ADELGAZA CON ANA

Método infalible para adelgazar


¿Cansada de que te digan gorda? Imagina lucir un hermoso cuerpo en la playa. Con el nuevo descubrimiento de grandes científicos, ahora es posible que realices tu sueño. No más esconderte tras una camisa de hombre, lucirás una figura que será la envidia de tus amigas. Ven y conoce la Dieta para bajar10 kilos en una semana. Resultados garantizados. Citas al 33 45 20 66 con Dra.  Ana.
Laura sabía que no existían fórmulas mágicas para bajar de peso, lo sabía porque ella había probado todas, sin ningún resultado. Los veinte kilos que tenía de más se negaban a abandonarla. Pero no podía resistirse ante ese anuncio, ella se había imaginado tantas veces en la playa, luciendo un diminuto bikini rojo, hermosa, segura y feliz.
Si pudiera hacer su sueño realidad. Estaba cansada de que sus compañeras la observaran con lástima o burla, sobre todo Estela la horrorosa, flaca y escuálida Estela, la desgraciada que podía comer de todo sin subir un gramo. La que llegaba a la preparatoria luciendo sus bien torneadas piernas con un short cortito que rebasaba la línea de la decencia. La que lucía su vientre plano con un piercing en el ombligo. Sólo de recordar cómo todos los chicos veían a Estela, le dio una punzada de celos en la boca del estómago. Laura sabía cómo sentirse mejor: se prepararía un helado de chocolate con crema batida…
No.
La imagen de ella en un bikini rojo era mejor que cualquier helado. No comería, fue al teléfono y llamó para hacer una cita. Esperaba que esos descubrimientos  funcionaran en ella.
La cita era para el día siguiente, la secretaria le dijo que si era menor de edad tendría que ir acompañada por alguno de sus padres. Primer obstáculo: los padres de Laura trabajaban todo el día y nunca tenían tiempo para su hija, por eso sustituían su presencia con un refrigerador abarrotado de comida. Laura no se rendiría esta vez, le dijo a la secretaria que tenía 18 años, recién cumplidos. La única ventaja de ser gorda es que te ves más grande de lo que eres en realidad, Laura tenía 15 años aunque nadie lo creyera.
Laura colgó, satisfecha y orgullosa de ella misma,  lo lograría: mañana sería una mujer nueva y en una semana, con diez kilos menos, conquistaría el mundo. Decidió comerse un helado con crema batida por última vez, también se comió media pizza que había en el refrigerador y se tomó dos litros de refresco, sería su despedida de la comida chatarra.
            En la mañana Laura desayunó un vaso con agua caliente y nada más, a media mañana se sentía desfallecer y por su cabeza bailaban imágenes de tortas, tamales, pizzas, hamburguesas, pasteles y mil delicias más. Pero resistió la tentación: se enfundó en unos apretados pants, que le marcaban la celulitis de las piernas, y salió a correr por el parque, era la única loca corriendo bajo el sol abrasador.
           Después de 10 minutos de carrera quedó sin aliento, sudaba a mares y estaba a punto del desmayo, regresó a casa y se preparó para la cita con la Dra. Ana.
            Llegó a la dirección indicada en un elegante barrio residencial, Laura se asustó un poco, no traía mucho dinero, esperaba que la consulta no fuera muy costosa.
           La recibió una señorita alta, delgada, casi esquelética, que le sonreía y, con una voz chillona, la invitó a pasar al consultorio para tomarle medidas mientras llegaba la doctora.
            Entraron en un reducido cuarto, que sólo tenía una balanza y un potente foco, la midieron, la pesaron y le tomaron una fotografía en ropa interior, le dieron un formato que tenía que firmar para autorizar el tratamiento, y le pidieron que esperara a la doctora así, casi desnuda. La señorita flaca se fue y la dejó sola en el minúsculo cuartito.
            La luz se apagó, Laura se asustó un poco, el pequeño espacio no tenía ventanas: la oscuridad era total. Sintió agua en sus pies, parecía que el lugar se hundía.
-¡Hola! ¡Estoy encerrada y se está metiendo agua! –gritó Laura tratando de parecer calmada. Nadie contestó.
            Se acercó a la puerta y recibió una descarga eléctrica que casi la hace perder el conocimiento. Laura cayó y chocó con la báscula que casi le cae encima. Tuvo miedo y lástima de ella misma, había caído en una trampa, no sabía que clase de maniáticos la secuestraron, porque no podía tratarse de otra cosa, eso tenía que ser una especie de secuestro. Pensó en las hojas que firmó sin leer. No le mencionó a nadie su cita con la doctora, sus papás llegarían en la noche, cansados; probablemente ni siquiera se darían cuenta de su ausencia.
            A pesar de su miedo tenía mucha hambre.
            Laura no sabía cuanto tiempo llevaba encerrada en ese diminuto espacio, las descargas continuaban a intervalos regulares; y eran más fuertes cuando ella pensaba en comida, después de unas cuatro o cinco veces que creyó morir por el dolor que sentía, dejó de tener hambre y perdió el conocimiento.
            Cuando despertó, su ropa estaba sobre la báscula, el piso y ella estaban secos, la puerta estaba abierta y la recepción se encontraba vacía. Su bolsa no se encontraba en ningún lado.
            Laura se vistió y salió, caminaba de prisa, era de noche. El ruido de los carros, el sonido de pasos, ante cada ruido ella soltaba un pequeño grito.Caminó hasta su casa pensando en su experiencia, no recordaba bien qué había pasado pero estaba segura de que no podía comentar nada de lo sucedido esa tarde.
            Cuando llegó  sus papás estaban cenando.
            El olor de la comida le provocó nauseas, pretextó un dolor de cabeza y se fue a dormir.
            Dos semanas después, Laura se convirtió en una delgada, solitaria y miedosa  muchacha que nunca pensaba en la comida.
           
                                                                                             Pequeñísimo homenaje a Stephen King, los que son sus seguidores recordarán la historia del fumador que deja los cigarros. Yo recuerdo el cuento ¡pero no cómo se llama! Creo que aparece en Ojos de Gato. Si alguien lo recuerda, agradeceré que me pasen el dato, para leerlo de nuevo. 
                                                                                                                                      Tania Ruíz.
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