en la cárcel, hijito, por
caliente y estúpido y sinvergüenza. Suponiendo que me hicieran un adelanto por… dos
libros. Y que vendiera la maquina eléctrica… total, puedo usar la dinosaurio. Le falta
una tecla y es dura, pero en fin, componerla… allí escribí muchos años. Con todo eso no
llego al medio millón. Como trescientos mil, si acaso, tal vez cuatrocientos… ¿Para qué
quiero que salga? Bueno, niños varones, deben tener junto una imagen paterna. Aunque
sea ésa. Niños que sólo tienen mamá, fácil se vuelven maricones. Claro, también los que
tiene un padre horroroso. Maco no es mal padre. Digo, bueno tampoco, pero… ¡Pues
que sirva de bulto, de adorno, de maniquí paterno, para que estos tres infelices tengan
con quién identificarse! Mh, Adrián… pero Adrián sale a veces con su papá… ay (llora)
yo no quiero hijitos maricones. No es que eso sea malo, no, pero sufren más, y no
encuentran pareja nunca… andan con unas locas horrorosas… o con uso mayates
patibularios, ya he visto los novios que se consiguen mis alumnos. Si con mujeres es
difícil que hallen pareja, pues luego con otro hombre… todavía cuando son dos
mujeres… eso también es horrible: siempre hay una violenta y que fuma puro. Las
relaciones de dos mujeres son horribles. Las de dos hombres peor. ¡Y miren nomás a mi
marido! Peor que cinco lesbianas. No : la verdad: un hombre es un hombre, ya lo dijo
Brecha… (con deleite) mh, un hombre… maco, a veces, es muy capaz. Momás para
eso. Y ni siguiera muy a menudo… ¡Todas las relaciones son horribles! ¡Todas las
parejas son asquerosas! Qué cosa tan fea se vuelven los varones cuando crecen. Quisiera
haber tenido siquiera una niñita, una Gabrielita, que no se llamaría Gabriela, sino… algo
muy lindo, muy… ¡esplendoroso! Como… Oropéndola… quiero decir, un nombre así,
que no fuera ése… Ave del Paraíso, Flor, Quetzal… “Quetzalina, ven a desayunar”
“Esplendor ¿ya hiciste tu tarea?” no, tampoco.
Hablo pendejadas para ver si se me olvida… me emborraché para no recordar. Qué
bueno que no quiero a ese imbécil, ni tantito. Nomás estoy furiosa con él. La verdad,
estoy contenta de que esté en la cárcel. Contentísima. Se lo merece de sobra. Diez años,
muy bien. Eso quiere decir que hay justicia. ¡Ay, nuestra justicia! Igual que el ron, sin
control de calidad. Violación. Y con alumna menor de edad, rica y bruta. Qué imbécil.
Según José Agustín, en la cárcel deben pagar para que no los violen. Pues bonito castigo
iba a ser ése, ojo por ojo, muy textualmente. Al que van a volver marica, va a ser a él.
Sí, Isla de los hombres solos, eso piensa la estúpida peluquera. Que no es ninguna
estúpida. No sé para qué leemos al maldito Freíd, y lo que dice del donjuanismo y de …
y encima de todo, traduje nada más quince páginas. Adobe, cemento, ¡piedra!
¡condenación! Ya me vomito con el maldito libro. Y gasté cinco mil pesos en ron… que
está exquisito, pero no sirve para nada… (Llora) no sirve.
(Se pone a teclear, leyendo el libro y se limpia las lágrimas, se suena, sigue…)
4
(Un salón de té no muy céntrico. Viene Marlene con una charola, la acomada en la mesa
y aconseja a la otra, que está fuera)
MARLENE.- Estos de la rejita encima, dicen que son de nuez y chocolate… claro,
engordan a la que esté a dieta. Yo no estoy, nunca aumento. Bueno, un poquito de aquí,
y de… acá… ah, no traje azúcar.
(Sale un momento, vuelve con el azúcar. Entra Gabriela con su charola)
MARLENE.- Va a tomar galletitas de avena… no son feas. Y no engordan.
GABRIELA.- Son deliciosas, con un saborcito muy refinado. Esos pasteles empalagan,
es lo que pasa. No es que esté a dieta, pero las cosas muy dulces no me gustan. ¿Quiere
crema?
MARLENE.- Si, gracias. ¿Le pongo?
GABRIELA.- Yo no tomo. Ni azúcar, gracias.
(Toman sus tés en silencio, con poco agrado)
GABRIELA.- Se me ocurrió aquí, porque… este saloncito queda muy a la mano, hay
metro cerca y… todo aquí es delicioso.
MARLENE.- Sí, muy agradable ambiente…
GABRIELA.- Al rato va a llenarse, vinimos a muy buena hora, ya ve: nadie. Y tienen
tés muy ricos, de muchas partes.
MARLENE.- Sí, vi las latas.
GABRIELA.- Chino, indio, ceilanés… todo importado.
MARLENE.- ¿De tantas partes?
GABRIELA.- Sí. ¿De cuál está bebiendo?
MARLENE.- De toalla vieja. ¿Y usted?
GABRIELA.- De olla sucia. Esto era bueno hace años, pero se ha vuelto una porquería,
por eso no viene nadie. Así que pensé: allí podemos hablar. Estas galletas saben a
polilla.
MARLENE.- Mi pastelito parece asfalto. Pero sí se puede hablar.
GABRIELA.- Eso. Hablar.
MARLENE.- Bueno. Aquí me tiene.
GABRIELA.- Sí. La llame.
MARLENE.- Sí, como le di mi tarjeta… habrá sido fácil.
GABRIELA.- Yo no se la di y ya ve qué bien llegó a mi casa.
MARLENE.- Enrique Ramírez me dio la dirección.
GABRIELA.- Qué amable.
MARLENE.- Sí.
(Silencio, más tragos de té atroz)
GABRIELA.- Usted dijo algo de… vender unos aparatos de… fayuca ¿no?
MARLENE.- Sí, de mi salón.
GABRIELA.- Yo tengo una máquina de escribir eléctrica. Muy buena. Y… puedo sacar
un anticipo de dos libros, tal vez de tres, con dos editoriales.
MARLENE.- ¿Cómo cuánto es eso?
GABRIELA.- La máquina está muy flamante, pero claro, no es nueva. Más los libros…
Pues… trescientos cincuenta o poco más.
MARLENE.- Y yo, como cuatrocientos. Nos falta.
GABRIELA.- ¿Faltan… trescientos?
MARLENE.- Ajá. (toman té, silencio) Trescientos.
GABRIELA.- Y eso, suponiendo que paguen bien sus aparatos y mi máquina.
MARLENE.- Pues sí, porque ven el apuro y se aprovechan. Vender en apuros, sale peor
que regalar.
GABRIELA.- Voy a decir que me compré otra máquina mejor y que por eso. ¿Usted
habló con el abogado?
MARLENE.- Es de la pandilla de Tony. Molina, el que trabaja en la procuraduría.
GABRIELA.- Molina es muy sinvergüenza.
MARLENE.- Pues sí por eso se sabe las movidas. Se trata de dar dinero por debajo y
sacar a Tony cuando los otros no se den cuenta. Dice que él no cobra, pero ¿usted cree?
GARIELA.- ¡Ja! Que Molina no cobra… A su madre le cobra por darle los buenos días.
Pero, pues… legalmente no iba a poderse.
MARLENE.- Pues no. Y por eso hay que tener el dinero todo junto.
GABRIELA.- Mm… Va a faltarnos…
MARLENE.- No alcanza.
(En silencio toman té)
MARLENE.- Luego en mi barrio hacen tandas…
GABRIELA.- ¿tandas de teatro?
MARLENE.- Son como rifas, pero todas ganan. Como alcancía, entre muchas. Da usted
un tanto cada mes. Digamos… 100 mujeres de a mil. Y recibe cien mil pesos, de goslpe,
cuando le toque. Usted escoge la fecha, o por sorteo. Si organizo una tanda, puedo
ponerme la primera.
GABRIELA.- ¿Y a poco es fácil organizarla?
MARLENE.- Con las viejas vagas que van a mi salón.
GABRIELA.- Pues eso está bien. ¡Pero, cien meses! Casi 10 años.
MARLENE.- Cada quincena. O de plano, cada semana.
GABRIELA.- Eso sí saldría bien. Cien mil más… también podría hacerse una rifa.
MARLENE.- ¿Rifa de qué?
GRABRIELA.- Tengo amigos pintores. Si me dieran un cuadrito, aunque fuera feo..
son conocidos, la firma vale. Rifar dos cuadros… tal vez salieran… 100 boletos, a mil.
MARLENE.- Y se juntan doscientos más, con su rifa y mi tanda…
GABRIELA.- No está fácil vender cien boletos. Claro, viendo un buen cuadro, y una
cerámica. ¡Tengo una amiga ceramista que hace cosas divinas!
MARLENE.- Mejor haga tres rifas, entonces.
GABRIELA.- Con tres premios, la gente se ilusiona más. pero encontrar cien gentes…
MARLENE.- Cien cada una. Las de su rifa…
GABRIELA.- Y las de su tanda.
MARLENE.- Cien… no es tan fácil.
GABRIELA.- Y… las secretarias de las editoriales, algunas podrían entrar a su tanda…
MARLENE.- Y de mis clientas gordas, hay algunas riquillas. Que pueden queres
cuadros… de esos buenos. ¿De veras van a ser buenos?
GABRIELA.- ¡De grandes firmas! Digo, de bastante buenas firmas. Pintores muy
conocidos… de los conocedores.
MARLENE.- Ah.
(silencio, beben)
GABRIELA.- Ya nada más faltarían… cien mil.
MARLENE.- Es poco. Ya verá que inventamos algo fácil.
(BEBEN)
MARLENE.- Esto nos pasa por decentes.
GABRIELA.- ¿Sí?
MARLENE.- Un padrote de lujo, de los más primorosos, no nos saldría tan caro.
GABRIELA- Yo no conozco precios de padrotes.
MARLENE.- Hay para todas las economías.
GABRIELA.- A mí no me gustaría. Ni barato ni caro. No pago por esas… digo, pues…
no pago… así.
MARLENE.- No, ¿verdad? Nos gusta que nos cobren con disimulo.
(Silencio)
GABRIELA.- A juntar dinero, el par de estúpidas. Usted y yo. ¿Tiene un klenex?
MARLENE.- Sí. No lo ensucie mucho, es el último. Me lo pasa luego.
GABRIELA.- ¿Cómo va a ser que no haya ni servilletas?
MARLENE.- Deje que yo la invite.
GABRIELA.- No. Yo le hablé a usted.
MARLENE.- Ay, mire: pagamos a medias.
(Salen)
5
(A la derecha, el escritorio de Gabriela, con su teléfono. A la izquierda, el salón de
Marlene. Tiene una clienta a la que vemos de espaldas: con secador, sábanas, podría ser
un bulto o maniquí)
MARLENE: Hay unos colores nuevos, preciosos. Mire: las uñas a jego con los labios y
luego la sombra de los ojos, también a tono, como antifaz. ¡Va a parecer gatita siamesa!
Este le iría muy bien, orquídea africana, es para morenitas claras, qunque usted es más
bien… canela… tostadita. ¡Pues puede usar Tánger! O para estar muy audaz, infierno,
que hay tres tonos, el más oscuro está precioso, infierno profundo. ¿Cuál le pongo?
¡Claro! A usted este infierno le va a quedar divino. A ver esa manita.
(Chillido de la clienta)
MARLENE: Es que la cutícula está muy dura. Y crecida. Pero la voy a dejar como para
que se vaya a Cancún y la secuestren. ¡Y con los rayos que le voy a poner en su
pelito…! ¡Matadora! Sale con su bikini…¡Los tumba! Lo que le haría falta, unos cien
mil pesos. Acabo de estar en Vallarta y eso me costó, un paseadón de miedo. ¿Y sabe
cómo? Una amiga mía hace tandas, me tocó enseguidita. Yo, dando mi cuota de a
poquitos, que ni se siente. ¡Y de golpe, cien mil pesos! ¡A disfrutar! El mar… ¡Los
galanes!... ni le cuento. Oiga ¿y cómo no le entra usted a una tanda?
(LUZ SOBRE GABRIELA)
GABRIELA.- (al teléfono) ¿Adelaida? Mi amor, cómo te va, qué gusto oírte. -¿estás
muy ocupada?- no, te hablé nada más para platicar, no sé de ti, ¿qué te has hecho? –
ah… aaah… aaah… ah, pues yo… ¿no me digas?... ah, mmmh… mjú… ¿pues qué
crees? Vale la pena avisarte, hay una gran oportunidad, una rifa de… ¡deja que te diga!.
Mira, que están rifando un cuadro de Tamayo Ruiz, un grabado de Leoncio Ramírez y
una cerámica de Laura Puig, ¡las tres obras firmadas! Te las ganas con el mismo
boleto… no, no te dan las tres cosas, son tres oportunidades, tres premios… no, no es
Rufino Tamayo. Es José Tamayo Ruíz. Un gran pintor… ¿cómo no vas a conocerlo?
Acaba de exponer en la Dionisos. ¡La galería de Topo Dumont, caray! ¿Qué ya no sales
ni te enteras? Tamayo Ruiz está en la cumbre de la ola, oye. Le han hecho un tremendo
reportaje en Paris Match. El cuadro que rifan está divino. Grande. ¡No sabes qué color!.
De sus famosos rojos, toda la gama… un poco figurativo, sí…”gatos peleándose con
calavera… ¿la rifa? Ah, es… a… beneficio de una pobre mujer que… tiene al marido en
la cárcel… sí, ugual que yo, ¿ya te enteraste?... ¿Y cómo si no ha salido en el
periódico?... ah, ellos… qué comunicativos… mira, fue un accidente. ¡No me cuentes lo
que te contaron, mejor que yo no me entere!... y pues, bueno, sí, yo.. hago… la…
rifa…claro, claro. Ay, qué buena eres. Te voy a pasar unos veinte boletos… a mil el
boleto… ¿nada más cinco?... bueno mi amor, claro. Yo te los llevo y… a ver si me
vendes otros. Ay, gracias, sí, mi vida. Besos (cuelga) perra maldita, púdrete y muérete.
Me lo merezco por idiota. Claro que ya lo sabe todo mundo, claro. Y yo de…
estúpida… (respira, se calma, consulta una lista, le hace una señal) cinco, siquiera.
(marca otro número)
(Marlene con otra clienta de la que sólo vemos una enorme mata de pelo)
MARLENE.- Ay chulita. Qué pelito más maltratado. Va a haber que ponerle un buen
aceite… su champú, su masaje, y… déjeselo sin pintar, nada más un enjuague para
emparejarlo. Qué bien le caerían ahora unos baños de mar y un poco de sol de costa,
directo. Eso fortalece la raíz, acaba la orzuela, vitaliza los aceites naturales. Uh,
beneficia tanto… ¡la naturaleza es lo máximo para la belleza! Ya me lo imagino,
doradita de sol y con su pelito matizado de yodo y oxígeno naturales, masajeado por la
brisa… claro, sale carísimo ir al mar, ¿pero viera qué paseadón acabo de darme en
puesto ángel? Ni se imagina cómo…
GABRIELA.- (Al teléfono) doris, mi amor, ¿cómo has estado?... yo, ya supondrás, con
Maco encerrado en la cárcel… ah, pues ya sabes que él es marxista… ¿cómo que
teórico? Eso serán sus otros compañeros marxistas de la universidad, que además todos
se han metido al PRI. Maco es de… mucha acción. Lo encerraron por… unos
movimientos que hizo… en la universidad, ahí los hizo… claro, ya lo sabías.¡pero le
han inventado cada calumnia!... sí, eso han dicho. Y otras cosas peores… eso no lo
había oído… ya mejor no me cuentes… pues hago una rifa para lo de su fianza.
¡Tamayo nos regaló un cuadro divino!... no, no Rufino: José, José Tamayo Ruíz. ¡gran
pintor!... claro, cómo no ibas a conocerlo, tan famoso… y hay otros dos premios…
(MARLENE ANTE UNA MUJER CUBIERTA DE TOALLAS Y TUBOS)
MARLENE.- Ya me contaron, chulita, de su casa nueva. Qué gusto, la felicito. Lo
bueno que no es lejos, seguirá viniendo con nosotras. ¡Ya ve que me conozco su cutis
pero al centavo! ¿Qué tal se lo tengo, eh?
GABRIELA.- (Al teléfono) ya estoy más tranquila, pero qué impresión, pobrecito
Maco: lo capturaron en la calle, se lo llevaron a golpes… sí, eso me han dicho, y cosas
peores…
MARLENE.- Lo que ahora va a hacerle falta en su sala, es un buen cuadro original,
firmado. Eso da mucha clase. Fíjese que una amiga mía está rifando un Tamayo, ¿si ha
visto de ese pintor en la tele? Y en el periódico, sale mucho. Hasta un museo tiene…
GABRIELA.- yo, para sentirme un poco mejor, me fui unos días al mar. ¡A Cancún!...
mira pude gracias a una tanda, cien mil pesos que pude llevarme a gastar. ¿no sabes lo
que es tanda?... nada de teatro, no, voy a explicarte…
(HABLAN AL MISMO TIEMPO)
MARLENE.- Hay también otras cosas muy primorosas, un así como… adorno, de
cerámica ¡firmado! Y un grabado de otro artista muy bueno. Con la racha de suerte que
ha tenido, ¡aproveche!
GABRIELA.- Mira, hasta podrías entrarle a una, es cosa de dar cada semana mil pesos,
ni se siente, luego los gasta una en babosadas, y de pronto te toca y ¡zas! ¡cien mil
pesos!
(suspiran ambas, se ven, siguen)
MARLENE.- Compre siquiera unos diez boletitos, yo me compré cinco porque todo
está precioso. Ay, el arte es algo tan lindo… y es como una inversión, nunca se devalúa,
al contrario…
GABRIELA.- Para gastar en lo que se le ocurra a una, como son extras, pues se los
gasta una en lo que quiera, alocarse, que si ropita, que si viaje, tú dices si le hablo a mi
amiga y le entras…
6
(El salón de te. Marlene, cansada y deprimida; trae charola con jarritas, tazas, pasteles y
galletas. Se sienta y espera, tomando sorbitos muy desganados. Entra Gabriela muy
exaltada)
GABRIELA.- Ya me ganó usted. Voy por mi…
MARLENE.- Ya le traje té y sus galletas de polilla.
GABRIELA.- Ay, qué bueno. Gracias. Mh, su pastel tiene crema chantillly. ¿Está rico?
MARLENE.- Siquiera sabe a crema. Tenga, si lo quiere. Estoy desganada.
GABRIELA.- Gracias. ¡Vendí la máquina! Y al precio que la compré. Se la quedó la
editorial, como buenos amigos, me la compraron al precio de la factura.¡doscientos
veinte mil! Hasta voy a poder usarla, porque van a tenerla en un cubículo… y de la rifa,
nomás me quedan cuatro boletos y los que le dejé a usted.
MARLENE.- Ya los vendí todos.
GABRIELA.- ¿De veras? Cien mil pesos más. Trescientos veinte. ¿Cómo va la tanda?
MARLENE.- Ya se acompletó. ¿Y si fuéramos dándole dinero a Molina, según va
cayendo?
GABRIELA.- ¡Se lo iría gastando, conforme se lo diéramos! Y nos pediría más. Molina
es espantoso de sinvergüenza. Se lo damos todo, de golpe, ya no hay pretexto.
MARLENE.- Pues guárdelos usted en su casa. Todas mis asistentas tienen llave de la
mía. Como luego me cuidan al chiquilín…
GABRIELA.- ¡Cuatrocientos veinte mil! Casi la mitad.
MARLENE.- Si, casi la mitad, pero… ¿cabe lo que es cobrarle a 100 gentes, cada
semana? Pensaba yo… ¿si nos ayudaran los muchachos?
GABRIELA.- ¿Qué muchachos?
MARLENE.- El suyo y el mío. Que fueran ellos a cobrar.
GABRIELA.- El mío tiene nueve años, ¿cómo va a andar cobrando en la calle?
MARLENE.- Y el mío tiene once, ya sabe andar solo. Que se acompañe con el suyo.
GABRIELA.- ¡Los van a asaltar! Dos criaturas cargando miles en la bolsa. Son muy
chicos, van a perderlo.
MARLENE.- A nadie se le ocurre que los niños carguen dinero, nadie asalta niños.
GABRIELA.- A esa edad, no saben tomar camiones, ni andar solos en el metro. ¡Van a
perderse!
MARLENE.- Son chicos, pero no pendejos. Bueno, el mío no es.
GABRIELA.- El mío, menos.
MARLENE.- No, no quise decir…
GABRIELA.- Pero dijo.
MARLENE.- Bueno: ¿es pendejo el suyo?
GABRIELA.- ¡No!
MARLENE.- Entonces, puede ir con el mío. Son hombrecitos que aprendan.
GABRIELA.- En fin… sí. Está bien. Las calles de México son horrorosas.
MARLENE.- Y en ellas van a vivir. Entonces…
GABRIELA.- Sí. Y no podemos ir ni usted ni yo.
MARLENE.- No he vendido mis aparatos.
GABRIELA.- ¿Cómo?
MARLENE.- Al revés que a usted, quieren darme la mitad de lo que costaron. Los que
pagan mejor son los jotitos del salón “afrodita unisex” por los tengo ahí a la vuelta, me
iban a tumbar toda mi clientela.
(SILENCIO)
GABRIELA.- ¿No tiene algún folleto de sus aparatos?
MARLENE.- Sí, el de explicaciones.
GABRIELA.- ¿Con fotos?
MARLENE.- Sí.
GABRIELA.- Préstemelo. Hay un salón nuevo, cerca de la casa… ahora no están
dejando importar esas cosas. Voy, me arreglo ahí, y les digo que usted es fayuquera.
MARLENE.- Eso está mejor. Y fíjese que ayudando los niños, puedo hacer otra tanda.
Me quedaron bastantes viejas queriendo entrarle. Saldrían así cien mil más.
GABRIELA.- ¡Quinientos veinte mil! Bueno, quinientos quince, porque… ay,
merecemos unos traguitos de ron bueno: cubano, jamaiquino…
MARLENE.- Mire, pues… pues sí. Que sean quinientos diez. Es que anda mi Héctor
con que le compre unos patines de esos de ruedotas, que salen en las películas.
GABRIELA.- Muy justo. Va a andar trabajando el pobre, y por un señor que de nada le
toca. Lo que sí, que a Adrián se le van a antojar también. Si es que van a andar juntos…
Marlene.- Vamos A dejar los quinientos cerrados y compramos un buen lomo de cerdo,
para hacerlo al horno, con jerez y almendras. Me queda rico.
GABRIELA.- Y un buen par de botellas de vino. Y mañana ¡le vendo sus aparatos, verá
si no! ¿Quién paga? Yo pago. Hoy he tenido la suerte de mi lado.
MARLENE.- ¡No lo diga, no lo diga! Toque madera.
(Salen)
7
(Comedor de Gabriela)
GABRIELA.- (Fuera) ¡Bajen el volumen de ese maldito aparato, que no están sordos!
MARLENE.- (Entrando) van a estar, y nosotras también.
(Están arregladísimas, para salir)
GABRIELA.- (Entrando) Deja LA mesa en paz, por favor. Mañana la levanto.
MARLENE.- Es horrible despertar y encontrar chico tiradero. En un momento…
GABRIELA.- Te digo que mañana, yo lo hago en un suspiro, Adrián me ayuda.
MARLENE.- Adrián tiene que ir a cobrar tandas con Héctor. (sale cargando platos)
GABRIELA.- Bueno. Sea. Te quedó exquisito el lomo. (Sale con cosas)
MARLENE.- (Entra, va a la mesa por más) le puse el resto de alcaparras. Es lo más caro
y por eso siempre las ando pichicatenado. ¡Pero ahora no! Y pasitas, tocino, aceitunas,
almendras… Así, cuando lo cortas, salen en cada rebanada trocitos de lo que caiga… (se
relame, chasquea la boca) ¡Eso es lo que más me gusta!
(Sale)
GABRIELA.- (Entra) Ojalá no les haga daño a los enanos. El cerdo es bien pesado, ¡y
tragaron! Cual ogros convalecientes.
(Sale)
MARLENE.- (Entra) Ojalá no truenen. Pelones de hospicio. Un día siquiera que llenen
la barriguita, ¿No? Tus spaghettis estaban exquisitos. Qué bárbara, ¿qué le pones?
Héctor tragó tanto que casi no llega al cerdo (sale)
GABRIELA.- (Entra) no tiene misterio, todo el chiste es el queso, buen parmesano, y
era importado, y el jitomate, que sea natural, fresco. Bueno, claro, la pasta la consigo
con unos italianos. Queda rico. Ay, mi mantelito, qué cochinada hicieron aquí. A esos
niños se les andaba trepando el vino. (sale)
MARLENE.- (Entra) el pastel estaba de poca, pero habría sido bueno también hacer un
flan. Ya le puse sal al mantel, con eso no se te mancha.
(Lo recoge de las cuatro puntas, con cuanto desperdicio hay. Al salir se da un tope
tremendo con Gabriela. Gritos y carcajadas de ambas)
MARLENE.- ¿Qué pasó? Ya estamos pedas, mana.
GABRIELA.- Nos hemos de creer Chaplin, mi hijita.
MARLENE.- Mira el tiradero. ¿Dónde vi una escoba?
GABRIELA.- Deja eso, fue culpa mía. ¿No te abollaste nada?
MARLENE.- (Entrando) Nada, muy poco. (Barre) Mi defensa pegó con algún hueso
tuyo.
GABRIELA.- Con mi mofle.
MARLENE.- ¿Allí lo tienes? Qué mofle tan moderno. Ya: todo limpio. Luego lavamos
platos, antes de que me vaya. (Sale con la escoba)
GABRIELA.- Pareces enana de Blanca Nieves, no paras. Oye, te voy a invitar del
diario.
MARLENE.-(entrando) Ya vas.
GABRIELA.- Olvida los trastes. ¿Quieres ron?
MARLENE.- ¿Otro? Mh. Bueno.
GABRIELA.- Sublime como el coñac. Puede que mejor. Después de comer, un ron
bueno te asienta todo. Y como aperitivo, en las rocas, es un don celestial. ¡Y a toda
hora! Maco dice que parezco gata, con mi ron-ron.
(Se hielan las dos. Se ven. Beben. Se sientan, lobreguez, repentina. Un silencio. Dan
varios tragos, esquivándose los ojos)
MARLENE.- Para qué nombraste al hijo de la chingada. Estábamos tan contentas.
GABRIELA.- Hijo de puta, sub-ojete.
MARLENE.- Pendejo de mierda.
GABRIELA.- Imbécil. Cabrón. Estúpido.
MARLENE.- Pinche degenerado.
GABRIELA.- Caliente, vividor, mantenido.
MARLENE.- Chaquetero, culero, malaentraña. Síguele te toca.
GABRIELA.- Falso, traidor, mamón, padrote sin título.
MARLENE.- Poco hombre, huevón, creído, calienta-planchas.
GABRIELA.- Infraeneano, traidor, pseudomarxista, pedorro. Órale, tú sigues.
MARLENE.- No, mana, me la pusiste difícil. Besaculos de ricos, priísta, lambiscón,
pocoshuevos. Vas tú.
GABRIELA.- Falso macho, falso marido, falso padre, ojos falsos, peso falso de a tres
centavos. ¿Eh? ¡Me salió bonito! ¡Vas!
MARLENE.- Pisaicorre, come-cuanto-hay, lambegüevos, chillón, entelerido,
caguengue.
(Carcajada de ambas)
GABRIELA.- Galancete de última, vampiro de niñas, ladrón de alcancías, hoyo negro
del universo, onanista, zopilotón, muerciélago, paraguas descompuesto.
MARLENE.- Pesadilla, indigestión, cencerro, matraca rota, bola de caca.
GABRIELA.- Panzón, lombriciento, tiñoso.
MARLENE.- Cagón.
GABRIELA.- Pataflaca.
MAELENE.- Nalga guango.
(se ríen tanto que se ahogan, gritan, se palmean, beben más entre carcajada. Acaban
llorando a dúo. Con gemidos y sollozos. Se calman. Beben. Se suenan. Se arreglan)
MARLENE.- ¿Cuándo te acaban de pagar mis aparatos?
GABRIELA.- El martes que viene.
MARLENE.- Como que ya le avisamos a Molina.
GABRIELA.- Ya le avisé.
(Silencio)
MARLENE.- Tú vas por él.
GABRIELA.- Ni muerta, vas tú.
MARLENE.- ¿Para qué, si se va a venir a tu casa?
GABRIELA.- ¡Yo no lo quiero aquí!
MARLENE.- ¡Yo tampoco lo quiero allá!
GABRIELA.- Que se largue con la pendeja que empanzonó.
MARLENE.- Brincos diera. Iba a ver la tanda de balazos con que lo recibían.
(Pausa)
GABRIELA.- Marlene, en serio: ve por él. Llévalo contigo.
MARLENE.- Yo, a sabiendas, no le quito el marido a otra vieja.
GABRIELA.- Mi amor, no me quitas nada. Yo estoy dejándotelo.
MARLENE.- Qué buena eres, gracias. Claro que antes a él se le había ocurrido vivir
conmigo. Ya no lo quiero. Es todo tuyo.
GABRIELA.- Gracias, no. Métetelo por donde pueda.
MARLENE.- Eso he hecho siempre, con mucho éxito.
GABRIELA.- Pues sigue y si se te acaba, te convido supositorios.
MARLENE.- ¿De los que usas?
GABRIELA.- De los que usamos
(Silencio)
MARLENE.- Te dije que estamos pedas.
GABRIELA.- Qué mala onda. Perdóname.
MARLENE.- Olvídalo mana. La verdad es…
GABRIELA.- ¿Si?
MARLENE.- Que es pura ilusión eso de resolver nosotras. Hay que dejarlo salir,
solito… y ver a qué casa se va.
GABRIELA.- Puede tener otra, ¿sabes? Que ni tú ni yo imaginemos.
MARLENE.- Sí.
GABRIELA.- Dejarlo decidir a él… yo no quiero eso.
MARLENE.- Yo tampoco, pero… así es, ¿no?
GABRIELA.- Y dices que yo soy la cínica.
MARLENE.- ¿Qué tanto decide una?
GABRIELA.- Mi carrera… la decidió mi padre. Él vio mi don de idiomas. “Con eso te
vas a hacer independiente” sí, mucho. Independiente y libre para fregarme el lomo sobre
la máquina, traduciendo cosas que no me importan… para mantener a los hijos de dos
desobligados y… la verdad, para mantener a los papás. Una casa de huéspedes les
saldría más cara que ésta.
MARLENE.- Pues yo no escogí el salón. Empecé por barrer pelos, detenerle a mamá
los tubos que iba poniendo. Cuando vi, ya sabía yo todo. Igual a la cocina: iba yo detrás
de ella, viéndola hacer los guisos… y luego, por sentirme capaz, hacerlo todo mejor que
ella. Siempre me ha gustado sentirme capaz.
GABRIELA.- También a mí.
MARLENE.- Pero eso, no fue escoger mi vida. Tampoco escogí a Tony. Me sacó de la
fiesta, se metió a mi cama sin preguntarme… no es cariñoso. No ayuda nada, o casi
nada. Da tantito, como para que no le reclamen… bastante más barato que un burdel.
GABRIELA.- Y enseña luego la cartera, llena de billetes, y con eso se compra unos
librotes que no lee, en un idioma que no entiende, para adornar su cubículo. Y va a salir
la semana entrante… el miércoles o el jueves.
MARLENE.- Y vamos a esperar lo que decida. No te hagas la que no. Vamos a esperar
lo que decida.
GABRIELA.- Sí, ¿verdad? Marlene, yo estoy muy enojada con él, pero… ¡son muchos
años juntos, mucha vida en común, dos hijos…! Hasta Adrián lo considera un poco su
padre. Bueno, está acostumbrado a él. ¡es horrible pensar en vivir cambios, o en el
vacío! ¡Es que puedo caer con otro igual, o peor! A éste, ya me lo sé. Tal vez querer sea
eso: saberse de antemano el repertorio de porquerías que te pueden hacer.
MARLENE.- También la calentura, chulita, no la olvides. Saberte el buen programa que
tu Maco y mi Tony guardan para entre sábanas… cuando se les da la gana. Yo no sé
contigo, pero allí sí: mis respetos.
GABRIELA.- Allí sí, mis respetos también… cuando se le da la gana. ¿Y ves que a
veces, por orgullo, le digo que no quiero? Claro, si insiste un poco, me dejo convencer.
¿Y no habrá modo de que estos infelices dependan de una vieja mañosa, mala y
exigente?
MARLENE.- Claro, pero ésas no son gratis, y ser como son ellas no nos gustaría ni a ti
ni a mi. Putas explotadoras se llaman y todo el chiste está en que no quieren a nadie, se
quieren ellas, se dan besitos en el espejo. Me llega alguna que otra al salón. ¡Yo prefiero
saber querer, aunque me vaya como me va!
GABRIELA.- Saber querer, saber darse. Sí, es lindo, ¿pero cómo nos va? ¿Y los
hombres qué? ¿Nunca van a querernos de igual a igual?
MARLENE.- Yo nunca veo que nadie, de ningún sexo, se quiera de igual a igual. Al
que sabe querer, le cae encima una vieja lángara y se lo chupa.
GABRIELA.- Y si acaso, quererse mucho… sí, sucede, sí. Me ha sucedido. Y empieza
uno a cambiar, la cama deja de ser eléctrica, se vuelve rutinaria, y él ya es tantito
diferente, y yo también, otro poquito… y una mañana al despertar somos extraños, y ya
es mejor que alguien se mude o van a empezar los pleitos.
MARLENE.- ¿Y siempre, siempre así?
GABRIELA.- Para que no suceda, hay que hacer el esfuerzo juntos. Y si uno lo hace y
el otro no… ya no valió la pena.
MARLENE.- ¿Estás diciendo que el amor es un esfuerzo de voluntad?
GABRIELA.- Eso estoy diciendo.
MARLENE.- Con suerte sí. Más fácil la amistad. Cuado la encuentras.
GABRIELA.- Que también es esfuerzo de voluntad, pero… un poco menos triste.
(PAUSA)
MARLENE.- ¿Tú le das el dinero a Molina?
GABRIELA.- Se lo damos las dos. (Pausa) que salga y haga lo que quiera. Salud,
amiga.
MARLENE.- Salud… amiga (beben). Voy a despertar a Héctor y nos vamos. ¿No me
llamas un coche?
(Salen abrazadas)
8
(Sala de Gabriela)
GABRIELA.- Ya lo sabía, siempre, siempre lo supe, que esos malditos patines no iban
a traer nada bueno.
MARLENE.- Lo que pasa, que a ese niño infeliz nunca le dabas chance de correr por la
calle y jugar normalmente.
GABRIELA.- Ya le di chance, ya se medio mató. También el tuyo.
MARLENE.- ¡Par de pendejos! ¡Dejándose remolcar por los coches! Y en un eje vial.
GABRIELA.- Y en un eje vial. Eso, no se le ocurrió al mío.
MARLENE.- Se les ocurrió a los dos, pero el mío sabe hacerlo, porque yo no lo traigo
cosido a los calzones.
GABRIELA.- Yo no traigo cosido al mío.
MARLENE.- Flaco, blanquecino, asustadizo, falto de ejercicio. Y no quieres que salga
nunca. No llores, no fue grave.
GABRIELA.- Es que es cierto lo que me dices. Tango la culpa yo. Y casi se mata
también el tuyo, por recoger a Adrián.
MARLENE.- Hay que avisar a las escuelas.
GABRIELA.- A esta edad, sueldan pronto los huesos. ¿Quieres un librium?
MARLENE.- Dámelo. Doble. Deja ver cómo están.
(Salen. Vuelven)
GABRIELA.- Dormiditos.
MARLENE.- Tranquilazos. Roncando.
(Se sientan)
GABRIELA.- Ten tu librium.
MARLENE.- Gracias. No sé por qué no quisiste ir al seguro.
GABRIELA.- Fractura: te lo enyesan mal y se quedan inválidos para toda la vida.
MARLENE.- ¿Por qué cobran así de caro, van a enyesar mejor?
GABRIELA.- No, claro… ¡Y yo no tengo seguro!
MARLENE.- Yo sí.
GABRIELA.- Pero no iba a servir para el mío
MARLENE.- Casi doscientos mil pesos.
GABRIELA.- Agradece que los teníamos.
(Silencio)
MARLENE.- Hay que hablarle a Molina.
GABRIELA.- Ya le hablé
MARLENE.- ¿En qué momento?
GABRIELA.- Estaban sacando las radiografías. ¡Esta mañana habíamos quedado de
vernos!
MARLENE.- Qué bueno que te acordaste. ¿Y qué dijo?
GABRIELA.- ¿Qué ahora cuándo?
MARLENE.- ¡Qué le dijiste!
GABRIELA.- Que esta semana. Y él me dijo que hay que apurarse o luego ya no se va a
poder.
MARLENE.- (Grita de pronto y se jala los cabellos.) ¡Otra vez doscientos mil pesos!
GABRIELA.- (Suave) Otra vez. Y hay que cobrar las tandas hoy.
MARLENE.- (A gritos) ¡Otra vez doscientos mil pesos! (solloza, gime, golpea con los
puños en los muebles
GABRIELA.- No te pongas así. Qué bueno que te di un librium.
MARLENE.- Y ese cabrón de Molina. ¿Ya le había avisado a Tony?
GABRIELA.- Ya le había dicho que iba a salir mañana.
(Un silencio)
MARLENE.- ¿Y ahora de dónde?
(SILENCIO)
GABRIELA.- Rifas, ya…
MARLENE.- Tandas, ya, y más de las que podemos cobrar.
GABRIELA.- Si tuviera yo un nombramiento de Universidad o de gobierno…
MARLENE.- ¿Para qué?
GABRIELA.- Para un préstamo de pensiones.
MARLENE.- ¿No que eres maestra?
GABRIELA.- De colegio particular: sueldo de muerta de hambre, sin nombramiento.
(silencio)
MARLENE.- Tony está en la Universidad.
GARIELA.- ¿Y qué? ¿Cómo va a pedir el préstamo? Está encerrado. ¡Pero hay
gestores! ¡Sí se podría! Gestores y funcionan mejor si les das algún dinero, un
porcentaje chico… ¡Y Maco dejó aquí su credencial! Pero hay que ir a Pensiones, pedir
las hojas de préstamo. Hay que… mira, dando dinero a los empleados, sale aprisa el
préstamo. Quédate con los niños. Voy a buscar las formas, a llevárselas a Molina…
¡Marlene hay que hablarle a Molina! Debe llevarle a firmar los papeles al imbécil. Si se
apura, puede dar tiempo para que hoy mismo se empiece el trámite.
MARLENE.- Qué bueno. Él mismo va a pagar un poco por su salida.
GABRIELA.- La quinta parte. Oye, hay que pedir más: como trescientos, por todo el
dinero que habrá que ir repartiendo, de mordidas.
MARLENE.- ¿Hasta cuánto puede pedirse?
GABRIELA.- Según lo que ganes. A Maco deben tocarle como… trescientos cincuenta
mil.
MARLENE.- Pues pídelos, y más si se puede.
GABRIELA.- Claro. Que pague. Lo as que se pueda. ¿Qué horas son? ¡Siquiera estos
niños decidieron que las atropellaran temprano! Me va a dar tiempo. Háblale tú a
Molina, explícale. Y que no vaya a largarse de su despacho, como luego hace. Debe
esperar allí, correr después al reclusorio sur… si el imbécil de Maco no firma hoy, se va
a quedar allí pudriéndose.
9
(El estudio de Gabriela)
MARLENE.- (Al teléfono) ¿Chuchos? ¿Cómo va todo?... no, no me hagas citas todavía,
trata de que se den los tratamientos contigo… pues sí, claro que tienes mano dura, y a
esa gorda Lolita le achicharraste el pelo… bueno, hazme citas para… la semana entrante
y que a las exigentes las atienda la Chiquis: les platica bonito y ni se fijan lo que les
hace.- oye, mándame a Odilia en un taxi con unos dos vestidos y unas mudas de todo.
Me estoy teniendo que vestir con ropa de mi amiga… ya está muy animado. Lo mismo
que el niño de mi amiga… con todo y yeso, brincan por todos lados… sí, gracias… y
qué venga Odilia prontito. (cuelga) ¡Ya los oí! Ya voy, estaba hablando al salón. Les
voy a llevar jugo, gelatina y… otras cosas muy buenas. A ver que hay, si se aburrieron
de jugar turista, prendan la tele.
(Sale. Entra Gabriela, se desploma en el sillon)
GABRIELA.- ¡Marlene!
MARLENE.- (Fuera) Allá voy. Estoy alimentando a las fieras. ¿Qué pasó?
GABRIELA.- Ven y te cuento.
(Abraza la bolsa de mano. La abre, revisa el contenido, sonríe. La cierra)
MARLENE.- (Entra) ¿Qué pasó?
GABRIELA.- Adivina.
MARLENE.- No dan préstamo (Gabriela sonríe, niega) O hay que esperar más días.
(Gabriela sonríe, da palmaditas a la bolsa) ¡No! ¡A poco! ¡Ya! Ay. Bendito sea Dios.
¿Cuánto?
GABRIELA.- Trescientos veinte cinco.
MARLENE.- ¿Y cuánto diste de mordidas?
GABRIELA.- Nada más veinticinco.
MARLENE.- Quedan trescientos.
GABRIELA.- ¡No! Prestaron trescientos cincuenta. Quedan trescientos veinticinco.
MARLENE.- ¿Sí? ¡Tanto! Hasta va a sobrar
(Se abrazan, dan vueltas, risas palmadas)
GABRIELA.- Ten. Júntalo con lo otro. Vamos a contar cuánto hay.
MARLENE.- Hacemos la cuenta sumando.
GABRIELA.- Tú sumas muy mal y yo peor. Saca el dinero y vamos a contarlo, aquí.
MARLENE.- Y háblale a Molina, que ya.
GABRIELA. Sí. (Marca) Por favor con el licenciado Molina. Hablan las señoras de
Lesur.
(Risita de ambas)
MARLENE.- Del sultán Lesur.
GABRIELA.- Del hijo de puta Lesur. Molina, cómo estás. Ya tenemos el dinero
completo, ¿te lo llevo ahorita? Son las once, casi… bueno, estaré contigo a la una y
media. Estaremos, vamos las dos. Pues sí, las dos juntamos el dinero, las dos te lo
entregamos. Sí, tiene mucha suerte… no, no vamos a ir al reclusorio… sácalo tú
solito… ¿’cómo que dónde lo traes? … pues donde él diga… su ropa la tiene en las dos
casas… que él solito te diga dónde… como tú pienses, tú eres su abogado… gracias… a
la una y media, sí. (cuelga)
MARLENE.- Bueno, aquí está el dinero.
GABRIELA.- Y aquí lo de pensiones. Vamos a hacer fajos de a cien mil, para contar
mejor.
(Lo hacen)
MARLENE.- ¿Y cómo sería la vida en esos harenes? Tantas viejas para un hombre…
¿A poco podía con todas?
GABRIELA.- Esperaban turno, igual que nosotras. Esperaban que el sultancito tuviera
ganas. Cien mil.
MARLENE.- Ay, pero mientras… habría por allí unos esclavos grandotes…
Gabriela.- sí, pero eunucos.
MARLENE.- ¿Y qué? ¿Qué es eso?
GABRUELA.- Que les habían cortado los huevos. Pero no creas, a algunos se los
cortaban mal. O les crecerían otra vez, porque buenos rejuegos que hacían con las
sultanas. Y claro, ellas también se entretenían unas con otras, nixtamalito, tú sabes.
MARLENE.- Ay, qué aburrición, gallina con gallina. Más valía un eunuco, de perdida,
de esos que les dejaron un cachito. Cien mil. ¿Qué tanto les dejarían?
GABRIELA.- Tantito. Dijo, supongo. Me choca enterarme de cosas tan feas.
MARLENE.- Pues te las sabes muy bien. Pobres vieja, metidas con un solo tipo y sin
poder largarse. ¿Y si les caían con otro?
(Gabriela hace ruido y gesto de decapitar)
MARLENE.- Hijos de puta. Yo, envenenaba al sultán.
GABRIELA- Claro, eso hacían muchas. Pero las vendían con otro, así que… cien mil.
¿cuánto hay?
MARLENE.- Un millón, ciento veinticinco. ¡qué par de viejas chingonas somos! Mita
la cantidad que hemos juntado, ahí está.
GABRIELA.- ¿Queda ron? Hay que brindar. ¡Sí queda!
MARLENE.- Mana, te podemos comprar una caja. Sobran aquí ciento veinticinco mil
pesos.
GABRIELA.- Claro que una caja. Y a ti, un vestido precioso.
MARLENE.- Pero aprisita, hoy mismo hay que gastar. Porque ese cabrón en cuanto
salga va a querer quitarnos todo.
GABRIELA.- Ciento veinticinco… hasta dos vestidos cada una.
MARLENE.- No, uno cada una, pero divinos de boutique.
GABRIELA.- Alcanza para ron y para trapos y… ¿qué más? estamos como la hormiga.
MARLENE.- ¿Cuál?
GABRIELA.- La que barriendo se encontró el centavito y no sabía cómo invertirlo.
MARLENE.- ¿Y cómo lo gastó?
GABRIELA.- En trapos y colorete para exhibirse en la ventana. Entonces, desfiló un
ejército de galanes, pidiendo su mano: el gato, el león, el perro, el… muchos galanes.
MARLENE.- ¡Qué regio! ¿Y cuál escogió?
GABRIELA.- Una rata asquerosa, con voz de pito, apellidada Pérez.
MARLENE.- Le fue mejor que a nosotras: tú y yo tenemos media rata. Pues no
andamos tan mal, entonces, comprando trapos, nomás nos falta la ventana.
GABRIELA.- Ay, sí qué desgracia.
MARLENE.- Y yo, no iba a escoger. Me quedaba con todos los galanes. Oye,
Gabriela… nos podemos comprar ventana.
GABRIELA.- ¿Cómo?
MARLENE.- Sí. Ventana al mar, tantas mentiras que dijimos para vender las tandas.
¡que sean verdad! Nos largamos, con los niños, a uno de esos lugares que inventábamos.
¡salió como una tanda de cien mil! Y hasta más.
GABRIELA.- ¿Irnos? Y cuando salga mañana el infeliz, no va a encontrar a nadie.
Nosotras y los niños, tirados en la playa.
MARLENE.- Vaya a don de vaya. Nadie. En las olas y al sol.
GABRIELA.- Y el sol de mar es divino para las fracturas. Les va a hacer muchísimo
bien. Y cuando venga el inmundo… ¡nadie!
MARLENE.- Nadie.
(Se mueren de risa)
GABRIELA.- ¿Cuánto vale el avión a Acapulco? No, a Puerto Ángel
MARLENE.- Mh… como… quince o veinte mil.
GABRIELA.- Los tres míos, los dos tuyos, tú y yo… ciento cuarenta mil pesos.
(silencio)
MARLENE.- Y falta el hotel, y comidas, y pasear.
GABRIELA.- Esas mujeres que nos creyeron lo de la playa, han de ser muy pendejas.
MARLENE.- Y si compramos vestidos nuevos, ese infeliz va a creer que son para
gustarle.
GABRIELA.- ¡Ay qué razón tienes! ¿y si nos fuéramos en camión?
MARLENE.- ¿Niños enyesados, en camión, siete o diez horas?
GABRIELA.- No, claro. En el avión, casi todos son de medio boleto. Pero ni así. Dos
boletos y medio de ellos y los de nosotras casi cien mil.
MARLENE.- (casi llora) ¡Es cómo una maldición que todo cueste tan caro! Un millón
para librar a un cabrón de mierda y las pobres estúpidas infelices no pueden irse con sus
niños al mar. Ni siquiera un par de días.
(silencio largo)
GABRIELA.- Marlene.
MARLENE.- ¿Qué?
GABRIELA.- Vámonos al mar.
MARLENE.- ¿Cómo?
GABRIELA.- En avión. Tomando cocteles durante el vuelo. Con la maleta llena de
modelitos nuevos. Antes, me pones divina en tu salón. Y trajecitos nuevos para los
niños y zapatos. Que ya no tienen. También Héctor trae patas de pordiosero. Y nos
tendemos en la playa, muy doraditas, a ver pasar galanes.
MARLENE.- Pero eso nos va a costar…
GABRIELA.- Como trescientos veinticinco mil pesos…
(Quedan viéndose, les empieza un ataque de risa creciente)
MARLENE.- ¡Ay, Gabriela! (con risa nerviosa) ¿qué estás pensando?
GABRIELA.- (Se sirve más ron) ¿A ti te sacó alguna vez a pasear?
MARLENE.-Jamás.
GABRIELA.- A mí tampoco.
MARLENE.- Ay, a mí sí. Una vez me llevó a Tehuacan, a una maldita convención y
había una polvadera espantosa.
GABRIELA.- Bueno: ahora va a ser invitación suya.
MARLENE.- ¡Se está volviendo buen marido!
GABRIELA.- Podemos ponerle un telegrama, no vaya a preocuparse.
MARLENE.- “Maco-Tony querido, gracias por el paseo tan deliciosos. Firmado:
nosotras” y todavía nos va a sobrar mucho dinero.
GABRIELA.- Ochocientos mil pesos. ¡cuántas cosas se nos van a ocurrir al regreso!
MARLENE.- A Molina no le avisamos. Que se quede esperándonos.
GABRIELA.- Sí, esperándonos. ¡como le va a doler! De ese millón seguro iba a robarse
la mitad.
MARLENE.- Almejas giantes, camarones, ostiones.
GABRIELA. Música tropical, chica, buena salsa caliente. Y ron jamaiquino, cubano,
puertorriqueño, haitiano.
(Gabriela pone música, cantan y bailan)
MARLENE.- ¿Y ese pobre infeliz… se va a quedar ahí diez años?
GABRIELA.- Mira, no creo. Con muy buena conducta, pueden rebajárselos a ocho (risa
de ambas)
MARLENE.- Menos mal. ¡Le va a pasar lo mismo que en “la isla de los hombres
solos”!
GABRIELA.- Ay, pobre. Ojalá que no le guste. Lo que sí puede hacer después, escribir
sus memorias, a ver si le sale un best-seller.
MARLENE.- ¿Escribir? ¿Ese?
GABRIELA.- No, verdad. Ya parece. Bruto y huevón
MARLENE.- Siempre he querido un traje de cóctel con lentejuelas.
GABRIELA.- Yo quiero uno con chaquiras, muy años veinte, que se me vea todo.
MARLENE.- ¡El mío, transparente! Y unos bikinis como confetis.
(Ríen y bailan)
GABRIELA.- ¡Niños! ¡Ayúdennos a empacar! Nos vamos a la playa.
MARLENE.- Ya veremos a cuál. ¡Hay tantas playas! Debemos preguntar en una
agencia.
GABRIELA.- (Canta) adonde el mar sea más azul.
MARLENE.- (Canta) y con arena muy acariciante.
GABRIELA.- (Canta) con los hoteles más lujosos.
MARLENE.- (Canta) y la que esté más llena…!
LAS DOS.- De galanes, de galanes, de galanes.
Telón.

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