TEATRO

En las secciones de teatro voy a comentarles un poco sobre obras, sus autores y número de personajes. En esta ocasión tenemos LAS PRECIOSAS RIDÍCULAS de Moliere.
Esta obra se presentó en 1659, es una comedia sobre dos provincianas recién llegadas a la gran ciudad, que confunden a dos criados con unos señores de excelente posición económica y talento. Las situaciones graciosas se suceden sin parar y puede adaptarse perfectamente a la época actual. Preciosas rídiculas hay en cualquier tiempo.
Los personajes son: La Grange, Du croisy (estos dos son los verdaderos señores despreciados por las preciosas), Gorgibus (padre de una preciosa) Madelón (preciosa ridícula), Cathos (Preciosa ridícula) Marotte (sirvienta), el Marqués de Mascarilla (criado que se hace pasar por marqués) y el Vizconde de Jodelet (otro criado haciéndola de gran señor).
Es una obra en un solo acto. A continuación te dejo una adaptación del texto a la época actual.





LAS PRECIOSAS RÍDICULAS de Moliere.


Adaptación de Tania Ruiz.

La escena, en París, en casa de GORGIBUS.

Acto único

Escena I

LA GRANGE y DU CROISY.

 DU CROISY.- ¿Señor La Grange? ¿Qué piensa de nuestra visita? ¿Está satisfecho 

de ella?

 LA GRANGE.- ¿Usted cree que tenemos motivo para estarlo los dos?

 DU CROISY.- No del todo, en verdad.

 LA GRANGE.- Yo confieso que estoy escandalizado. ¿Se ha visto nunca a dos 

niñas provincianas hacerse más desdeñosas que estas y a dos hombres tratados con 

más desprecio que nosotros? Apenas si han podido decidirse a ordenar que nos dieran 

unas sillas. No he visto jamás hablarse tanto al oído como hacen ellas, bostezar tanto, 

restregarse tanto los ojos y preguntar tantas veces: «¿Qué hora es?» No han contestado 

más que sí o no a todo cuanto hemos podido decirles. 

 DU CROISY.-Usted toma la cosa muy a pecho.

 LA GRANGE.- Sí y quiero vengarme de esta grosería. Estas dos provincianas son 

unas ridículas y pretenciosas mujeres que sólo se fijan en las apariencias. Ya veo lo que 

hay que ser para que le reciban a uno bien; les prepararemos una jugarreta que les hará 

ver su necedad y podrá enseñarles a conocer un poco mejor el mundo.

 DU CROISY.- ¿Y cómo, pues?

 LA GRANGE.- Tengo un criado, llamado Mascarilla, que es un snob. Es un 

maniático a quien se le ha metido en la cabeza alardear de hombre distinguido. Se cree, 

galán y poeta, y desdeña a los otros criados, hasta llamarlos bestias.

 DU CROISY.- ¿Y qué pretende que haga?

 LA GRANGE.- ¿Qué pretendo que haga? Es preciso... salgamos de aquí.

Escena II

GORGIBUS, DU CROISY y LA GRANGE.

 GORGIBUS.- Qué, ¿han visto a mi sobrina y a mi hija? ¿Marcha bien el negocio? 

¿Cuál es el resultado de esta visita?

 LA GRANGE.- Eso es cosa que sabrá mejor por ellas que por nosotros. Todo lo 

que podemos decir es que estamos agradecidos por el favor que nos ha dispensado y 

seguimos siendo sus muy humildes servidores.

 GORGIBUS.- (Solo.) Parece que salen disgustados de aquí. ¿De dónde podrá venir 

su descontento? Hay que enterarse de lo que pasó. Marotte!

Escena III

GORGIBUS y MAROTTE.

 MAROTTE.- ¿Qué desea, señor?

 GORGIBUS.- ¿Dónde están las señoritas?

 MAROTTE.- En su recámara.

 GORGIBUS.- ¿Qué hacen?

 MAROTTE.- Se están pintando.

 GORGIBUS.- Ya es demasiado unto; diles que bajen.

Escena IV

GORGIBUS, solo

 GORGIBUS.- Esas bribonas tienen ganas de arruinarme con su maquillaje. No veo 

por todas partes más que sombras, labiales y mil otros chismes que no conozco. desde 

que estamos aquí, han gastado lo suficiente como para que vivan cuatro criados.

Escena V

MADELÓN, CATHOS y GORGIBUS.

 GORGIBUS.- ¿Es muy necesario, hacer tanto gasto para pintarse el hocico? 

Díganme, por favor: ¿Qué le han hecho a esos caballeros que salieron con tanta 

frialdad? ¿No les había dicho que los recibieran como a sus futuros maridos?

 MADELÓN.- ¡Papá! No se puede empezar por el casamiento.

 GORGIBUS.- ¿Y por dónde quieres entonces que empiecen? ¿Por vivir juntos?

 MADELÓN.- ¡Ah, padre mío, lo que dices es propio del siglo pasado! deberías 

ponerte al día con nuevas ideas.

 GORGIBUS.- No necesito nuevas ideas. Te digo que el matrimonio es una cosa 

santa y sagrada.

 MADELÓN.- ¡Dios mío! ¡Si todo el mundo pensara así, se acabaría muy pronto una 

telenovela! Bonita cosa si los enamorados se casan sin dificultad

 GORGIBUS.- ¿Qué dices?

 MADELÓN.- Papá , aquí está mi prima, que te dirá igual que yo: que el matrimonio 

no debe nunca llegar sino después de las otras aventuras. Es preciso que un amante, para 

ser agradable, sepa declamar los bellos sentimientos, exhalar lo tierno, lo delicado y lo 

ardiente, y que su esmero consista en las formas. Debe haber aventuras, rivales que 

se atraviesan ante una inclinación arraigada, persecuciones de los padres, los celos, las 

quejas, las desesperaciones, los raptos y todo lo demás. El llegar de buenas a primeras 

a la unión conyugal, hacer al amor tan solo al concertar el contrato matrimonial y 

empezar justamente la novela por la cola, papá no hay nada más vulgar que ese 

proceder, y me dan náuseas solo de pensar en eso.

 GORGIBUS.- ¿Qué tonterías estoy oyendo? 

 CATHOS.- En efecto, tío; mi prima tiene razón. Apuesto a que esos dos señores 

no han visto nunca una telenovela Vienen a conocernos con ropa pasada de moda y no 

saben de qué conversar.¿Qué amantes son esos? 

 GORGIBUS.- Creo que están locas las dos; no logro entender nada de esto. 

 MADELÓN.- ¡Oh, por favor, papá. llámanos de otro modo y no con esos nombres 

raros!

 GORGIBUS.- ¡Cómo! ¿Esos nombres raros no son suyos?

 MADELÓN.- ¡Dios mío, qué naco! Uno de mis asombros es que hayas podido tener 

una hija tan espiritual como yo. 

 GORGIBUS.- No consiento en modo alguno que lleven otros nombres que los suyos, 

y en cuanto a esos señores de que se trata, conozco sus familias y sus bienes, y quiero 

que se casen con ellos. Me canso de mantenerlas son una carga demasiado pesada para 

un hombre de mi edad.

 MADELÓN.- Déjanos disfrutar de la ciudad adonde acabamos de llegar. Dejadnos 

forjar a gusto la trama de nuestra novela y no apresures tanto su final.

 GORGIBUS.- (Aparte.) No cabe duda, están locas. (Alto.) Repito que no entiendo 

nada de todas esas tonterías; quiero ser amo absoluto, y para cortar toda clase de 

discursos, o se casan las dos muy pronto, o que serán monjas; lo juro de verdad.

Escena VI

CATHOS y MADELÓN.

 CATHOS.- ¡Dios mío, qué padre más terco tienes!

 MADELÓN.- ¿Qué quieres? Me da pena. Me cuesta trabajo convencerme que 

yo pueda ser realmente hija suya, y creo que, un buen día, alguna aventura vendrá a 

revelarme un origen más ilustre.

 CATHOS.- Sería muy de creer, y tiene todas las apariencias de ello; en cuanto a mí, 

cuando me contemplo...

Escena VII

CATHOS, MADELÓN y MAROTTE

 MAROTTE.- Hay alguien que quiere verlas.

 MADELÓN.- ¿Quién es?

 MAROTTE.- Un tal Mascarilla dice que de la alta socialité.

 MADELÓN.- Es, sin duda, un ingenio que habrá oído hablar de nosotras.

 CATHOS.- Seguramente, querida.

Escena VIII

MAROTTE y MASCARILLA.

 MAROTTE.- Señor, dentro de un momento vendrán mis amas.

 MASCARILLA.- Que no se apresuren; estoy aquí instalado cómodamente para 

esperar.

 MAROTTE.- Ya llegan.

Escena IX

MADELÓN, CATHOS, MASCARILLA y MAROTTE.

 MASCARILLA.- (Después de haber saludado.) Señoritas, les sorprenderá la osadía 

de mi visita; su reputación me trae ante ustedes, y el mérito posee para mí tan poderosos 

encantos, que corro tras él por todas partes.

MADELÓN.- Si persigues el mérito, no debes cazar en nuestras tierras.

 MASCARILLA.- ¡Ah!¡Falsa modestia!. La fama pone justamente de manifiesto lo 

que valen.

 CATHOS.- Hay que ofrecer sillas.

 MADELÓN.- ¡Marotte!

 MAROTTE.- Sí.

 MADELÓN.-Trae una silla.

(Sale MAROTTE.)

 MASCARILLA.- ¿hay aquí seguridad para mí?

 CATHOS.- ¿Qué temes?

(Vuelve MAROTTE con un sillón y sale de nuevo.)

 MASCARILLA.- Algún robo de mi corazón. Veo aquí ojos que tienen aspecto de ser 

muy malas piezas, de atacar a las libertades. 

 MADELÓN.- No temas nada; nuestros ojos no tienen malos propósitos y tu corazón 

puede descansar con tranquilidad.

 CATHOS.-Por favor, siéntese.

 MASCARILLA.- ¿qué les parece la ciudad?

 MADELÓN.- Es hermosa, un centro de buen gusto, no como en el pueblo.

 MASCARILLA.- ¿Salen mucho, qué tal su vida social?

 MADELÓN.- ¡Ay! No somos aún conocidas; pero tenemos un amiga pque nos ha 

prometido llevarnos a todos los bares y antros de moda.

 MASCARILLA.- Yo puedo ser su guía, conozco a toda la gente importante de aquí.

 MADELÓN.- ¡Ah Dios mío! Nos encantaría salir contigo.

 CATHOS.-Sobre todo queremos conocer a gente bien, que esté relacionada y sea 

famosa, un político o un artista.

 MASCARILLA.- Bueno, yo soy un poeta y podrán encontrar en los cafés algunas de 

mis canciones, poesías y escritos.

 MADELÓN.- ¡Ah! Será realmente algo de una perfecta belleza; 

 MASCARILLA.- Pero todo lo hago por amor al arte, no por el dinero.

 MADELÓN.- ¡Me imagino que será un gran placer verse impreso!

 MASCARILLA.- Sin duda. A propósito, me gustaría recitarles un poema que hice 

ayer.

 MADELÓN.- Somos todo oídos.

 MASCARILLA.- 

 ¡Oh, oh! No estaba atento;

mientras os miro, sin vil pensamiento,

vuestros ojos, furtivos, róbanme el corazón.

¡Al ladrón, al ladrón, al ladrón, al ladrón!

 CATHOS.- ¡Ah, Dios mío! Es llegar al más alto grado de la galantería.

 MASCARILLA.- Todo lo que hago tiene un aire es fresco.

 MASCARILLA.- ¿Han observado ese principio? ¡Oh, oh! Es extraordinario. ¡Oh, 

oh! como un hombre que cae de pronto en la cuenta. ¡Oh, oh! Es la sorpresa, ¡Oh, oh!

 MADELÓN.- Sí; encuentro admirable ese ¡oh, oh!

 MASCARILLA.- Parece que no es nada.

 CATHOS.- ¡ Estas son cosas que no tienen precio.

 MASCARILLA.- Tienes un gusto excelente.

 MADELÓN.- ¡Vaya! No lo tengo del todo malo.

 MASCARILLA.- Pero ¿no admiras también ese «no estaba atento», «no estaba 

atento», no lo advertía? Manera natural de hablar; «no estaba atento, mientras os 

miro, sin vil pensamiento», mientras inocentemente, sin malicia ni impureza, como 

un pobre carnero «os miro», es decir, me complazco en contemplarte, te observo, te 

examino; «vuestros ojos, furtivos...» ¿Qué les parece esa palabra «furtivos»? ¿No está 

bien escogida?

 CATHOS.- Perfectamente bien.

 MASCARILLA.- «Furtivos», es decir, obrando a escondidas; parece como si fuera 

una gato que acaba de atrapar un ratón; «furtivos»...

 MADELÓN.- No puede haber nada mejor.

 MASCARILLA.- «Róbanme el corazón». Me lo arrebatan, me lo quitan. «¡Al 

ladrón, al ladrón, al ladrón, al ladrón!»

 MADELÓN.- tiene un tono espiritual y galante.

 MASCARILLA.-También le puse música

 CATHOS.- ¿Estudiaste música?

 MASCARILLA.- Para nada.

 CATHOS.- ¿Y cómo puede realizarse eso?

 MASCARILLA.- La gente de calidad lo sabe todo sin haber aprendido nunca nada.

 MADELÓN.- Seguramente, querido.

 MASCARILLA.- Escuchen, a ver es de su agrado (Canta.) «¡Oh, oh! No estaba 

atento...»

 CATHOS.- Qué canción, provoca la muerte.

 MASCARILLA.- ¿No encuentran bien expresado el pensamiento en la canción?

 «¡Al ladrón!...» Y luego, como si se gritara muy fuerte: «Al, al, al, al, al ladrón». Y 

súbitamente, como una persona sin aliento: «¡Al ladrón!».

 MADELÓN.- Eso es saber la entraña de las cosas, la verdadera entraña, la entraña de 

la entraña. Todo es maravilloso, me entusiasman la música y la letra.

 CATHOS.- No he visto nunca nada de tal vigor.

 MASCARILLA.- Todo lo que hago se me ocurre espontáneamente, sin estudio.

 MADELÓN.-¡qué afortunado!

 MASCARILLA.- ¿Y ustedes que hacen?

 CATHOS.- Nada.

 MADELÓN.- Ni estudiamos, ni trabajamos y tampoco nos divertimos.

 MASCARILLA.- Me ofrezco para llevarlas al teatro.

 MADELÓN.- Nos encantaría.

 MASCARILLA.-Pero aplaudan con fuerza aunque no les guste la obra, todas las 

personas importantes aplauden y elogian la obra aunque no le entiendan nada. Ustedes 

parecen actrices.

 MADELÓN.- Hicimos una obra en la escuela.

 MASCARILLA.- Habrá que verla. Yo escribí una que quiero hacer representar.

 CATHOS.- ¡Vaya! ¿Y a qué comediantes se las darás?

 MASCARILLA.- ¡Linda pregunta! A los grandes comediantes; solo ellos son 

capaces de dar valor a las cosas; los otros son unos ignorantes, que recitan como si 

hablaran; no saben hacer sonar los versos y detenerse en el buen momento. ¿Y cómo se 

podría saber dónde se halla el bello verso, si el comediante no se detiene en él y no nos 

advierte así que hay que provocar el murmullo?

 CATHOS.- En efecto, hay maneras de hacer percibir a los oyentes las bellezas de 

una obra.

 MASCARILLA.- ¿Qué les parecen estos calcetines? ¿Combinan con el traje?

 CATHOS.- Por completo.

 MASCARILLA.- ¿Está bien escogida la bufanda?

 MADELÓN.- Furiosamente bien.

 MASCARILLA.- ¿Qué opinan de mi pantalón?

 MADELÓN.- Tiene un aspecto soberbio.

 MASCARILLA.-¿Qué les parece mi loción?.

 MADELÓN.- Huele rabiosamente bien.

 CATHOS.- No he respirado nunca un olor tan bien acondicionado.

 MASCARILLA.- Tengo la manía de proveerme generalmente de todo lo más bello.

 MADELÓN.- Somos iguales, tengo una delicadeza furiosa por todo lo que uso; y 

desde mi pelo hasta mis calcetines, no puedo tolerar nada que no provenga de una mano 

maestra.

 MASCARILLA.- (Con bruscas exclamaciones.) ¡Ay, ay, ay! ¡Con cuidado! está 

muy mal tratar así; su comportamiento no es honrado.

 CATHOS.- ¿Qué sucede? 

 MASCARILLA¡Las dos al mismo tiempo contra mi corazón! ¡Atacarme a derecha 

y a izquierda! ¡Ah! Eso es opuesto al derecho de gentes; no es igual la partida, y voy a 

gritar que me matan.

 CATHOS.- Hay que confesar que dice las cosas de una manera especial.

 MADELÓN.- Tiene un estilo de una expresión admirable.

 CATHOS.- Sientes más miedo que daño, y tu corazón grita antes de que lo 

destrocen.

 MASCARILLA.- ¡Cómo, diablo!... Está destrozado desde la cabeza a los pies.

Escena XI

CATHOS, MADELÓN, MASCARILLA y MAROTTE.

 MAROTTE.- Tiene visita.

 MADELÓN.- ¿Quién?

 MAROTTE.- Un señor Jodelet.

 MASCARILLA.- Es mi mejor amigo.

 MADELÓN.-Entonces que entre.

(Sale MAROTTE.)

 MASCARILLA.- Hace algún tiempo que no nos hemos visto y me encanta esta 

aventura. 

 CATHOS.- Hele aquí.

Escena XII

CATHOS, MADELÓN, JODELET, MASCARILLA y MAROTTE.

 MASCARILLA.- Jodelet!

 JODELET.- (Mientras se abrazan.) ¡Mascarilla!

 MASCARILLA.- ¡Cuánto me complace verte!

 JODELET.- ¡Qué alegría me da encontrarte aquí!

 MASCARILLA.- Abrázame otra vez, te lo ruego.

 MADELÓN.- (A CATHOS.) Mi buena prima, empezamos a ser conocidas; he aquí 

el gran mundo que acude ya a visitarnos.

 MASCARILLA.- Les presente a este caballero; que es digno de que le conozcan.

 JODELET.- Señoritas, encantado.

 MADELÓN.-El placer es nuestro

 CATHOS.- Este día debe quedar señalado como un día muy feliz.

 MADELÓN.- (A MAROTTE.) ¿No veis que hace falta un sillón más?

 MASCARILLA.- No les extrañe ver así a Jodelet; acaba de salir de una grave 

enfermedad.

(MAROTTE entra con un sillón y vuelve a salir.)

 JODELET.- Son los frutos de la política y de las fatigas en la guerra.

 MASCARILLA.- Es un valiente de pelo en pecho.

 JODELET.- No es para tanto.

 MASCARILLA.- Cierto es que ya nos hemos encontrado los dos en situaciones 

difíciles.

 JODELET.- Y en sitios donde hacía mucho calor.

 MASCARILLA.- (Mirando a CATHOS y a MADELÓN.) Sí; pero no tanto como 

aquí. ¡Ay, ay, ay!

 JODELET.- Nuestra amistad se forjó en la guerra, y la primera vez que nos vimos 

mandaba él un regimiento.

 MASCARILLA.- Es cierto; recuerdo que no era yo más que simple oficial aún, 

cuando ya mandabas tú dos mil hombres.

 JODELET.- La guerra es una cosa muy bella; mas, pero se recompensa hoy muy mal 

a alas gentes de servicio como nosotros.

 MASCARILLA.- Lo cual hace que quiera yo ahorcar el uniforme.

 CATHOS.- Yo, por mi parte, siento una furiosa ternura por los hombres valientes.

 MADELÓN.- También yo los amo.

 MASCARILLA.- ¿Te acuerdas, de aquel terreno que arrebatamos a los enemigos?

 JODELET.- ¡Claro! Fui herido allí en la pierna por una granada, y tengo aún las 

señales. Toquen un poco, por favor; así comprenderán qué herida fue aquella.

 CATHOS.- (Después de haberle tocado el sitio.) En verdad que es grande la 

cicatriz.

 MASCARILLA.- toquen esta: aquí precisamente detrás de la cabeza. ¿Lo notas?

 MADELÓN.- Sí; noto algo.

 MASCARILLA.- Es un culatazo que recibí en la última campaña que hice.

 JODELET.- (Descubriendo su pecho.) He aquí otra herida que me atravesó de parte 

a parte.

 MASCARILLA.- (Poniendo la mano en el botón de sus calzones.) Voy a 

mostrarles una rabiosa llaga.

 MADELÓN.- No es necesario; lo creemos sin verla.

 MASCARILLA.- Son las huellas honrosas que revelan lo que uno es.

 CATHOS.- No dudamos de lo que son.

 MASCARILLA.- Traes tu porshe?

 JODELET.- Sí, ¿para qué?

 MASCARILLA.- Llevaríamos a pasear a estas damas y les haríamos un regalo.

 MADELÓN.- No podemos salir hoy.

 MASCARILLA.- Entonces bailemos un poco.

 MADELÓN.- Marotte, pon música.

 MASCARILLA.-¿qué dices de estos ojos?

 JODELET.- ¿Y qué te parecen a ti?

 MASCARILLA.- Pues yo digo que les va a costar trabajo a nuestras libertades sacar 

de aquí las bragas enjutas. Al menos, por mi parte, experimento extrañas sacudidas, y 

mi alma pende de un hilo.

 MADELÓN.- ¡Qué natural es todo lo que dice! Expresa las cosas del modo más 

agradable del mundo.

 CATHOS.- En verdad, hace un furioso derroche de ingenio.

 MASCARILLA.- Para mostrar que es verdad, voy a hacer una improvisación ahora 

mismo. (Medita.)

 CATHOS.- Dinos algo que sea exclusivo para nosotras.

 JODELET.- Desearía yo hacer otro tanto; mas me encuentro un poco molesto de la 

vena poética por la cantidad de sangrías que he practicado en ella estos días pasados.

 MASCARILLA.- ¿Qué diablos pasa? Hago siempre bien el primer verso; pero me 

cuesta trabajo componer los demás. haré despacio una improvisación, que será la más 

bella del mundo.

 JODELET.- Tiene un ingenio endemoniado.

 MADELÓN.- Y galanura y estilo florido.

Escena XIII

MADELÓN, CATHOS, MASCARILLA, JODELET y MAROTTE.

 MAROTTE.- Ya está la música.

 MADELÓN.- Muy bien..

 MASCARILLA.- (Bailando él solo, como preludio.) ¡La, la, la, la, la, la, la, la!

 MADELÓN.- qué elegante.

 CATHOS.- Y baila muy bien.

 MASCARILLA.- (Sacando a MADELÓN a bailar.) A bailar!

(Los cuatro bailan en medio de la escena.)

 JODELET.- (Después del baile. Jadeando.) No tan rápido, que acabo de salir de 

una enfermedad.

Escena XIV

DU CROISY, LA GRANGE, CATHOS, MADELÓN, JODELET, MASCARILLA y

MAROTTE.

 LA GRANGE.- (Con un palo en la mano.) ¿Qué hacen aquí? Hace tres horas que 

los buscamos.

 MASCARILLA.- (Al sentirse golpeado.) ¡Ay, ay, ay! ¡No me habian dicho que los 

golpes estarían incluidos también!

 JODELET.- ¡Ay, ay, ay!

 LA GRANGE.- ¡Es muy de tu estilo, infame, querer pasar por hombre importante!

 DU CROISY.- Esto les enseñará a conocernos.

Escena XV

 MADELÓN.- ¿Qué quiere decir esto?

 JODELET.- Es una apuesta

 CATHOS.- ¡Cómo, dejarse pegar de ese modo!

 MASCARILLA.- ¡Dios mío! No he querido darme por entendido porque soy 

violento y me hubiera enfurecido.

 MADELÓN.- ¡Soportar una afrenta así, en nuestra presencia!

 MASCARILLA.- No es nada; dejémoslo ahí. Nos conocemos desde hace largo 

tiempo, y entre amigos no va uno a ofenderse por tan poca cosa.

Escena XVI

 LA GRANGE.- (Pegándole.) no se reirán de nosotros, os lo prometo.

 MADELÓN.- ¿Qué osadía es esta de venir a perturbarnos así en nuestra casa?

 DU CROISY.- ¡Cómo! ¿Vamos a tolerar que nuestros sirvientes sean mejor 

recibidos que nosotros?

 MADELÓN.- ¿sus sirvientes?

 LA GRANGE.- Sí. Y no es ni bonito ni honesto pervertirlas como estaban haciendo.

 MADELÓN.- ¡Oh, cielos, qué insolencia!

 LA GRANGE.- no sacarán partido de nuestras ropas. Pronto, desnúdense sin 

dilación.

 MASCARILLA.- (Quitándose la ropa.) Quedamos por los suelos.

 DU CROISY.- ¡Ah, pícaros! ¿Tienen la osadía de entrar en competencia con 

nosotros?

 LA GRANGE.- Es ya demasiado esto de suplantarnos y de hacerlo además, con 

nuestra ropa.

 MASCARILLA.- ¡Oh fortuna, qué inconstancia la tuya!

 DU CROISY.- vamos quítense hasta menor prenda.

 LA GRANGE.- Que se lleven todas esas ropas.

(MAROTTE recoge las ropas y sale de escena con ellas.)

Y ahora, señoras, en el estado en que se encuentran pueden seguir sus amores con ellos; 

y no nos sentiremos nada celoso.

(Salen LA GRANGE y DU CROISY.)

Escena XVII

MADELÓN, CATHOS, JODELET, MASCARILLA y MAROTTE.

 CATHOS.- ¡Ah, qué sinvergüenza!

 MADELÓN.- Me muero de pena.

Escena XVIII

GORGIBUS, MADELÓN, CATHOS, JODELET, MASCARILLA y MAROTTE.

 GORGIBUS.- (Entrando.) ¡Ah bribones, en buen apuro nos ponéis por lo que veo! 

Y acabo de enterarme de lindas cosas, realmente, por esos caballeros que salen.

 MADELÓN.- ¡Ah padre mío, nos han gastado una broma sangrienta!

 GORGIBUS.- ¡Sí; es una broma sangrienta, resultado de sus tonterías!

 MADELÓN.- Juro que nos vengaremos de ello o moriré en el intento. Y ustedes, 

¿siguen aquí después de su insolencia?

 MASCARILLA.- ¡Tratar de este modo a un señor! Así es el mundo: la menor 

desgracia hace que nos desprecien aquellos que nos querían. Vamos, camarada; vamos 

a buscar fortuna a otra parte; bien veo que aquí no se ama más que la vana apariencia, y 

que no se considera nada a la virtud totalmente desnuda.

Escena XIX

GORGIBUS, MADELÓN, CATHOS y MAROTTE.

Y ustedes van a servir de burla y de irrisión a todo el mundo. Esto es lo que han 

conseguido con sus extravagancias. Escóndanse, miserables para siempre.

(MADELÓN y CATHOS salen corriendo.)

Y ustedes, causantes de su locura, necias revistas, perniciosas diversiones de los 

espíritus ociosos, telenovelas, televisa y teveazteca , canciones y sonetos, ¡váyanse al 

diablo!

FIN


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