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sábado, 22 de febrero de 2014

Cuento corto

HOMENAJE


El vaso con whisky permanecía sobre la barra, retador, descarado, seductor. Yo admiraba la mancha de carmín en el borde y me imaginaba el sabor de esos carnosos labios.


Ella se contoneaba a mitad de la pista. Una gota de sudor se deslizó por su escote, su piel brillaba bajo las luces. Mi erección fue instantánea, quería poseerla ahí mismo, bajo la mirada de todos los presentes. Imaginé mis manos bajo su falda, acariciando sus muslos.


-¿Le sirvo otra copa? -me preguntó el mesero.


-No, gracias. Así estoy bien.


Ella llegó a mi lado, tomó el vaso con una mano temblorosa, me sonrió.


-Deja de mirarme de esa manera -me dijo-. Regresa a tu casa y olvidemos todo.


-¿Olvidar que conocí a la mujer más espectacular del mundo? Imposible, te recordaría incluso si tuviera amnesia. Puedo olvidar todo, menos tu rostro, tu cuerpo, tu manera de moverte. Si fuera un poco más decente te diría que te quiero hacer el amor aquí mismo, sobre la barra de este mugroso bar que hoy se engalana con tu presencia. Pero la decencia y yo nunca nos hemos llevado bien, así que mejor cierro la boca, para evitar que las palabras me traicionen.

-Las palabras siempre te han traicionado. Sobre todo las que pones en papel, pero te engañas corazón, eres más romántico que cualquiera, por eso me gustas.

-Guapa e inteligente ¿de que planeta saliste?

-De ninguno, deambulo por este desde hace millones de años. Y por más que te evite siempre termino aquí, contigo.

-No termines aquí, mejor terminamos juntos.

Se acercó a mi, la tomé por la cintura, una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo y cuando me besó mi mente se puso en blanco.

Desperté a la mañana siguiente con una resaca de whisky, ron, vodka y tequila, cosa extraña porque sé que no había tomado más que una copa de alcohol. Era ella la que me había embriagado con su sexo, con sus manos, con su lengua...

El ruido de la regadera era una invitación a seguir disfrutando la lujuria de su carne. Me paré y abrí la puerta del baño. La vi y no pude contener la arcada que surgió de mi estómago. Lo peor fue cuando me sonrió con esa boca descarnada.

-Dijiste que me amarías siempre y voy a renunciar a todo. Es una locura, porque no sé cómo ser diferente a lo que soy. Tengo miedo. ¿Vivir es tener miedo?


Creo que advirtió mi mueca de asco cuando comprendí que ella era la muerte, mi señora muerte.

Creo que se sintió traicionada por ese segundo de duda que tuve al verla como de verdad es, creo que pensó que lo mío era calentura y no amor. Creo que por eso me mató. Creo que la vi convertida en gorrión, como aquella vez, creo que estas palabras las escribí en otra ocasión, creo que “el pico se abrio más y más, la cabeza del gorrión se acercó a mi y el resplandor sonoro del amarillo avanzó suavemente y me envolvió”.



domingo, 4 de diciembre de 2011

Cuento de animales y locuras


EFECTO ZOOILÓGICO

-El mundo  es un lugar extraño –susurró Mirna al ver la procesión de tortugas que avanzaban  con parsimonia (como sólo una tortuga sabe hacerlo),  por la calle, deteniendo el tráfico.
Las personas se bajaban de sus carros para ver tan singular acontecimiento, tomaban fotos y varios escribían, seguramente para compartir la experiencia por su twitter o facebook.
-¡Voy a llegar tarde al trabajo! –gritó Mirna enojada, no podía salir de su cochera porque un auto tapaba la entrada.
-¡Hay miles de tortugas por la calle! –Le dijo la desconocida cómo si Mirna no las pudiera ver-. No puedo mover el carro, las voy a aplastar.
La muchacha sonreía bobalicona y miraba embelesada a los lentos animalitos,  como el resto de las personas ahí paradas, a Mirna le dieron ganas de encajarle los tacones de sus zapatos en los ojos para quitarle esa expresión estúpida del rostro.
Mirna abrió el cancel de su cochera, se subió a su carro y avanzó hasta quedar a unos centímetros del auto que le estorbaba. Tocó el claxon y todos voltearon a verla con asombro, en circunstancias normales más de uno le hubiera gritado o quizá hasta la habrían golpeado, ahora se limitaban a sonreírle y hacerle la señal universal de amor y paz.
Mirna tuvo que esperar, no entendía el porqué de tanto alboroto, después de todo sólo eran tortugas y por la cantidad que había ni siquiera eran animales en peligro de extinción. Es verdad que estaban bastante alejadas de la costa y era un poco inusual el hecho de verlas tan tranquilas por la calle pero eso era problema de los especialistas y Mirna no era una especialista en comportamientos extraños de animales.
Ella era una ejecutiva de ventas de una prestigiosa firma de software. Era eficiente e implacable en su trabajo, esperaba convertirse en vicepresidenta en cinco años más. Estaba dispuesta a todo con tal de conseguir lo que se proponía, obviamente llegar tarde a una cita con un importante cliente no hablaría muy bien de ella. Llamó para avisar que iba retrasada, para su sorpresa se encontró con que el cliente también iba tarde pues estaba varado ante un desfile de patos que recorría una de las principales avenidas de la ciudad. El cliente estaba eufórico y maravillado ante el espectáculo. Pospuso la cita pues decidió que se iría de vacaciones con su familia en ese momento.
-La vida nos da lecciones cuando menos lo esperamos –le dijo por teléfono-. Esto debe tener un significado, me voy con mi familia a disfrutar el ahora –el cliente colgó.
A Mirna le pareció una reverenda tontería la decisión del señor, la estaba privando de una importante comisión y no sabía cuándo podría cerrar esa venta. Ahora tendría que esperar a que al cliente se le pasara el “efecto zooilógico” para concertar otra cita. Por lo menos no llegaría tarde al trabajo pues las dichosas tortuguitas ya habían avanzado lo suficiente como para que los carros dieran vuelta en busca de vías alternas.
Mirna llegó al trabajo sin más contratiempos pero se sorprendió al encontrar el estacionamiento casi vacío. Su sorpresa mayor fue al encontrar la puerta del edificio cerrada.
Lo que me faltaba, pensó.
Mirna buscó al guardia de seguridad para preguntarle qué sucedía en el edificio, lo primero que cruzó por la mente de la chica fue una situación de amenaza de bomba, con tanta violencia en el país era algo posible. Bombas, granadas y amenazas por parte del crimen organizado se estaban volviendo el pan de cada día.
-Pero no en esta ciudad –la chica se sobresaltó con el sonido de su voz, no estaba acostumbrada a hablar sola y no era su intención decir esa parte de su pensamiento en voz alta.
El guardia no apareció por ningún lado. La chica se metió a su carro, pensó en llamar a sus colegas pero observó, con disgusto, que su celular no tenía señal. Mirna sintió unas gotas de sudor en su frente, sacó las toallitas húmedas que siempre tenía a la mano para esas situaciones y se limpió. Su blusa comenzaba a pegarse en su espalda, la temperatura había aumentado unos grados y ella transpiraba profusamente. El cielo se oscureció de pronto, la chica salió esperando ver las nubes negras que habían ocultado al sol, en su lugar se encontró con bandadas de pájaros que cubrían gran parte del cielo.
Un poco de guano le cayó en la blusa.
-¡Mierda!
La chica subió al auto justo a tiempo, al parecer las aves decidieron defecar en el mismo momento y el carro se cubrió de una materia blancuzca y babosa.
Ese fue el colmo para la muchacha. Decidió que no podía seguir esperando y menos presentarse a su trabajo en esas condiciones. Prefería las granadas al “efecto zooilógico” y no saldría de su casa hasta que los especialistas arreglaran esa absurda situación. Accionó los limpiaparabrisas, el movimiento ondulatorio que hacían la tranquilizó un poco. Como si me hipnotizaran, pensó. Repitió la operación una y otra vez aunque no sabía si era para limpiar los vidrios o para calmar su mente.
Salió del estacionamiento.  La calle vacía la puso nerviosa, eso no era normal, puso el radio (no para escuchar música, a ella no le gustaba la música la distraía de los asuntos importantes y no necesitaba ninguna distracción en su vida) para escuchar las noticias,  en lugar de encontrarse con una reconfortante voz que le explicara lo sucedido se encontró con John Lennon cantando Imagine, cambió de estación pero en todas estaba la misma canción.
Mirna observó que miles de hormigas bajaban de los árboles y se unían al desfile de insectos que avanzaba por la banqueta cubriéndola por completo, inundándola de colores. Una señora que barría la calle comenzó a gritar al ver que los animales se le acercaban, su terror fue tan grande que se desmayó; Mirna detuvo el carro ansiosa por ver lo que harían los insectos al enfrentarse con la montaña humana que les cubría el paso. Los animales continuaron su marcha sin inmutarse, en un momento el cuerpo de la señora se cubrió de bichos. 
Mirna no sabía si la señora estaba viva o muerta, recordó la escena de una película en donde los gusanos devoraban a un muerto y dejaban sólo su esqueleto, avanzó un poco y miró por el retrovisor, se encontró con la temida imagen: huesos en lugar de la señora que barría hacía unos instantes. La muchacha sacudió la cabeza y observó de nuevo: la montaña de insectos seguía cubriendo a la señora, Mirna se retiró con rapidez para evitar que su mente le hiciera otra broma. Dio vuelta en la primera calle que encontró para no seguir en el camino de los animales, al parecer todos avanzaban en la misma dirección.
Unas cuadras adelante había una iglesia  atiborrada de gente incluso el atrio estaba lleno de personas que oraban, algunas lloraban temerosas, otras tenían semblantes de éxtasis.
-¡Tienen cara de orgasmo! –gritó la chica y comenzó a reír. Se detuvo de pronto, avergonzaba por la situación, esperaba que nadie la hubiera escuchado.
Se topó con otro congestionamiento vial. Había personas sentadas en el techo de sus vehículos seguramente observando otra procesión de alguna especie animal que no tenía nada que hacer en una ciudad.
Mirna detuvo el carro, lo apagó y comenzó a llorar. Su llanto se convirtió en un aullido, la chica parecía un animal herido. El mundo se había trastornado y nadie parecía darse cuenta. Ella podía vivir en un mundo violento, egoísta, cruel o estúpido pero no podía vivir en un mundo ilógico y los animales adueñándose de la ciudad era lo más ilógico del mundo.
Los aullidos de dolor se convirtieron en sollozos; los sollozos, en carcajadas.
Mirna reía tanto que le dolía el estómago, quería dejar de reír pero no podía: todo era absurdo, ella era absurda. Se orinó y el ataque de risa fue más intenso.
Nadie le puso atención a la chica que se convulsionaba de risa en el automóvil sucio; estaban embelesados observando a los zorrillos que caminaban orondos sabiéndose dueños de la calle.
La chica en el carro dejó de reír, observó el lugar en el que se encontraba, acarició el respaldo del asiento y le gustó la textura suave y resbalosa. Se fijo en sus manos delgadas, en las uñas rojas. Había una palabra para llamar a ese objeto que tenía en el dedo pero no la recordaba. Tampoco recordaba quién era o qué hacía ahí. Todo está bien, le dijo una voz que salió de su mente. Ella se sintió tranquila y… había una palabra para nombrar ese estado de calma y satisfacción que la embargaba pero no la recordó.
 El olor que despedía su entrepierna no le agradó, sintió la tela mojada, bajó del carro y se quitó la falda. Se topó con su reflejo en el cristal de la ventana, una cara seria la observaba y no le gustó el semblante de esa persona. Sonrió: la chica traslúcida  también.
Un olor desagradable la perseguía, se quitó la blusa y la ropa interior, por fin se sintió mejor.
Caminó maravillada ante lo que veía: los colores, los objetos, las personas. Las personas la veían y sonreían, otros se tapaban los ojos. Uno se acercó y la cubrió con un (moño pensó, pero creyó que esa no era la palabra que buscaba) con un… no importaba.
Se sentía  protegida y a salvo.
Decidió que quería sentirse así para siempre y se aferró a los brazos que la rodeaban.



FIN

domingo, 30 de octubre de 2011

Un cuento más


Hola, quería escribir algo con el formato de Carrie, de Stephen King, no en cuanto la temática de terror, sólo en la manera de incluir textos periodísticos y de información. Salió esto. Ni hablar, es lo que hay, seguiré practicando para merecer, algún día, el título de escritora.

SECUESTRO
 Por Tania Ruíz
                      

-¿Fingir un secuestro? ¿Crees que debemos llegar a ese extremo para ganar las elecciones? –dijo el candidato.
-Mira, el partido está muy mal posicionado, la gente no tiene confianza, hay muchos muertos por la guerra que inició el presidente - dijo el asesor de la campaña-. Debemos mostrar a las personas que somos tan vulnerables como ellos.

            El candidato bajó la cabeza, se pasó la mano por la nuca. Los hombres lo observaban en silencio. En el despacho sólo se escuchaba el ruido que hacía la calefacción.

           Era una jugada arriesgada y todos lo sabían, podían controlar a un sector de la prensa, pero si la información verdadera llegaba a manos de los enemigos estarían acabados.

-¿El Presidente lo sabe? –preguntó el candidato fingiendo inocencia, era claro que lo sabía, lo más probable era que el secuestro fuera su idea.

-Lo sabe y está de acuerdo, él también necesita una cortina de humo para justificar la matanza. Cuando se dé la noticia de que te levantaron, él dirá que es necesaria la presencia del ejército en las calles –contestó el Lic. Ramírez.

-¡Qué cabrón! ¡Ese hijo de puta está firmando mi sentencia de muerte! -Gritó el candidato-. No puedo negarme a una orden del Presidente, me está mandando a mí porque me considera prescindible ¿verdad?

El candidato esperó la respuesta de su equipo, si estaban de su parte intentarían darle ánimos. Todos se quedaron callados. Él se dio cuenta de la traición de su gente, necesitaba pensar, ahora estaba solo. Se concentró en los recortes de periódico que estaban colgados en la pared, había gastado unos miles de dólares en los marcos de esos cuadros, cuando estaba seguro de sentarse en la silla presidencial. Vio la foto en la que estaba estrechando la mano del Presidente el día de su destape: Nava Peréz se reúne con alcaldes y legisladores como candidato oficial de su partido, decía el encabezado de la nota. El texto continuaba: Senadores, alcaldes, diputados federales y locales, así como ex gobernadores de diversas entidades federativas, apoyan la campaña del candidato… De tanto leer esas palabras había llegado a creerlas, ahora se daba cuenta que no contaba con el apoyo de nadie, al contrario, muchos de sus amigos estarían contentos de verlo caer.

-Está bien –dijo el candidato- ¿tienen listo el plan?



Noticia publicada por el periódico       EL REPORTERO DE LA NACIÓN Ciudad de Maixtlán, 13 de noviembre 2011.

Presumen secuestro a Nava Pérez

Nava Pérez, candidato a la presidencia nacional, ha sido secuestrado esta mañana cerca de su domicilio. El plagio, confirmado por fuentes federales, ocurrió cuando el candidato se dirigía hacia una entrevista en el noticiero Más Acontecimientos. La Procuraduría General de la Nación reportó señales de violencia en su camioneta y confirmó que el candidato viajaba solo. La Procuraduría actuará en conjunto con la Secretaría de Seguridad General para resolver el caso.

El candidato daba vueltas en la reducida habitación donde se encontraba, de vez en cuando se detenía junto a la pequeña ventana que le ofrecía un paisaje de montañas y bosques. Llevaba cinco días encerrado y sin  ver a nadie, por seguridad no podía hablar con sus captores, para ellos el trabajo era real: los habían contratado y les pagaron muy bien.

La puerta se abrió, entró un hombre cubierto con un pasamontañas, cerró la puerta.
-¿Cómo te tratan? –preguntó el Lic. Ramírez destapándose la cara.
-No la chingues, ¿tienes que venir con eso puesto? Me asustaste cabrón.
-Es por seguridad, se supone que estoy en un viaje de negocios, no quiero que alguno de los tipos que te cuidan me reconozca.
-¿Cuándo me sacan de aquí?
-Se está complicando un poco el asunto –contestó Ramírez desviando la mirada-, la campaña de los medios está funcionando y hay mucha gente apoyándote, a ti y al Presidente, él decidió que quiere reelegirse, ya está haciendo pactos con los otros partidos. Tú vas a salir de aquí después de las votaciones, te va a dar un hueso importante cuando salgas –Ramírez se fue de la habitación después de dar esa noticia.

El candidato sólo pudo patear el miserable catre en el que dormía.


Noticia publicada por el periódico       EL REPORTERO DE LA NACIÓN Ciudad de Maixtlán, 18 de febrero 2011.

  
 El secuestro de Nava Pérez es señal de desesperación del crimen organizado.

El Presidente de la Nación consideró que la desaparición del candidato de su partido es un “síntoma” de desesperación de los grupos del crimen organizado y eso significa que se está ganando la batalla. El Presidente manifestó la posibilidad de su reelección en caso de que Nava Pérez no sea rescatado antes de las próximas elecciones. Mi permanencia en el poder –dijo- será un punto clave para salvar al país de las garras del crimen y continuar con la lucha hasta ganar.
El Presidente se encontraba acompañado por el asesor de campaña del desaparecido candidato, quien mencionó….

Ramírez entró al despacho agitando un periódico en su mano y gritándole al hombre que había considerado su amigo -¿Vas a ser su asesor de campaña? En esta nota prácticamente declaras que Nava está muerto y que te integras al equipo del Presidente.

-Ya está todo arreglado. No se puede luchar contra los poderosos.

Ramírez salió, al pasar por la recepción escuchó una voz que salía de la televisión:

Desgraciadamente nos han confirmado la noticia de la muerte de mi amigo y candidato de nuestro partido a la Presidencia, durante el operativo efectuado para rescatarlo. Los secuestradores, al verse rodeados y vencidos, dispararon al candidato quitándole la vida. Este día es de luto nacional, ha caído un hombre excepcional. Por mi parte continuaré con el trabajo sin defraudar al pueblo.

Ramírez se dirigió con paso decidido hacia la calle.


Esa noche todos los medios de comunicación masiva recibieron un boletín especial de la agencia de información AIM: fuentes fidedignas aseguraban que el Presidente de la nación estaba involucrado en el secuestro y la  reciente muerte del candidato, el reporte incluía pruebas contundentes de la participación de importantes miembros de su gabinete en los atroces hechos.

Antes de dar a conocer la importante noticia, los jefes de las principales estaciones de radio y televisión, se reunieron con el candidato de la oposición para pactar con él nuevos acuerdos de trabajo, y felicitarlo por ser el próximo presidente de la nación.

Al día siguiente, después de ver los noticiarios, el pueblo se manifestó, espontáneamente, a favor del candidato de la oposición. Estaban seguros que él era su mejor opción. 


martes, 18 de octubre de 2011

El libro

Este es un pequeño cuento, inspirado en uno de mis tantos autores favoritos Horacio Quiroga, cualquier parecido con EL ALMOHADÓN DE PLUMAS, es plagio total, mea culpa.

Aquí lo dejo:


EL LIBRO


            Escribo estas líneas en un intento desesperado por salvar mi vida espero que, de alguna extraña manera, se transfieran al papel del libro que lee mi posible salvador. A ti me dirijo, a ti que tienes la facultad de sacarme de aquí.
            No soy parte de esta historia, no soy ningún personaje creado en la mente del escritor. Yo solo estaba leyendo el mismo cuento que tú…
            Recuerdo que leía y me quedé dormida. Fue por la almohada nueva: una almohada suave, esponjosa, prometedora de descanso, invitadora al sueño.
            Desperté en una cama que no era la mía, dentro de un cuerpo extraño y en los brazos de un desconocido que me miraba con honda preocupación.
            Intenté levantarme y pedir una explicación de lo sucedido pero me sentí muy agotada, un quejido lastimero salió de mi boca y el desconocido se levantó, solícito me trajo agua y medicina. Entonces lo reconocí: era un poco más alto y no tan guapo como lo imaginé, pero su impasible semblante era inconfundible. Me descubrí dentro de la historia que, hacía unas horas, leía en la tranquilidad de mi hogar…

            Fabio cerró el libro desconcertado y decepcionado. Lo aventó a la cama y bajó a jugar.
-¿Ya hiciste tu tarea? –preguntó su mamá.
-No, no la puedo terminar, el libro que trajiste no funciona, vas a tener que comprarme uno nuevo.
-¿Cómo que no funciona? ¿Le faltan hojas?
-Al contrario, le sobran. Se mezcla con otra historia. Ya no compres en la librería de usados mamá. ¿Puedo ir a jugar al parque? Es viernes, mañana termino la tarea.
-No llegues tarde.

            Marisela cerró la puerta y se dirigió a la recámara de su hijo. Tomó el libro que estaba sobre la cama, se recostó en ella y leyó:

… no sé desde cuando estoy atrapada, el tiempo es diferente aquí adentro, la historia se repite, agonizo y muero a cada instante. Quiero salir de aquí, quiero recuperar mi vida, si sabes cómo hacerlo, ayúdame.

Marisela sintió que sus ojos se cerraban, tenía que levantarse, ir a la librería de usados y cambiar el libro, su hijo tenía razón, había un error de impresión, solo dormiría un momento.

Escuchó que alguien abría la puerta, pensó en su hijo y en el libro que no había cambiado, intentó levantarse pero fue en vano. Se sentía débil, agotada. Las voces lejanas susurraban algo sobre su enfermedad y le ordenaban descansar. Trató de responder pero no pudo emitir ningún sonido,  bien, cerraría los ojos un momento.

            Fabio llegó a su casa, entró a la cocina buscando algo para cenar y, en lugar de ver a su madre, se encontró con una joven delgada y demacrada que observaba cómo el  fuego consumía  el libro que la había mantenido presa durante sesenta años.  

FIN

domingo, 7 de agosto de 2011

ADELGAZA CON ANA

Método infalible para adelgazar


¿Cansada de que te digan gorda? Imagina lucir un hermoso cuerpo en la playa. Con el nuevo descubrimiento de grandes científicos, ahora es posible que realices tu sueño. No más esconderte tras una camisa de hombre, lucirás una figura que será la envidia de tus amigas. Ven y conoce la Dieta para bajar10 kilos en una semana. Resultados garantizados. Citas al 33 45 20 66 con Dra.  Ana.
Laura sabía que no existían fórmulas mágicas para bajar de peso, lo sabía porque ella había probado todas, sin ningún resultado. Los veinte kilos que tenía de más se negaban a abandonarla. Pero no podía resistirse ante ese anuncio, ella se había imaginado tantas veces en la playa, luciendo un diminuto bikini rojo, hermosa, segura y feliz.
Si pudiera hacer su sueño realidad. Estaba cansada de que sus compañeras la observaran con lástima o burla, sobre todo Estela la horrorosa, flaca y escuálida Estela, la desgraciada que podía comer de todo sin subir un gramo. La que llegaba a la preparatoria luciendo sus bien torneadas piernas con un short cortito que rebasaba la línea de la decencia. La que lucía su vientre plano con un piercing en el ombligo. Sólo de recordar cómo todos los chicos veían a Estela, le dio una punzada de celos en la boca del estómago. Laura sabía cómo sentirse mejor: se prepararía un helado de chocolate con crema batida…
No.
La imagen de ella en un bikini rojo era mejor que cualquier helado. No comería, fue al teléfono y llamó para hacer una cita. Esperaba que esos descubrimientos  funcionaran en ella.
La cita era para el día siguiente, la secretaria le dijo que si era menor de edad tendría que ir acompañada por alguno de sus padres. Primer obstáculo: los padres de Laura trabajaban todo el día y nunca tenían tiempo para su hija, por eso sustituían su presencia con un refrigerador abarrotado de comida. Laura no se rendiría esta vez, le dijo a la secretaria que tenía 18 años, recién cumplidos. La única ventaja de ser gorda es que te ves más grande de lo que eres en realidad, Laura tenía 15 años aunque nadie lo creyera.
Laura colgó, satisfecha y orgullosa de ella misma,  lo lograría: mañana sería una mujer nueva y en una semana, con diez kilos menos, conquistaría el mundo. Decidió comerse un helado con crema batida por última vez, también se comió media pizza que había en el refrigerador y se tomó dos litros de refresco, sería su despedida de la comida chatarra.
            En la mañana Laura desayunó un vaso con agua caliente y nada más, a media mañana se sentía desfallecer y por su cabeza bailaban imágenes de tortas, tamales, pizzas, hamburguesas, pasteles y mil delicias más. Pero resistió la tentación: se enfundó en unos apretados pants, que le marcaban la celulitis de las piernas, y salió a correr por el parque, era la única loca corriendo bajo el sol abrasador.
           Después de 10 minutos de carrera quedó sin aliento, sudaba a mares y estaba a punto del desmayo, regresó a casa y se preparó para la cita con la Dra. Ana.
            Llegó a la dirección indicada en un elegante barrio residencial, Laura se asustó un poco, no traía mucho dinero, esperaba que la consulta no fuera muy costosa.
           La recibió una señorita alta, delgada, casi esquelética, que le sonreía y, con una voz chillona, la invitó a pasar al consultorio para tomarle medidas mientras llegaba la doctora.
            Entraron en un reducido cuarto, que sólo tenía una balanza y un potente foco, la midieron, la pesaron y le tomaron una fotografía en ropa interior, le dieron un formato que tenía que firmar para autorizar el tratamiento, y le pidieron que esperara a la doctora así, casi desnuda. La señorita flaca se fue y la dejó sola en el minúsculo cuartito.
            La luz se apagó, Laura se asustó un poco, el pequeño espacio no tenía ventanas: la oscuridad era total. Sintió agua en sus pies, parecía que el lugar se hundía.
-¡Hola! ¡Estoy encerrada y se está metiendo agua! –gritó Laura tratando de parecer calmada. Nadie contestó.
            Se acercó a la puerta y recibió una descarga eléctrica que casi la hace perder el conocimiento. Laura cayó y chocó con la báscula que casi le cae encima. Tuvo miedo y lástima de ella misma, había caído en una trampa, no sabía que clase de maniáticos la secuestraron, porque no podía tratarse de otra cosa, eso tenía que ser una especie de secuestro. Pensó en las hojas que firmó sin leer. No le mencionó a nadie su cita con la doctora, sus papás llegarían en la noche, cansados; probablemente ni siquiera se darían cuenta de su ausencia.
            A pesar de su miedo tenía mucha hambre.
            Laura no sabía cuanto tiempo llevaba encerrada en ese diminuto espacio, las descargas continuaban a intervalos regulares; y eran más fuertes cuando ella pensaba en comida, después de unas cuatro o cinco veces que creyó morir por el dolor que sentía, dejó de tener hambre y perdió el conocimiento.
            Cuando despertó, su ropa estaba sobre la báscula, el piso y ella estaban secos, la puerta estaba abierta y la recepción se encontraba vacía. Su bolsa no se encontraba en ningún lado.
            Laura se vistió y salió, caminaba de prisa, era de noche. El ruido de los carros, el sonido de pasos, ante cada ruido ella soltaba un pequeño grito.Caminó hasta su casa pensando en su experiencia, no recordaba bien qué había pasado pero estaba segura de que no podía comentar nada de lo sucedido esa tarde.
            Cuando llegó  sus papás estaban cenando.
            El olor de la comida le provocó nauseas, pretextó un dolor de cabeza y se fue a dormir.
            Dos semanas después, Laura se convirtió en una delgada, solitaria y miedosa  muchacha que nunca pensaba en la comida.
           
                                                                                             Pequeñísimo homenaje a Stephen King, los que son sus seguidores recordarán la historia del fumador que deja los cigarros. Yo recuerdo el cuento ¡pero no cómo se llama! Creo que aparece en Ojos de Gato. Si alguien lo recuerda, agradeceré que me pasen el dato, para leerlo de nuevo. 
                                                                                                                                 

lunes, 1 de agosto de 2011

NO PUEDO USAR EL MESSENGER

Un pequeño cuento de terror para adolescentes que se puede hacer en teatro con algunas adaptaciones.

NO PUEDO USAR EL MESSENGER

            Conocí a Lisa hace tres años, me gustó su foto de perfil. Sonreía y se le hacían unos hoyuelos en las mejillas. Era una niña muy bonita, con el cabello rizado y ojos grandes. Le envíe una solicitud y me aceptó como su amigo.
            Chateamos por el face varias veces, después nos vimos por el Messenger.
Ella tenía 13 años, yo casi 14.
            Hablábamos de todo, platicaba más con ella que con mi familia. Le gustaban los mismos libros que a mí, veíamos las mismas películas. Aunque sólo la veía por la cámara, una o dos veces al mes, me parecía una amiga más cercana que cualquiera de las niñas que iban conmigo a la escuela.
            Cuando escuchaba su risa se iluminaba mi mundo.       Quisiera recordar ese sonido de campanitas que hacía al reír, algunas noches intento concentrarme para traer su risa de vuelta; pero en mi mente, el único sonido que aparece es el grito desgarrador, de miedo y dolor, que dio antes de morir.
            Hoy se cumplen dos años de su muerte, por eso me notaste tan distante, solo puedo pensar en ella.
            Ese día teníamos una cita, por el Messenger como siempre, llegamos puntuales, ella se veía muy linda, con su cabello suelto y su vestido de tirantes, yo… bueno, yo no soy muy guapo, por más que me arregle la cara de nerd no se me quita.
            Se quedó sola en su casa, la familia se fue al cine y ella prefirió estar conmigo:
-La película la puedo ver otro día –dijo- verte a ti es más difícil, con eso de que los horarios son tan distintos.
-Me gustaría vivir en tu ciudad –comenté- podríamos salir juntos.

Su risa fue espontánea –mi papá no me deja salir con muchachos, dice que todavía estoy muy chica –dijo haciendo una mueca de burla.

-Ya que crezcas voy a ir por ti –le dije. Cuando hablaba con ella me sentía un galán, era audaz y atrevido. A las niñas de mi colegio no les podía decir ni una palabra, pero con ella...

Pensé que le iba a gustar mi comentario pero, en lugar de responderme, se paró de la silla y corrió. Por la cámara solo podía ver su silla vacía, una puerta detrás (que daba a su recámara) y un poco de las escaleras que, según me dijo, llevaban al comedor.

Regresó agitada e inquieta.

-Perdona –su voz estaba alterada- escuché un sonido extraño, pensé que alguien se había metido a la casa. En la colonia ya van tres casas que roban, a una vecina hasta la amarraron en la cama mientras se llevaban todo. Pero parece que no fue nada.

-¿Segura que todo está bien?

-Sí, segura. ¿En que estábamos? –me dijo tratando de hacer una sonrisa coqueta que se convirtió en una mueca de miedo.
Giró su silla y se quedó viendo a la puerta de su cuarto.
-¿Pasa algo?
-Te juro que sentí que una persona pasaba atrás de mí y se metía a mi cuarto.
-Bueno, yo no vi nada.
-Yo tampoco, no te dije que vi algo, dije que sentí algo.
-Estás nerviosa, por el ruido que escuchaste. ¿Por qué no le llamas a tus papás o a la policía?
-Cómo se nota que no eres de México. A la policía no le puedo hablar, no sirve para nada. Y mis papás están en el cine con el celular apagado. Además no les voy a decir que vengan porque tengo miedo por un ruido raro. Háblame de algo bonito para que se me olvide.

Un sonido agudo taladró mi cerebro, me tape los oídos y le grité:
-¡Bájale a eso!
-¿A qué?
-No sé, pero suena muy fuerte, apágale por favor.
-Yo no puse nada. No oigo nada.

De pronto el ruido cesó. Debí de darme cuenta que pasaba algo, ese sonido venía de su casa y ella no podía escucharlo. He leído que las frecuencias que emiten seres de otras dimensiones pueden captarse con cámaras y micrófonos. Pero me estoy adelantando, en ese momento creí que era una broma cruel.

-¿Quieres reventarme los oídos? –Dije un poco enojado- Mejor dime que ya no quieres hablar conmigo.
-¿Por qué me dices eso?

No le pude contestar. Algo la jaló del cabello con tanta fuerza que su cara se estiró quedando irreconocible, ella trataba de librarse pero sus manos solo agarraban su cabello, parecía que no había nada sujetándola y sin embargo yo podía ver su cabello levantado, como si una mano lo sostuviera.

La fuerza extraña la levantó como si fuera una insignificante muñeca de trapo, en mi pantalla solo se veían sus pies, sin zapatos, moviéndose como un péndulo, como los últimos movimientos que hacen los ahorcados en las películas. Yo no podía despegarme de la pantalla, tampoco podía ayudarla. No grité, me quede mudo viendo los pies de mi amiga. Una línea de sangre recorrió su pie hasta llegar a sus dedos, vi la sangre que caía y, de pronto, la cara de Lisa llenó la pantalla.

Sus labios se movieron, pero no hicieron ningún sonido. Me veía con una mirada perdida, la piel de su cara se abría sola, como si un cuchillo invisible la cortara sin parar. Pronto su cara quedó irreconocible, sangre y piel mezclados, pedazos de carne colgando.

Y sus ojos mirándome fijamente.

Quedó inmóvil por un gran rato. Pensé que estaba muerta. No se escuchaba nada.

Después de unos minutos en los que permanecí inmóvil, porque mi cuerpo no me respondía, extendí la mano para cerrar la computadora. El grito salió de las bocinas, amplificado, te juro que escuché el grito antes de que ella abriera la boca, era un grito que salía del fondo de sus entrañas, era un grito de terror, de angustia, de soledad, de comprensión, de dolor.

El grito siguió sonando aunque el cuerpo de mi amiga yacía, flácido y sin vida, en su silla, ahora yo veía su cuello, rojo, la cara colgaba hacia atrás, sus brazos caían a los costados, la sangre, y restos de sus cabellos, cubrían su cuerpo.

Comprenderás que, desde ese día, no puedo usar el Messenger.

                                                                                                                    Fin


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